Por Francisco Moreno T., sanador ADABA y psicólogo, tomado de su libro “ADABA Sanación Estructural del Aura

 

En general, debe reiterarse y reconocerse la crucial importancia, que tiene para la sanación el trabajo de cortar lazos con entidades, ya que es algo que diferencia a ADABA de otros sistemas terapéuticos. En el pasado, muchos de estos procedimientos, eran practicados a través de rituales llamados “exorcismos”, presentes en casi todas las tradiciones religiosas y mágicas del mundo.

Hoy gran parte de este conocimiento se ha olvidado y/o ha sido considerado como tabú, incluso para las iglesias que en el pasado lo ampararon. Incluso el cine ha sacado partido del tema, a través de películas donde los exorcismos son mostrados con grandes efectos especiales y poco respeto por su contexto real (que finamente es la sanación del paciente). Incluso, para muchas personas ligadas al ámbito espiritual, resultan extraños y atemorizantes los exorcismos, y aunque se sepa de ellos, muchas veces no se les comprende ni se les logra dar la importancia que tienen.

Justamente para hablar de esa importancia, se debe tener una perspectiva desde el campo energético. En ese sentido, diremos que, tanto la psicoterapia, como la mayoría de los métodos alternativos de sanación de hoy en día, poseen efectividad en la medida en que trabajan sobre sistemas de conciencia y energía AUTOCONTENIDOS. Esto quiere decir que, como métodos, funcionan bien cuando la persona posee un aura que, energéticamente, depende de sí misma. Si, por el contrario, el aura presenta conexiones (o lazos) con sistemas externos a ella misma, el resultado de estas terapias será limitado, en cuanto la persona “ya no es dueña de su energía”, y es interferida desde fuera. En otras palabras, si alguien presenta lazos con seres que le causan angustia, el psicólogo puede intentar dar consejos y hacer que el paciente tome consciencia de su problema, pero no podrá evitar la angustia.

Entonces terminará enviando al paciente al psiquiatra para que le recete medicamentos, que ayudarán sólo a manejar químicamente esa angustia. Igualmente, si el paciente acude a un terapeuta floral, las esencias equilibrarán en algo al paciente, pero no quitarán los lazos. En un nivel por debajo, la angustia seguirá existiendo. Por mucho que la persona reciba imposición de manos o acupuntura, o meditación, o cristales o flores, la angustia y otros sentimientos continuarán -aunque a veces disminuidos y controlados.

De esta forma, cortar los lazos con entidades significa ir haciendo que el sistema energético de la persona vaya siendo, cada vez, más “autocontenido” y dependiente de sí mismo. Esto lleva a obtener cambios y éxitos terapéuticos a veces catalogados de milagrosos, dado que es posible sanar síntomas que, hasta ahora, habían sido imposibles de cambiar. Por otra parte, trabajar de esta manera, devuelve a la persona su sensación de ser ella misma, junto con el empoderamiento y la responsabilidad sobre su propia vida y estados psicológicos.

En la sesión de ADABA, si el sanador sospecha o determina la presencia de lazos con ENTIDADES que estén activos en ese momento, debe evaluar tanto su naturaleza como la urgencia de retirarlos. Esto debe hacerse, sobre todo cuando el paciente esté presentando síntomas agudos de angustia, ansiedad, desolación, dolor emocional, obsesión, entre otros.

Entidades

En nuestra realidad nos hemos acostumbrado a pensar en la vida biológica como la única forma de vida en el universo. Es posible que por nuestras historias de vida y experiencia, nos inclinemos a reconocer que hay otros seres; pero, generalmente, los imaginamos lejanos y más allá de nuestra realidad. O bien, les aplicamos un sesgo positivo, y los imaginamos siempre “buenos” y “luminosos”, en la línea del Amor y de la Conciencia.

En ADABA, vamos a reconocer la existencia de seres o entidades no físicas, que se encuentran en directa interacción energética con el ser humano. Para quien se adentra en la práctica de ADABA, quizás uno de los descubrimientos más asombrosos sea ver hasta qué punto estas entidades influyen y condicionan nuestra realidad.

Así como existen millones de planetas y galaxias en el universo, también hay una inmensa variedad de seres de carácter “espiritual” o “energético” (es decir, sin un cuerpo “material”). Algunos se desenvuelven en frecuencias y planos de “luz” (correspondientes a vibraciones altas o de amor), mientras otros lo hacen en frecuencias y planos de “oscuridad” (vibraciones densas y lejanas al amor). Entre ambos extremos del espectro encuentra cabida un sinnúmero de seres de carácter más bien neutro que no se podrían considerar ni de “luz” ni de “oscuridad”. La conciencia humana –por su parte- se encuentra también en un punto de neutralidad similar. Aunque su esencia más profunda es luminosa, el hombre y la mujer pueden elegir según su Libre Albedrío adscribirse a realidades de luz o de oscuridad.

