Por Mariana Antonissen y Ariadna Martinich, capítulo del libro “ADABA Sanación Estructural del Aura”

¿Qué es un ser de Luz?

Un Ser de Luz es una entidad, encarnada o no, que vibra en una alta frecuencia y es por esta razón que tiende hacia lo luminoso y lo blanco. Otra característica que tienen los Seres de Luz es que han elegido el camino del Amor y se comportan según sus leyes.

En ADABA consideraremos tres tipos de Seres Luminosos: Ángeles, Maestros y Guías. Esta clasificación no necesariamente es la única, ya que otros autores y/o técnicas pueden exponer una terminología distinta, aunque igual de válida.

 

Ángeles.

Un ángel (del latín angêlus, del griego ángelos, “mensajero”), es descrito como un ser inmaterial o espiritual, presente en las principales religiones monoteístas de origen abrahámicas. Dentro de este contexto, los ángeles son considerados seres de gran pureza destinados a la protección de los seres humanos, así como a asistir y servir a Dios.

En ADABA, como en otras maneras de entender el mundo espiritual, debemos tener presente que los ángeles no están solo para proteger a los humanos, sino que se preocupan de la armonía en diferentes planos y de todos los seres. Sus tareas se enmarcan dentro del contexto del amor universal y velan por que éste se manifieste en todo lugar que sea necesario.
Los ángeles, en la tradición oral y escrita, han sido representados como seres antropomorfos con alas; sin embargo, como no tienen corporalidad ni materialidad asociada a este plano, pueden ser percibidos como espíritus invisibles o rayos de luz. Lo que popularmente ha sido descrito como alas, corresponde a flujos energéticos en su espalda que les permiten a ellos trasladarse a través de los planos. Son nuestros esquemas mentales, los que terminan generando una imagen asociada a lo que conocemos como alas.
Los ángeles son seres de luz de alta vibración, y por lo tanto no es usual que se manifiesten en nuestro plano, aunque sí pueden enviar su energía cuando es solicitada. Esto último, resulta mucho más resonante con los humanos, pues los ángeles no expresan emociones de la forma que las conocemos; de hecho sentir directamente su energía de manera directa, puede resultar algo incómodo, en algunas ocasiones. Los ángeles, aman a los humanos porque son parte de la energía universal, pero no es un amor cariñoso como al que estamos acostumbrados, si no que se percibe como un poco más abstracto.
Dentro de una sesión de terapia, los ángeles pueden participar entregando energía de altas frecuencias, que de otra manera sería difícil de alcanzar. Hay ocasiones en las que se les puede convocar y otras en que ellos se manifestarán cuando lo consideren necesario.
En ADABA no se trabaja llamando a los ángeles por su nombre individual, aunque sabemos que otras terapias sí lo hacen de manera explícita.

 

Maestros

Algunos autores hablan de maestros pero en realidad se refieren a os guías, por ejemplo Brian Weiss. Para ADABA, los “maestros” son seres que tuvieron una o más vidas encarnadas como humanos, y que habiendo aprendido e incorporado gran parte de las lecciones que les tocaba, y aun pudiendo trascender hacia otros planos, optaron voluntariamente por permanecer acá, aunque por lo general sin encarnar Ellos acompañan a ciertas personas o causas, con la misión de resguardar alguna línea de acción o pensamiento espiritual, o algún ideal.
Los “maestros” se diferencian de los “fantasmas”, en que estos últimos permanecen en este plano sin ningún tipo de autorización, sino sólo por un deseo personal; en cambio los maestros, tienen una autorización de parte de las jerarquías superiores, para mantenerse en este plano. Otra diferencia es que los fantasmas, al no tener autorización, tienden a desdibujarse gradualmente y a proyectar sensaciones inquietantes y atemorizantes. Los maestros, a en cambio, logran percibirse de manera nítida y mantienen su luminosidad. Por eso se dice que las sensaciones que vienen de ellos son, en general, muy agradables.
La misión principal de los maestros, está vinculada al cuidado y guía de los humanos que siguen encarnando y que de alguna forma se hallan bajo el mismo alero de aquello que los maestros han decidido resguardar. Uno de los ejemplos más comunes tiene relación con las artes marciales, donde maestros desencarnados se han quedado para preservar la pureza o continuidad de un estilo.
En una sesión de ADABA, es posible que nos encontremos con pacientes que vienen acompañados por algún maestro, el que puede necesitar que canalicemos mensajes importantes para el desarrollo del paciente, o que pueda mostrar energías necesarias para su sanación. Ellos se manifestarán y estarán dispuestos a comunicarse, cuando sea necesario y bueno para el paciente.

