Por Francisco Moreno T., psicólogo y sanador ADABA, extracto del libro “ADABA Sanación Estructural del Aura

 


El concepto de Estructura Energética -medular dentro de la técnica ADABA- resulta aun hoy desconocido entre la mayoría que investiga o realiza terapias a través de la energía. Casi todos los libros y sistemas sobre el aura se concentran en describir, diagnosticar y/o trabajar el funcionamiento de los chakras (y/o los distintos niveles y canales de la energía), pero pasan por alto que el campo presenta formas o cristalizaciones.

En efecto, las estructuras son formas de energía ubicadas en el tejido del campo, que se mantienen relativamente estables en el tiempo. Cada una por sí misma representa algún tipo de patrón mental/ psicológico cristalizado, es decir: pensamientos, sentimientos, emociones, comportamientos, que se han rigidizado y han llegado a constituirse como “masas” o “cuerpos” rígidos en el espacio del campo. En otras palabras, si aceptamos el principio de ADABA de que la mente está en el campo, las estructuras vienen siendo formas mentales fijas, mente cristalizada y rigidizada. Representan patrones, esquemas, formas de pensar y sentir, de emocionarse, de reaccionar o conducirse frente a la vida, que –si bien pueden prestar[1] funcionalidad en algún momento- obstaculizan el desarrollo sano del sujeto hacia los niveles más altos de conciencia, bienestar y felicidad.

A decir verdad, la mayoría de las personas tendemos a identificarnos con nuestras estructuras: por ejemplo, a menudo decimos “SOY enojón”… o “SOY rígido”… “SOY poco comunicativo”… “SOY tímido”… “inestable”… “… etc. Esto es un error, ya que debiéramos entender que cualquier conducta, o forma de pensar o sentir, que sea rígida, y termine causando sufrimiento o incomodidad a nosotros o a nuestros semejantes, no puede ser señal de un funcionamiento sano o normal.

Las estructuras, como formas que se mantienen fijas, producen una detención en la energía del campo; ésta deja de ser fluida y comienza a ponerse densa y pesada. No se corresponden con nuestra naturaleza esencial, son más bien algo artificial que hemos construido al rigidizarnos como alma.

 

Origen de las Estructuras

El origen de las estructuras debemos hallarlo en los pensamientos, sentimientos y disposiciones físicas y emocionales que hemos sostenido a lo largo del tiempo, no necesariamente en una sola vida sino -como suele ocurrir con todo lo que atañe al alma y al campo energético- a lo largo de muchas.

Estos pensamientos son como la gota de agua en la caverna, que de tanto caer, sedimenta y termina por crear una estructura en la roca. Por ejemplo, si alguien repite constante e intensamente durante mucho tiempo el pensamiento “debo quedarme callado”, el resultado a lo largo del tiempo será una estructura en la garganta que literalmente hará que la persona se quede sin hablar. Si el pensamiento que la persona se repite –en cambio– fuese “tengo que quererme”, quizás lo que hallaríamos es una estructura en el plexo solar (chakra que tiene que ver con la autoestima). Aparentemente esta última estaría siendo una estructura positiva, sin embargo, si se presenta como una forma rígida, resulta igualmente artificial y a la larga dañino.

De este modo, podemos decir que las estructuras se forman a partir de la repetición de una intención que se ha apartado de la verdad natural y consciente de esa alma. Tal como lo plantean muchas filosofías y maestros espirituales, esa verdad tiene que ver con el desapego y el soltar las expectativas: no forzar… no retener nada. Cuando el individuo se llena de expectativas de cómo deben o deberían ser las cosas, está creando estructuras, tanto a nivel mental como a nivel del campo. Si en cambio, se mantiene abierto a lo nuevo, consciente y desapegado, su campo se conserva dúctil; si bien presenta formas éstas no son ni rígidas ni permanentes.

Supongamos que una joven en una tribu primitiva se hace la expectativa de casarse a los 15 años y tener muchos hijos. Durante mucho tiempo alberga esta idea como un deseo fijo, sin aceptar pensar en ninguna otra posibilidad. Naturalmente con esto termina creando una gran estructura en forma de bloque a nivel del pecho. Si la joven –por cualquier motivo- no consigue casarse, o bien peor, si se casa pero descubre que no puede tener hijos, su sueño se viene abajo y la estructura –dada su rigidez- comienza a causarle dolor: le impide fluir y adaptarse con éxito a su nueva condición. Físicamente incluso, la joven empezará a experimentar dolor y opresión en la zona del pecho, mientras una sensación de desgarro a raíz de la rotura de la estructura, se le instalará de a poco.

Ante la realidad del dolor, es probable que fabrique nuevas estructuras, esta vez como forma de reprimirse o insensibilizarse. Por ejemplo, si se repite a sí misma “no importa”, la joven podría intentar bajarle el perfil a su situación. En ese caso, un nuevo bloque se instalaría en la zona, quizás también reforzado por una estructura tipo casco ubicada en la cabeza que le estaría permitiendo racionalizar su situación. En otras palabras, a través de este casco estaría filtrando o tapando sus sentimientos a través de justificaciones y explicaciones. Lo cierto es que en todos estos casos, está recurriendo a mecanismos rígidos y no a la comprensión que surge de la conexión natural con su propia Mente Profunda. Distinto sería intentar comprender, adaptarse, y permitirse fluir; el dolor desaparecería naturalmente, no a través de “mecanismos”.

De esta forma, las personas hemos ido creando una gran cantidad de estructuras a lo largo de las vidas por las que hemos pasado. Las hemos creado a través de la REPETICIÓN y de la INTENSIDAD de nuestros pensamientos e intenciones. Vida tras vida, las hemos ido reforzando, complejizando y modificando, de tal manera que tenemos que decirlo de este modo: las estructuras son la historia de nuestra alma, o al menos una parte importante de ésta.