Desde tiempos inmemoriales el ser humano se asoció con entidades espirituales a las que llamó ángeles, dioses, espíritus, demonios, etc. El que hoy vivamos en un mundo que haya dejado de creer en las que considera “supersticiones”, no debe desviarnos del hecho empírico de que, al trabajar sobre el campo energético humano, nos encontramos con evidencias estructurales y tangibles de esta realidad. Que una cosa sea desmentida porque no calza con los paradigmas o formas de pensar de una época, no quiere decir que no exista o que carezca de importancia. El sanador ADABA –al igual que el hombre primitivo- convive con el “mundo suprasensible” donde entidades y presencias espirituales de todo tipo se vuelven perfectamente reales y concretas. Y lo hace por una razón práctica: porque muchas enfermedades y síntomas que aquejan las personas, se modifican rápida y radicalmente al eliminar las interferencias de tipo energético provocadas por algunas de estas entidades.

Por supuesto dependerá del tipo de entidad el tipo de influencia que cause sobre el campo del paciente. Un ángel, a diferencia de un ser de oscuridad, por ejemplo, en tanto Ser de Luz siempre será una influencia de naturaleza benéfica. La luz –ya lo manifestamos- se entiende como vibración de alta frecuencia, y la oscuridad como baja frecuencia. No hablamos de bueno y malo, porque todos somos criaturas de Dios y cada uno cumple su rol en el universo. Para efectos de sanación, nos sirve distinguir luz de oscuridad en términos de que, la luz es favorable a la vida humana, ya que promueve la salud y la vida, y la oscuridad contribuye a destruirla.

 

Lazos con Entidades

A nivel del campo energético es usual encontrar formas energéticas que se aprecian estructuralmente como mangueras o sondas, ancladas en alguna parte del cuerpo, y “saliendo” o proyectándose hacia el exterior. Se los llama “lazos” y pueden presentarse en muchas calidades y grosores, pero la sensación general al tocarlos es de un “flujo” o “corriente” circulando y moviéndose a través de ellos. DESDE UN PUNTO DE VISTA FUNCIONAL, LOS LAZOS SIEMPRE SEÑALAN QUE EL INDIVIDUO SE HALLA VINCULADO CON OTROS SISTEMAS DE ENERGÍA DISTINTOS A ÉL MISMO.

En el ámbito espiritual existe una vasta familiaridad con el tema de los lazos. Se los ha descrito bastante y lo que habitualmente se dice es que se forman a partir de las relaciones que entablamos con otras personas. Mientras más fuerte y significativa la relación, más fuerte y grueso será el lazo. En ese mismo sentido, los lazos pueden ser “sanos” si a través de ellos se transmite energía luminosa, o “enfermos” si transmiten energías oscuras. Encontramos también diferencias según el tipo de vínculo, por ejemplo: si se trata de afectos o amor, es casi seguro que el lazo está situado en la zona del pecho (cuarto chakra), mientras que si la relación es/era en un plano sexual, el lazo se hallará en el segundo chakra. Los lazos –se dice- persisten de vida en vida, y hacen que nos volvamos a encontrar con quienes ya hemos conocido en vidas pasadas.

Pese a que no hay error en estas explicaciones, definir los lazos energéticos sólo como “conexiones entre seres humanos”, deja de lado algo importantísimo: que LOS LAZOS TAMBIÉN PUEDEN ESTABLECERSE CON ENTIDADES DE CONDICIÓN “INCORPÓREA” O “ENERGÉTICA”. A simple vista podría parecer un dato más, pero es tan central este hecho para el sanador y para la técnica ADABA, como lo es para los médicos y la medicina reconocer la existencia de virus y bacterias. A veces resulta asombroso que todavía exista tan poco conocimiento e información sobre esta importante dimensión de lazos y sus consecuencias en el ámbito de la salud emocional/mental/espiritual. Por supuesto, hablar de seres -sobre todo si no son “positivos” o “espirituales”- no es algo que entusiasme demasiado a muchos terapeutas. Hoy hay más interés en lograr una validación ante la ciencia y la psicología, que en indagar cualquier verdad –o presentar cualquier explicación- que pueda ser vista como “una vuelta a las supersticiones del pasado”.

En el origen de la psiquiatría, las observaciones sobre el carácter incontrolable y sintomático de muchas emociones y pensamientos, llevaron a investigadores como S. Freud y C. G. Jung, a formular el concepto del “Inconsciente”. Esta idea, que hoy se halla incorporada al lenguaje común, puede considerarse un nombre más o menos actual –adaptado a una mentalidad más “racional” y “psicológica”- para referirse a fenómenos que antes eran entendidos como “posesiones” o “ataques” de índole espiritual. Pero el cambio de nombre es sólo eso: un cambio de nombre, para algo que ya había sido descrito anteriormente.

“Las condiciones psíquicas que engendran demonios trabajan tan activamente como siempre. Los demonios realmente no han desaparecido sino que meramente han adoptado otra forma: se han convertido en fuerzas psíquicas inconscientes.” (Jung, 1945)

El mismo Jung llegó a decir que lo que él llamó “complejo” (y que hoy es un término común en nuestro vocabulario) era algo así como una segunda personalidad o voluntad actuando al margen de uno mismo. Aceptar que el ser humano sigue aquejado de complejos inconscientes que lo perturban, aún en plena época moderna y racional, permite entender que –aunque así pretendamos- no estamos libres de las obsesiones y enfermedades psíquicas que en el pasado se atribuyeron a la “posesión”.

