Más allá del nivel concreto y práctico de la técnica, Adaba se refiere al despertar de la Mente Profunda y concibe la salud, el bienestar y la felicidad como el estar en contacto con ésta. Otras filosofías y tradiciones hablan en términos del despertar de la conciencia, contacto con el Sí Mismo, despertar del yo profundo, etc. pero sin duda se refieren a lo mismo. La sanación, en ese sentido, es más que sólo eliminar la enfermedad o el sufrimiento; por sobre todo, busca lograr un estado de plenitud o individuación donde llegamos a ser nosotros mismos en la expresión máxima de toda nuestra ilimitada potencialidad.

En los niveles más altos, Adaba deja de ser sólo una técnica para operar sobre el campo energético humano; aparece el arte o la capacidad de conectar con la energía y la Mente Universal, y con eso adentrarse en los territorios más profundos de eso que antiguamente se llamó magia o chamanismo. En efecto, es común que los sanadores tengan vivencias que podrían catalogarse como místicas o mágicas, más que nada referidas a sincronicidades, sueños o percepciones extrasensoriales. Tal y como refiere Barbara Brennan en su libro Manos que Curan, resulta común que el sanador empiece a canalizar mensajes de Guías y Seres de Luz, o que en su mente «reciba» imágenes sobre algún aspecto de la vida del paciente (por ejemplo, alguna vida anterior de éste), o sea capaz de desplazarse «espiritualmente» en otros planos de realidad (a la usanza de los chamanes).

Aunque todo esto pueda causar impresión, no hay que olvidar que fenómenos parecidos ya han sido reportados y documentados por autores como Stanislav Grof («When The Impossible Happens: Adventures In Non-Ordinary Reality», 2006), y se manejan de modo muy austero. Aunque siempre está el peligro de caer en la soberbia, la locura o perderse en los otros -los tres peligros del sanador- se procura que el foco esté puesto siempre en lograr un bienestar en el paciente, así como mejorar como individuo y ser un aporte para la sociedad.