 

Guías

Los guías corresponden a lo que los cristianos llaman los “ángeles de la guarda”. A diferencia de lo que se mantiene como creencia en esta religión, cada humano posee dos guías que le acompañan y cada uno vibra en diferente frecuencia al otro. Uno de ellos se mantiene siempre al lado de la persona, y se encuentra “más materializado” (el que suele verse en la tradición cristiana como “Ángel de la Guarda”); en cambio el otro, puede alejarse para cumplir ciertas tareas y luego volver al lado de la persona.
No tienen cuerpo ni forma definida, pero al igual que ocurre con los ángeles, existen estructuras mentales culturalmente sostenidas que nos llevan a verlos de una forma determinada (por ejemplo, como de seres con alas, o aureolas en la cabeza, etc.). Para los humanos, los guías son una fuente de amor y protección constante, pero para que ésta pueda ser percibida por nosotros es mejor solicitarlas de manera explícita.
Los guías nos acompañan desde el momento en que decidimos encarnar como humanos, a lo largo de todas nuestras vidas. Nos aman como personas individuales, teniendo ellos también intencionalidad propia. Han elegido el camino de la luz y desean que siempre elijamos actuar según las leyes del amor, sin embargo, si no lo hacemos siguen amándonos y estando con nosotros.
Respetan nuestro libre albedrio y no fuerzan las decisiones, mas sí guían y hacen recomendaciones, aún cuando no estamos obligados a seguirlas. Es importante aprender a comunicarnos con nuestros guías y a sentirlos, ya que ellos son los que más nos conocen. Si bien es posible que seguir los consejos de nuestros guías no nos asegure la felicidad, siempre éstos apuntarán a un sentido mayor y positivo a largo plazo. Ellos van a orientar los aprendizajes significativos para nuestra alma. No es obligatorio hacerles caso todo el tiempo, ya que siendo el libre albedrío una ley suprema, todos tenemos la libertad de hacer con nuestra vida lo que queramos. Sin embargo, siempre es bueno tenerlos en cuenta a la hora de tomar decisiones, ya que tienen una visión más amplia que nosotros.
Debemos siempre tener en cuenta que los guías no lo saben todo y no lo resuelven todo. Sus palabras son orientaciones para la vida. También debemos recordar que un sanador no es un oráculo y no debe usarse la ayuda de los guías como tal. A las personas que vienen sólo a pedir información sobre el futuro o a hacer preguntas a sus guías para tomar decisiones, hay que explicarles que eso no siempre es una ayuda, así como soplar las respuestas de una prueba no hace que el estudiante aprenda. Los guías están para apoyar y orientar sobre cómo resolver nuestros problemas, para seguir aprendiendo y conducirnos por un camino armónico con los aprendizajes que nuestra alma ha establecido para esta vida; pero en última instancia debemos aprender a ser autónomos y tomar nuestras propias decisiones.
En ADABA los guías se constituyen en una especie de herramienta que apoya el trabajo y que entregan mucha información relevante para el proceso de sanación del paciente, dando energías de alta frecuencia y mensajes que necesitan ser canalizados. Al comenzar la sesión pediremos a nuestros guías y a los guías de nuestro paciente que sean parte del tratamiento, y en general ellos decidirán cuándo materializarse y participar de manera activa (pasando energía o moviendo estructuras por ejemplo). Sin embargo, siempre podemos solicitar su ayuda y guía en cualquier momento de la sesión.
Podemos aprender a sentir a los guías propios y de los pacientes. Aunque todos los guías son diferentes, la energía que transmiten es siempre de una frecuencia cálida y amorosa. El trabajo con los guías ofrece amplias oportunidades de crecimiento y aprendizaje.
Cuando contactamos con nuestros guías, podemos pedirles ayuda en nuestra propia sanación, pidiendo que nos pasen la energía que necesitamos, o bien que retiren ciertas estructuras.
Enseñar al paciente a sentir la energía de sus guías también puede ser una muy buena herramienta para que éste practique por su cuenta y consiga mejorar sus estados emocionales, especialmente para sentirse acompañado en momentos de soledad.