Nada pertenece al pasado, ni siquiera los pactos de sangre con el diablo. Hacia fuera tal vez se haya olvidado, pero hacia dentro, no […]. Hacia fuera se es una especie de hombre civilizado, y por dentro, primitivo. En el hombre hay una parte que no está dispuesta a desprenderse realmente de los comienzos, y otra que cree haber superado hace tiempo todo eso en todos los aspectos.” (Jung, 2002, p. 253-254)

Para ADABA, que cuenta con una perspectiva desde el campo energético (que, no olvidemos, es la expresión tangible de lo que llamamos “mente” o “psique”), la explicación de una buena parte de estos fenómenos es mucho más sencilla: se deben –en muchos casos- a que el individuo presenta lazos con algún tipo de “entidad incorpórea” que “le está influyendo” o “poseyendo”. Esta afirmación puede dejarnos perplejos, pero es tan cierta como decir que “muchas enfermedades son ocasionadas por bacterias”. En ese ejemplo, imaginemos la reacción de los médicos y la opinión pública de la época, cuando Pasteur y otros estudiosos anunciaron su descubrimiento. Pasteur fue tildado de loco, pero hoy en día, se lo considera un gran descubridor; hoy en día, es de lo más normal y lógico decir que las enfermedades son producidas por bacterias. Algo similar creemos que sucede con el método ADABA.

Desde lo estructural, los seres deben ser entendidos como “sistemas energéticos externos” que se vinculan con el campo energético humano –muchas veces- a través de lazos, pudiendo afectar su funcionamiento en lo emocional, psicológico, espiritual, e incluso físicamente. Cuando esto ocurre, el individuo experimenta la sensación de no ser el dueño de sus propios pensamientos o impulsos. Si bien es cierto, en algunos casos sólo se llega a manifestar como incomodidad o malestar leve, en muchos otros podría estar expresándose como enfermedades y síntomas graves, psiquiátricos o físicos.

De igual forma, muchas veces de una manera casi instantánea, al trabajar y cortar los lazos de este tipo (y desvincular al paciente de estos otros sistemas externos a él), los síntomas se modifican de un modo que sorprende. Por supuesto, los casos graves requieren de un proceso terapéutico mucho más complejo para hablar de mejoría o sanación total.

 

Tipos de Seres

En la visión de ADABA, que es mucho más empírica que teórica, los seres se pueden clasificar en grupos según las semejanzas funcionales y estructurales que presentan en el paciente. Igual que los animales se pueden categorizar –a grandes rasgos- en reinos, clases o especies, las entidades energéticas se pueden agrupar en “líneas” u “órdenes”. Por supuesto, ADABA todavía está muy lejos de pretender hacer una taxonomía acabada al respecto, y sólo busca describir y distinguir lo que para la sanación tiene alguna utilidad concreta. Al igual que un médico necesita saber diferenciar –por razones prácticas- entre virus, bacterias y otros organismos, el sanador ADABA necesita distinguir las distintas entidades que aparecen vinculadas al campo energético de los pacientes, a saber: Seres de Luz (por ejemplo: ángeles, guías), Seres de Oscuridad (también llamados “demonios” por las religiones), Seres de la Naturaleza (por ejemplo: devas y elementales de la naturaleza), Dioses, Fantasmas, entre otros.

Una primera distinción guarda relación con la INTENCIÓN que mueve a estos seres:

LOS SERES DE LUZ: Trabajan de acuerdo al amor y por ende, buscan el crecimiento de todos los seres según el plan de su espíritu y alma profundos. Su intención se rige bajo nociones como la belleza, la armonía y la impecabilidad.

LOS SERES DE OSCURIDAD: No se adscriben al amor y, por el contrario, suelen rechazarlo activamente. Buscan alimentarse de la energía que obtienen de otras almas a las que perjudican. Su intención en muchos casos puede equipararse a eso que a nivel humano llamamos “maldad”.

DIOSES, SERES DE LA NATURALEZA Y OTROS: No se adscriben al amor, pero tampoco están necesariamente en su contra. Su intención suele ser neutra y/o egoísta y/o paternalista, dependiendo del caso. Algunos de ellos pueden ayudar sin condiciones, mientras que otros entregan beneficios a cambio de energía, sin importarles si esto daña estanca o beneficia al alma del otro en su camino.

 

Los Seres de Oscuridad

En el lenguaje de las religiones, los seres de oscuridad fueron o son conocidos como “demonios”, aún cuando el término después se desvirtuó a raíz del abuso del que fue objeto. En sí no está mal hablar de “demonios”, pero para evitar la carga religiosa e histórica asociada, en ADABA se prefiere decir “Seres de Oscuridad”, o a veces sólo “Seres”. Los seres de oscuridad, por consiguiente, son seres de otros planos o dimensiones de la naturaleza, que energéticamente están en una frecuencia baja y lejana al amor. Además, los seres de oscuridad, van a rehuir de la energía luminosa o del amor. Se los puede percibir como, una energía densa alrededor del paciente, emitiendo sensaciones que evocan emociones destructivas. Como por ejemplo, maldad, violencia, terror, tristeza, angustia, etc.