Clasificación y tipos de Estructuras

Las estructuras pueden ordenarse en muchos tipos según la manera en que se las clasifique. Por ejemplo, si el criterio es la forma y ubicación, podríamos hablar de: cascos, máscaras, pecheras, yelmos, armaduras, mallas, cinturones, rodilleras, grilletes, guantes, escudos, cadenas, prótesis, ladrillos, torniquetes, brazos, cintillos, collares, cuellos, corsés, calzones, etc.

Si el criterio fuera el origen, podríamos hablar de (1) estructuras que han cristalizado a partir de los propios pensamientos e intenciones de uno; versus (2) estructuras que han sido colocadas por otros (como estructuras de trauma, sellos, púas, ganchos, ataques de magia negra, etc.); versus (3) estructuras que se han adquirido por contagio (parásitos energéticos); versus (4) estructuras adquiridas a través de pactos con energías o entidades externas.

Si el criterio es el grado de complejidad a la hora de trabajarlas, tendremos (1) estructuras simples (aquellas que se pueden remover manualmente sin recurrir a afirmaciones) y (2) estructuras complejas (aquellas han sido creadas conscientemente y pueden ser removidas sólo con afirmaciones u otros procedimientos más elaborados).

Lo común a todas estos tipos de estructuras es que siempre nacen de una intención y que a nivel psicológico o mental representan un patrón. La rigidez de ese patrón dependerá de cuán rígida es la estructura, y viceversa.

Comprendiendo la función de las Estructuras

Cuando se trabajan las estructuras, es necesario partir de la base que todas están ahí porque hacen algo, es decir, cumplen una función particular. A veces esto se puede saber con sólo tocar la estructura; la sensación que trasmite informa al sanador sobre su naturaleza y función (y a veces también origen). En el caso de que esto no se logre sentir, siempre está la opción de deducirlo según la posición de la estructura en el campo, entendiendo con qué chakras o zonas del cuerpo se relaciona. Por ejemplo, si se halla en la cabeza, lo más probable la estructura tendrá que ver con alguna pauta rígida de pensamiento; si está en el cuello, seguro será con comunicación; si está en la pelvis, con sexualidad y/o la manera de plantarse o fluir en la vida; etc. Por último, también la forma señala función: si tiene forma de coraza o escudo, es para protegerse; si tiene forma de máscara, seguramente oculta el rostro; si tiene forma de cuello o bufanda, seguro ayuda a mantenerse callado.

Por supuesto, estas últimas “correspondencias” son sólo generalidades, y probablemente es una visión holística que integre todos los aspectos la que más y mejor información aporte. En definitiva, sólo la práctica es la que permite adquirir soltura en el arte de interpretar o leer una estructura.

Cómo se trabajan las Estructuras

Existen muchas maneras de trabajar las estructuras, ya sea removiéndolas o deshaciéndolas, y ya sea a través de la operación manual, o a través de las afirmaciones, o a través del canto, la psicoterapia o las esencias florales, sólo por señalar los métodos más comunes. Para efectos de este escrito y debido a que es la forma más básica de trabajar estructuralmente, nos ocuparemos de describir el método de la operación manual.

Procedimiento básico para retirar una estructura manualmente:

  1. Acercar las manos suavemente a la zona donde se percibe que hay una estructura.
  2. Conectar con la sensación (cosquilleo) particular que produce la estructura.
  3. En lo posible colocar las manos rodeando la estructura, por los lados, debajo y/o encima de ésta como para tomarla.
  4. Imaginar que las manos se encienden como si fueran dos grandes imanes, e intencionar que la estructura se adhiera a las ellas.
  5. Levantar LENTAMENTE las manos con la intención puesta en llevar consigo la estructura (acá el movimiento puede ser hacia arriba o hacia el lado).
  6. Imaginar e intencionar que los Guías (Seres de Luz) del paciente reciben la estructura y se encargan de ella.
  7. Aplicar energía con las manos en el lugar donde estuvo la estructura a fin de rellenar cualquier hueco que ella haya dejado en el campo.

Cuando la estructura no logra salir, es decir, las manos avanzan pero la estructura no (percibimos que queda donde mismo) lo aconsejable es irradiar energía conectando profundamente con la estructura a fin de lograr que se suelte.

Cuando sentimos que ha soltado, podemos retirarla sin problema, no obstante si no soltara lo más probable es que estamos ante una estructura de naturaleza compleja (véase ADABA Sanación Estructural del Aura, capítulo XVIII) que no puede ser removida de manera sólo manual.

A veces los sanadores optan por un segundo método que consiste en derretir o deshacer la estructura. Para esto lo esencial es colocar las manos en la estructura, irradiándole energía. La clave está en poder sintonizar en la vibración o frecuencia exacta de la estructura. Mientras más energía le irradiamos, vamos intencionando ir deshaciéndola. Si la estructura es de rabia, vamos poniendo una energía que calme esa rabia; si es de pena, colocamos amor que sane esa pena; si es de miedo, colocamos confianza; y así sucesivamente.

 

Algunos ejemplos gráficos de estructuras

 

Estructuras tipo “casco”, que indica que el sujeto utiliza muchísimo el pensamiento para racionalizar y/o idealizar.

 

 

Estructura en la espalda que muestra “tentáculos” de manipulación.

 

 

Estructura en el cuello, de alguien que tiene problemas para comunicarse, al no poder decir lo que realmente siente o piensa.

 

[1] Si bien no son inmutables, suelen cambiar lentamente, a menos que se rompan. Ejemplo de estructuras, en distintas zonas