Canalización

Una de las posibilidades de trabajo con los guías, que ocuparemos en ADABA, es la canalización de información; a continuación explicaremos de manera más precisa esta habilidad que se entrena y se cultiva con la práctica. Inicialmente uno puede aprender a escuchar y reconocer la voz de sus propios guías, para luego canalizar otros guías o seres.
En ADABA, vamos a entender el concepto de canalización como la interpretación y escucha activa de nuestros guías, guías del paciente y otros seres de luz. Este proceso es relativamente sencillo una vez que se consigue dejar la mente lo suficientemente tranquila para permitir que la información llegue. La tranquilidad mental necesaria puede descubrirse o potenciarse con la práctica de la meditación. Meditar permite que la mente aprenda a distinguir y a tomar una consciencia más profunda de los propios pensamientos y emociones. Los estados meditativos propician un uso distinto de los procesos mentales y, por lo mismo, predisponen para tener la mente disponible y abierta a otro tipo de lenguajes, códigos o procesos. A medida que conocemos mejor nuestra mente, reconocemos nuestro propio lenguaje, nuestras emociones, nuestras imágenes mentales, incluso nuestra voz interior. Esto facilita el reconocimiento de otras voces, otros códigos y otros lenguajes.

Al canalizar, no soy yo el principal conductor de mi mente, sino que permito que “alguien más” ponga en mi mente imágenes, sensaciones o palabras que yo voy a traducir. Se suele decir que al canalizar uno entra en algún tipo de “trance”, pero esta palabra es un poco fuerte. Podemos hablar mejor de un “estado” mental, que luego aprendemos a reconocer en nosotros a través de ciertas señales que pueden ser muy personales en algunos casos. Algunas de las señales más comunes son:

  • SENSACIÓN MENTAL: Sé que no soy yo el que está elaborando esas palabras porque no estoy pensando. El área de mi cerebro que suele elaborar frases antes de decirlas, no está activada.
  • SENSACIÓN CORPORAL: Algunas personas tomamos una postura física específica cuando nuestra mente está siendo “usada” para transmitir un mensaje.
  • CONSCIENCIA: Ocurre muchas veces que al canalizar decimos muchas cosas que luego no recordamos haber dicho, porque no las procesamos activamente.
    Los mensajes pueden ser de tipo auditivo, visual o kinestésico. Y, por otra parte, una canalización puede ser de un solo tipo, o puede ser una combinación de dos o más. Revisemos en qué consiste cada uno:
  1. MENSAJE AUDITIVO: Una posibilidad de la canalización auditiva o “escuchada” puede consistir en repetir palabras que nos llegan a la mente de una manera literal y directa. En este caso los guías (u otros seres de luz) hablan directamente a través de nosotros mientras prestamos nuestras cuerdas vocales. Pueden ser mensajes en lenguaje cotidiano o a veces en lenguaje más elaborado con palabras y/o expresiones que no son propias de nuestro vocabulario normal. Esto suele darse cuando la exactitud de las palabras resulta muy importante para el mensaje, así como cuando la resonancia del mensaje debe llegar profundamente a ciertas partes del alma o del subconsciente de la persona. Otra posibilidad es cuando el ser espiritual nos habla a nosotros para que procesemos el mensaje y lo entreguemos a la persona de manera más comprensible o con más explicaciones, asegurándonos de que la persona entienda. Suele pasar cuando es necesario que la persona comprenda el mensaje “aquí y ahora”, de una manera bien consciente. Lo importante en este último caso es el concepto y no tanto las palabras que se usen.
  2. MENSAJE VISUAL: Los mensajes visuales consisten en imágenes que se nos presentan dentro de nuestra mente, pudiendo ser literales o figuradas. Es decir, en ocasiones se percibirán imágenes del paciente realizando acciones ya sea en el pasado (de esta vida u otras) o movimientos que se sugiere seguir. En otras oportunidades veremos representaciones simbólicas de lo que se quiere transmitir, como metáforas, y que requerirán mayor decodificación. Aun así, puede ser relevante contarle al paciente la imagen, ya que muchas veces la elección de éstas no es azarosa, y posee una carga significativa dentro de sus vivencias y códigos personales.
  3. MENSAJE KINESTÉSICO: En una canalización, de éste tipo, los mensajes suelen estar acompañados de emociones o sensaciones físicas que nos dan pistas sobre lo que se está diciendo o transmitiendo. Nos pueden ayudar también a interpretar mejor la intención del mensaje.