Desde lo sintomático, tenemos casi la certeza de que se trata de seres de oscuridad cuando el paciente refiere tener pensamientos tormentosos, ideas obsesivas, o incluso escucha voces (que no es exclusivo de los locos, ya que mucha gente común lo experimenta). Podemos suponer su presencia en muchos casos de angustia o depresión, especialmente cuando se producen ideaciones suicidas, o autodestructivas. El ser de oscuridad, también puede causar problemas en las relaciones. Muchas veces sucede que cuando los demás perciben a una persona como antipática, negativa o desagradable, es porque algunos seres que andan con esa persona así lo provocan.

A veces los pacientes también presentan emociones repentinas y desbocadas, que muchas veces son violentas; describiendo sus estados de ánimo como, “no me siento como siempre” o “siento que no soy yo”. En otros casos los seres oscuros les hacen cometer “torpezas” que generan daño a sí mismos (cortes, caídas, etc.), estos “accidentes” son muy sospechosos sobre todo si la persona no se identifica como torpe en general.

Para cerciorarnos de que estamos ante la presencia de uno o más seres de oscuridad, en el examen estructural conviene buscar estas masas densas y oscuras de energía o bien, derechamente lazos que –como se dijo- se perciben como flujos o mangueras conectadas a alguna parte del sujeto. Al sintonizar, el sanador sentirá en sus manos una energía densa, a veces un cosquilleo “eléctrico” muy desagradable que “agarrota” un poco la mano. Al ir tocándolo, puede ir viendo que se trata de un lazo al ver que dicha sensación se proyecta (usualmente en diagonal) hacia las afueras del campo.

A continuación, al tomar el lazo y moverlo, el paciente habitualmente sentirá tironcitos en el lugar donde el lazo está conectado. En el examen se recomienda probar los lazos de esta forma para uno poder cerciorarse de que hay un lazo, y también para convencer al paciente, quien se sorprenderá de que “algo” invisible le esté tironeando (sobre todo cuando el sanador está ubicado a varios metros de distancia).

Por supuesto, existen sanadores que –más allá del nivel estructural del campo- logran ver, sentir o escuchar a los seres, lo que implica un nivel de percepción mayor. Los seres oscuros suelen dar al sanador una sensación molesta, como que alguien -o algo- no lo quiere ahí. Pueden tener actitudes desafiantes (“no me voy a ir”) e incluso intentar atacar al sanador. La energía de un ser oscuro es potente y “rechaza” la presencia y energía del sanador.

En otras ocasiones, es el propio paciente quien dice percibirlos, refiriendo –por ejemplo- que alguien le habla en su mente, o que le llegan imágenes de estos seres (algunas muy parecidas a las representaciones que de los demonios se han hecho en las distintas épocas), etc. Un observador externo podría decir que se trata de ideas delirantes, pero se presentan tan a menudo cuando se trabaja con pacientes, que su ocurrencia para el sanador es completamente explicable y predecible al encontrar estructuralmente las masas y flujos energéticos “oscuros” y densos que son señal de “seres”.

Por ejemplo, al estar trabajando se da muchísimo que los pacientes escuchan, en su propia mente, frases como: “te está engañando” (justo cuando el sanador está explicando al paciente lo que él ve), “siempre serás nuestro”, “nadie podrá ayudarte”; u otros tipos de frases parecidas. Todo esto ocurre porque los seres de oscuridad poseen psiquis o intencionalidad, aunque esto no necesariamente implica una mente brillante. Por lo general transmiten ideaciones fijas, o impulsos más o menos básicos (cabe señalar, que hay algunas excepciones donde sí hallamos seres más “elaborados” e inteligentes), provocando emociones o alterando la percepción, o el sentido. En algunos casos graves el juicio de realidad del sujeto, se puede ver alterado de forma grave. Éste siente –por ejemplo- la idea obsesiva de “soy un tonto”, “debo matarme” o “a nadie le importo en verdad”. Por ejemplo, la chica anoréxica se mira al espejo y –a pesar de estar en los límites de la desnutrición- piensa “estoy gorda como una vaca”, el depresivo puede llegar a escuchar una voz que le dice “mátate, no vales nada”, y el paciente tildado de esquizofrénico puede incluso escuchar que alguien le dice “yo soy Jesús, y debes obedecerme”. Al sanador perceptivo los seres también pueden hablarle, e intentar convencerlo o intimidarlo de forma similar.

Pese a lo anterior, no se puede decir que los seres causen TODOS los pensamientos negativos de un sujeto; a menudo lo que hacen solamente es amplificarlos. Los seres “pulsan” pensamientos y estimulan energéticamente para que se produzca una cierta respuesta emocional, negativa o (auto)destructiva; como, por ejemplo: miedo, angustia, desesperación, tristeza u obsesiones. Los seres se alimentan de este tipo de emociones.

Si bien mucha gente aprende, con cierta práctica, a resistir la irrupción de estos estados provocados, el problema grave se da en quienes no tienen una estructura psicológica tan fuerte y saludable como para resistirlos, como los adolescentes, las personas que han sido maltratadas o que están pasando por dificultades, o la gente extremadamente sensible que tiene otros daños psicológicos a cuesta. En cualquiera de estas personas, la influencia de seres de oscuridad puede conducir a un serio deterioro emocional y social, en algunos casos incluso desembocando en suicidio.

En el examen energético, los seres de oscuridad suelen encontrarse de tamaño, forma y poder variables, y pueden estar en éste u otros planos de realidad. Por otra parte, recordemos que muchos de estos seres se perciben alrededor del paciente, como masas de energía densa y oscura, con un núcleo (a veces del tamaño de un melón) que puede estar distante varios metros. Si existe un lazo, éste usualmente llega hasta el núcleo, y ambos –y sobre todo el núcleo producen al tocarlos una sensación vibrante fuerte, a menudo como un cosquilleo “eléctrico” que puede llegar a ser doloroso.

Por otra parte, algunos seres –por lo común de gran envergadura y poder- suelen quedarse en otros planos para actuar desde allá, también a través de lazos que llegan hasta el sujeto a través de un portal “interdimensional” que puede sentirse o verse. Se puede dar que varios seres actúen asociados, por lo cual –al examinar al paciente- se verán varios lazos.

Formas de ejercer influencia

Un ser de oscuridad puede ejercer influencia de diferentes maneras, ya sea sólo por proximidad o contacto, o bien a través de lazos y estructuras específicas. Veamos:

POR CONTACTO: Cuando el ser actúa por simple proximidad, su influencia aunque dañina es manejable con procedimientos donde el sujeto “eleva” su nivel de vibración, por ejemplo rezando, meditando, visualizándose lleno de luz, cantando, practicándose “limpiezas”, llenándose de amor, etc. Como estos seres huyen de las frecuencias altas sostenidas con suficiente intensidad, a través de estos medios se los consigue alejar con éxito. También puede ocurrir que el ser esté ligado a una casa, a una persona o a un objeto y en esos casos a veces el sujeto podría deshacerse de la influencia alejándose de la casa o de la persona, o eliminando el objeto. Por ejemplo, está la anécdota de un turista que trajo una máscara africana de uno de sus viajes, y la máscara había sido usada en rituales mágicos, y sin saberlo estaba ligada a un ser de oscuridad. Al colocar la máscara en la pared, comenzó a sentir una “presencia” negativa en la casa, junto con una serie de hechos de “mala suerte” que –de la noche a la mañana- comenzaron a afectar a sus habitantes. Esta influencia negativa desapareció al deshacerse de la máscara, enterrándola junto a un gran árbol.

POR LAZOS SIN CONSENTIMIENTO: Si los seres están ligados al sujeto a través de lazos, quiere decir que ya han establecido un vínculo y extraen energía de forma regular. A menudo, pueden aprovecharse de una “estructura” del propio paciente, es decir, de alguno de sus patrones recurrentes de pensamiento y emoción. Al igual que muchos parásitos se adosan a un organismo para alimentarse de él, los seres de este tipo –a veces en grupo- colocan espontáneamente sus lazos en la estructura y comienzan a alimentarse a través de ésta. El perjuicio que causan puede impactar la salud del sujeto en varias vías: exacerbar sus propias emociones y patrones de pensamiento, o bien exacerbar esto mismo en los demás que se relacionan con él. Como no existe un consentimiento explícito por parte del sujeto, podríamos decir que se trata de “seres oportunistas” y para retirarlos, la mayor parte del tiempo basta disolver o retirar la estructura a la cual están conectados.

POR CONSENTIMIENTO O PACTO: Por último, probablemente la influencia más compleja, se presenta cuando es el propio sujeto quien se ha vinculado voluntariamente a seres de oscuridad a través de pactos o acuerdos. Esta forma de asociación –que es en extremo frecuente de encontrar- se puede reconocer fácilmente porque los lazos no ceden al intento manual de sacarlos, como si se tratara de estructuras fijas. Si por cualquier motivo se los logra mover o modificar, al poco tiempo vuelven a estar donde mismo, debido a que –desde el punto de vista de las leyes del Universo- existe un “consentimiento” o “permiso contractual” dado por el propio individuo que impide que el lazo sea disuelto. Veamos a continuación más sobre este tipo de lazo e influencia.

 

Lazos a través de “pacto”

Para entender este tipo de influencia (y de lazo), es necesario situarse en una perspectiva muchísimo más amplia que la de una sola vida. En efecto, si para nuestra mentalidad de hoy resulta extrañísimo pensar en la sola posibilidad de hacer pactos con seres, no lo era así para el hombre de otras épocas. Aún en la actualidad, para muchas culturas y sociedades “no occidentales” o “pre-modernas” (por ejemplo, amplias regiones de África, Brasil y el Caribe, e incluso nuestra propia cultura campesina, entre otras), hacer magia para pactar con entidades resulta algo normal y cotidiano.