El o los canales que se usen para canalizar dependen de cada persona. Puede ocurrir por ejemplo que si somos muy visuales, nos sea más fácil recibir imágenes. También depende del ser que está enviando el mensaje y qué facilidades tiene para comunicarse con nosotros.

Debemos recordar que los guías y ángeles, usan lenguajes más complejos, es decir, con una riqueza emocional y simbólica mucho más amplia que la nuestra. Por lo mismo, para ellos a veces resulta difícil hacerse entender por un canalizador y a menudo recurren a más de un canal. Ésta es una de las dificultades de la canalización: transmitir el mensaje lo más fiel posible para que cumpla con su objetivo, y no con lo que sólo creemos que están queriendo decir. Tampoco confundir con lo que a nosotros nos gustaría decir al paciente, que es un punto de mucho cuidado en sanación: no terminar proyectando en el paciente los propios contenidos. Hay que tener mucho cuidado para no confundir todas esas sensaciones con un mensaje de los guías.
Siempre debemos intentar ser los más objetivos y autoobservarnos constantemente. Los mensajes de los guías siempre son amables y respetuosos; nunca lapidarios o violentos. Jamás dan ultimátums o amenazas.
Cuando corrigen a una persona, lo hacen de una manera muy amorosa. A veces usan tonos más imperativos, cuando la persona lo necesita, (esto ocurre muy poco) por ejemplo con personas que son muy porfiadas o que se están “haciendo los tontos” con su aprendizaje y no quieren escuchar. Es muy importante distinguir el “tono” con el que escuchamos los mensajes, ya que nos permitirá eventualmente identificar seres impostores que se quieren hacer pasar como guías.
Por otra parte, no es inusual que las personas ignoren o “seleccionen” los mensajes canalizados, haciendo caso omiso de lo que no les conviene y quedándose sólo con lo que les gusta. Esto ya será decisión de cada uno, pero como sanadores podemos hacérselos notar. Para cualquier canalización, es necesario estar sincronizado con el paciente lo más posible, en el sentido de entender cuáles son sus códigos y su lenguaje. Hay que respetar su estado emocional y su momento de vida. Es muy importante, como ya se ha dicho muchas veces, tener la intención puesta en el bienestar de la persona. La revisión de nuestra sensación interna es muy importante en esos momentos. Hay que recordar que ADABA trabaja sobre el paciente, pero también el proceso de sanación es para el sanador o terapeuta; el trabajo personal de este último es muy importante.

Puede ocurrir que no queramos dar ciertos mensajes porque nos parecen muy duros o innecesarios. En esos casos, debemos tomarnos el tiempo para chequear nuestra sensación interna y preguntar de nuevo a los guías si efectivamente debemos transmitir ese mensaje. Debemos intentar también no censurar mensajes que son importantes sólo por no querer que la persona se moleste o se vaya de la consulta con una sensación de decepción.
Hay casos en que el canalizador no entiende el mensaje o no logra decodificarlo, por ejemplo, cuando muestran imágenes que no se sabe cómo interpretar. Entonces se puede hablar al paciente con toda sinceridad de las imágenes recibidas o las sensaciones y decir honestamente “no sé bien qué quieren decir tus guías… me muestran…”
Quizás al paciente le haga sentido lo que están mostrando, o lo entienda tiempo después cuando la imagen o el mensaje se vuelvan algo significativo. De a poco y con entrenamiento, se aprende a escuchar, a revisarse a sí mismo y canalizar cada vez mejor.