Es necesario entender que, habiendo vivido muchísimas vidas, es claro que en tiempos remotos también pertenecimos a culturas donde era perfectamente natural vincularse con fuerzas y voluntades “espirituales” o “incorpóreas” como demonios, dioses, espíritus, genios, etc.

El mismo C. G. Jung señalaba que la conciencia individual y la ética del yo, de la cual estamos tan orgullosos como occidentales, es un logro relativamente reciente en nuestra historia. Por el contrario, el hombre primitivo vivía más bien en una conciencia de carácter colectivo (a la que Jung se refería como “participación mística”), la cual hacía que estuviera abierto y en contacto constante con la realidad de la magia y las energías (que Jung llamó “realidad arquetípica”). Para este ser humano “pre-moderno”, la magia, los seres, las energías, etc. son fenómenos cien por ciento reales; aún cuando no siempre podía explicarlos, aprendió a manejarlos a su favor. La magia estaba al acceso de todos, aunque las personas especialistas en su manejo fueron llamados magos y sacerdotes (también chamanes, curanderos, brujos, hechiceros, etc.).

Pensemos en alguien en este contexto que tenía alguna dificultad o necesidad. ¿Qué hacía? ¿Recurría al psicólogo para intentar resolver su problema? ¿Meditaba profundamente hasta hallar las respuestas? ¿Entendía que debía trabajar y aprender por sí mismo para superar su dificultad? La respuesta es no para el casi total de los casos. En el contexto de las culturas primitivas, la respuesta se halla casi siempre en la magia: usar la magia para resolver el problema sin importar demasiado sus consecuencias para el “yo individual”.

Si alguien –por ejemplo, un guerrero- necesitaba obtener coraje y valentía para ir a la batalla, lo usual era que recurriera a la magia y a las entidades que a través de ésta pudiesen proveerle esas capacidades. De igual manera una mujer que deseaba atraer a los hombres, a través de un ritual recurría a la ayuda de algún ser con el objeto de lograrlo. Y así sucesivamente podemos comprender que la magia y la asociación con entidades le permitían al hombre primitivo lograr poderes, capacidades y beneficios que él sentía no poder lograr por sí mismo. Energéticamente, este tipo de vinculación se realiza por el poder de la intención: cuando existe una intención determinada, es posible contactar a los seres que vibran en esa misma intención. Si la intención fuese de amor verdadero y desinteresado, sería posible contactar con seres de amor como los ángeles y guías, pero al ser deseos y emociones bajas, el contacto se verifica más bien con seres de oscuridad.

Por supuesto, al realizar pactos de este tipo –aparte de la ganancia o poder específico- lo que se consigue (aún a veces sin darse cuenta el propio sujeto) es quedar atado a los seres. A partir de ese momento, ellos quedan “autorizados” para influir en la propia realidad energética y psicológicamente hasta que el sujeto alguna vez deshaga el pacto. El negocio para la entidad es quedarse con un “trozo de alma”, es decir, una porción del campo del sujeto que –aunque el sujeto no lo pierde- en la práctica le pertenece al ser, que a cambio suele colocar en el mismo lugar una estructura creada por él. Teniendo este trozo de alma, el ser se alimenta constantemente de la energía del sujeto, pudiendo este último hacer muy poco para evitarlo. Ahora es posible entender mejor el dicho “venderle el alma al diablo”, así como el concepto de “pérdida del alma”, tan común en algunas sociedades tribales.

Si tuviésemos que hacer una analogía para entender mejor lo que son estos pactos o asociaciones con seres de oscuridad, podríamos hacer un paralelo con la adicción a las drogas. En efecto, recurrir a la ayuda de un ser de oscuridad, es similar a buscar un “dealer” para obtener droga, y así sentirse uno menos angustiado o triste. Por supuesto, al igual que en el caso del adicto, quien recurre al ser de oscuridad –pese a que obtiene algún beneficio momentáneo- no consigue bienestar real. El negocio del ser –lo mismo que el del “dealer”- es que el sujeto siempre esté recurriendo a él. Es decir, en el caso de que el sujeto haya contactado al ser para conseguir mayor control emocional, el ser –con un lazo en la zona del pecho- se encargará de pulsarle descontrol y angustia; si el beneficio era ampliar la capacidad de pensamiento, el ser –a través de un lazo en la cabeza- buscará hacer que el sujeto nunca pare de pensar. Todo esto genera –ya lo señalamos- que el ser se alimente una y otra vez.

Y así podemos dar cuenta de muchos trastornos emocionales o mentales que tienen la característica de ser “incontrolables”, como obsesiones, compulsiones, angustias, penas desbordadas, rabia sin control, etc.

Lo que a través del lazo hace el ser de oscuridad, es amplificar algún patrón emocional o de pensamiento que ya existe en el sujeto. Si, por ejemplo, alguien es propenso al miedo, el ser de oscuridad amplificará ese miedo, haciendo que se vuelva descontrolado.

Seguramente el sujeto buscó al ser alguna vez para obtener de él algún poder que le permitiera sortear su miedo. Lo que no sabía, el sujeto, es que al hacerlo, terminaría más esclavo aún de este último. Resumiendo, y lo que finalmente debemos entender sobre los lazos con seres que se han adquirido a través de pacto, es que: (1) Amplifican impulsos, emociones y pensamientos destructivos en el sujeto, a menudo volviéndolos incontrolables, (2) fueron –en general- hechos en vidas antiguas, pero los arrastramos con nosotros hasta hoy, donde se nos manifiestan como problemas (o trastornos) emocionales, mentales y hasta físicos, (3) no salen si se los intenta disolver, arrancar o cortar manualmente, como se hace con una estructura simple, (4) continúan de vida en vida, hasta que sean disueltos, (5) los beneficios y poderes que en su momento nos entregaron no nos dieron la felicidad ni soluciones reales a nuestros problemas, y (6) para cortarlos se requiere un procedimiento especial llamado “renuncio”.

Retirando lazos con Seres de Oscuridad

No es necesario saber cuántos lazos y seres de oscuridad aparecen en el campo de un sujeto para proceder a trabajar sobre éstos. Por supuesto, para los sanadores con mayor percepción y experiencia, esto puede establecerse con mucha claridad y precisión, mas no resulta lo más importante. De hecho, a veces basta sólo la descripción u observación de los síntomas en el sujeto para estar casi en la seguridad de que se trata de seres de oscuridad 185 que están actuando sobre él. También, un examen sencillo pasando la mano a cierta distancia del sujeto puede mostrar zonas donde se perciben flujos muy claros y delimitados, que no son otra cosa que los lazos. Conviene sintonizarse con la energía de estos flujos (lazos) y seguirlos para ver su dirección, determinando si llegan hasta algún núcleo concreto de energía, o si se pierden más allá de los límites de la habitación donde se está.

Una vez que se han localizado estos lazos, se puede intentar identificar la sensación que transmiten. Eso nos puede informar si son lazos con seres de oscuridad o de otro tipo. Hacer esta distinción, a menudo es asunto de experiencia, aunque no es del todo necesaria, ya que ante la duda el sanador igual puede operar por ensayo y error.

Identificado los lazos también es posible intentar moverlos (tironearlos) levemente para ver si ceden (y así descartar que sean estructuras simples). Al jalarlos varias veces, se le puede preguntar Ejemplo de lazos con seres de oscuridad, donde los lazos se aprecian como mangueras diagonales al paciente qué siente. Si siente tirones en alguna parte, se trata con seguridad de algún tipo de lazo (aunque no siempre son con seres de oscuridad; con la práctica se los aprende a distinguir).

Posterior a esto, se le puede explicar a la persona que se trata de entidades que están enlazadas a ella, a fin de que comprenda el procedimiento que se va a hacer. Se recomienda una explicación sencilla señalándole:

“Los lazos son vínculos energéticos que permiten que nos vinculemos con otros sistemas de energía y conciencia. Por ejemplo, son conocidos los lazos con personas, por ejemplo cuando nos encontramos con gente que sentimos que ya hemos conocido en alguna otra vida. Asimismo existen lazos con seres no corpóreos y que los arrastramos desde épocas antiguas, cuando éramos otras personas. En ese entonces, buscando resolver una dificultad, recurrimos a la magia y, a través de ésta, a la ayuda de estos seres que a partir de ese momento quedaron unidos a nosotros”.

Se les recalca que hoy esos seres constituyen una influencia negativa en nuestra vida, causando los síntomas que ellos ya han sentido (angustia, ansiedad, miedos, pensamientos incontrolables, etc.). Se explica, también, que para ser felices, debemos aprender a ser independientes energéticamente (Principio de Autonomía). Es decir, desarrollar las capacidades propias y no recurrir a pactos o intercambios con seres externos. A continuación, de toda ésta explicación, se invita al sujeto a repetir un RENUNCIO que es una declaración que consta básicamente de 4 componentes: (1) Intención expresa de disolver el pacto y renunciar a los beneficios, (2) agradecimiento por la experiencia y el crecimiento que significó, (3) autorización y petición de ayuda a los guías y/o permiso al sanador para retirar los lazos, (4) pedir de vuelta lo que fue entregado.

Renuncio a Seres de Oscuridad

El siguiente texto, muestra renuncios tipo, que representan una guía para el terapeuta o sanador (o que la misma persona puede hacer con él mismo), en voz alta:

Yo_____________, aquí y ahora, RENUNCIO, a todo poder o beneficio, que yo haya obtenido, a partir del pacto o la asociación, con seres de oscuridad, alguna vez. Renuncio a los seres de oscuridad y a todo lo que me dieron

Agradezco el aprendizaje que esto fue para mi alma… ya que yo aprendí y crecí

Pero aquí y ahora YO ME DECLARO LIBRE, ME DECLARO LIBRE, ME DECLARO LIBRE, de estos seres de oscuridad.

Pido la ayuda de los Seres de Luz, a mis Guías, para que retiren los lazos con estos seresde oscuridad, autorizando también a _____________ (nombre del sanador), aquí presente, a participar de esta operación.

-después de unos instantes-

Yo_____________, ahora pido de vuelta, las partes de mí mismo(a), que entregué en estos pactos que he disuelto. Cualquier parte de mi alma, que yo haya entregado, yo la pido de vuelta, la pido de vuelta, la pido de vuelta.

El sanador debe hacer repetir este renuncio al sujeto, quien deberá colocar en sus palabras una intención que lo haga creíble. El principio que está detrás es que la “intención” es capaz de modificar la realidad del campo energético y en este sentido, las declaraciones –al estar cargadas de intención- son fundamentales.

Hay que pensar que si estos lazos con seres fueron establecidos alguna vez a partir de una “intención” de vincularse con ellos (a través de algún ritual o acto mágico), lo natural es que el mismo sujeto, al declarar una intención de “desvincularse” o “anular el pacto”, exista una disolución del lazo; éste, por “ley universal”, debe soltarse y salir. De ésta forma, al hacer el renuncio, los lazos cambian su configuración, pudiendo verse y sentirse un flujo distinto. A menudo ocurre que ya han comenzado a disolverse, produciendo alivio casi inmediato en el sujeto. Si éste venía con angustia, miedo, ideas suicidas, compulsiones, etc. en la mayoría de las veces comienza a sentir cómo desaparecen. Cualquiera que haga estos renuncios podrá comprobar –en la mayoría de los casos- su efecto ansiolítico.

La labor del sanador consiste en primer lugar en contener al sujeto y acompañarlo, y sólo en segundo lugar ayudarlo a retirar los lazos. De hecho, no siempre es necesario que el sanador participe en la remoción, ya que una vez pronunciado el renuncio, los seres de oscuridad DEBEN IRSE y ya están los Seres de Luz haciendo el Ejemplo de otro tipo de lazo con seres trabajo. Si el sanador decide participar, el paciente tiene que haberlo autorizado (como se ve en el renuncio). Entonces él puede coger el lazo y retirarlo manualmente para luego intencionar que se abra un “portal” y arrojarlo por él.

A continuación de pronunciar el renuncio, en algunos casos el sujeto podría experimentar movimientos emocionales fuertes, además de sentir tirones en los puntos en que están anclados los lazos y estructuras. En una minoría de las veces, esos movimientos pueden derivar en convulsiones, llanto, gemidos, o algún otro tipo de manifestación descontrolada. En esos casos, se sugiere al sanador mantener una actitud contenedora y cuidadora del paciente para evitar a toda costa que se haga daño. La razón de estos movimientos es que no todos los seres están dispuestos a marcharse en paz; a menudo atacan o acosan al paciente, intentando que éste se arrepienta de su decisión. Bajo esas circunstancias –donde el ser ejerce resistencia- el sanador debe conservar la calma y pedir ayuda a los Seres de Luz, así como muchas veces pedir al paciente que reitere el renuncio (o algunas partes de éste). Otra posibilidad es que exista alguna parte inconsciente en el sujeto que esté resistiéndose a renunciar al ser de oscuridad. En ese caso debe indagarse si existe alguna estructura o algún “yo” antiguo del sujeto que esté ejerciendo esta resistencia. También puede ocurrir que el sanador pudiera recibir algún ataque energético de parte de los seres del paciente. Para evitarlo la protección más adecuada es una “actitud serena y amorosa”. Uno no está ahí para matar o luchar contra los seres, sino para sanar a la persona. Si el sanador llega a sentir odio o rabia contra un ser, pierde efectividad y se vuelve vulnerable a un ataque. Por supuesto, también se puede proteger imaginándose o sintiéndose envuelto en luz, y pidiendo a los Seres de Luz su protección. Al permanecer en esa “vibración superior”, ningún ser de oscuridad podrá dañar al sanador.

Con la última parte del renuncio, que es el reintegro de las partes entregadas, muchos pacientes sienten efectivamente que algo se incorpora dentro de ellos, llenado un vacío y generando alivio. Literalmente es como el dicho “siento que me volvió el alma al cuerpo”.

Se les debe decir que ahora deben darse un tiempo para asimilar esa parte que a partir de este momento les permitirá ir sintiéndose más completos y dueños de sí. Este tiempo pueden ser algunos días en que puede que se sientan algo extraños y que puede ocurrir algunas otras estructuras de ellos mismos pueden comenzar a activarse. Podrían –a raíz de eso- experimentar algunos vaivenes emocionales que se expresan como cambios anímicos.

(Obtén la versión completa de estos textos, adquiriendo el libro ADABA Sanación Estructural del Aura de Francisco Moreno, que en este capítulo también incluye: LAZOS CON DIOSES, LAZOS CON SERES DE LA NATURALEZA, LAZOS CON ALMAS HUMANAS, LAZOS CON GRUPOS, LAZOS CON LUGARES.)