Adaba es un método de sanación que actúa sobre el Campo Energético Humano, que permite, de modo directo y sin necesidad de una larga conversación (como -por ejemplo- la psicoterapia), lograr cambios personales profundos y sustanciales.

El principio que está detrás es el de una «mente encarnada». Esto quiere decir que todo eso que llamamos mente o realidad psicológica, existe también a nivel del Campo Energético como si éste fuese un verdadero cuerpo. La enfermedad y el dolor psíquicos, así como las pautas enraizadas de pensamiento, conducta y emoción, poseen allí una forma «energética» clara y definida. Al descubrir esas formas y alterarlas (ayudado por la toma de conciencia del propio sujeto), la psicología del sujeto cambia.

Desde el punto de vista práctico, Adaba consta de un conjunto de técnicas dentro de las cuales la imposición de manos ocupa un rol preponderante. En ese sentido, guarda algún parecido con el Reiki (cuando hablamos de transmitir «energía» para sanar) no obstante en Adaba el uso de las manos es muchísimo más amplio y específico, además como herramientas de diagnóstico y manipulación del campo energético. En efecto, Adaba enseña a usar las manos como si fueran finos sensores, que permiten escanear el campo energético para discriminar las zonas con daño, su naturaleza y envergadura. Posteriormente se transforman en verdaderos instrumentos quirúrgicos, para mover, extraer y/o modificar estructuras y formas energéticas que son las responsables de ese daño particular. Y finalmente, también son canales de transmisión de energía, rellenando, reparando, ablandando o generando pulsos que activan los procesos de autosanación del paciente.

La modalidad más común de trabajo, es con el paciente tendido sobre una camilla y el sanador al costado. El primer paso es hacer el examen del campo energético, para lo que el sanador se vale de la sensibilidad de las manos, la vista y/u otros sentidos de percepción ampliada. El examen permite obtener una imagen muy clara de lo que el paciente trae en términos energéticos y establecer cómo esto se traduce psicológica y conductualmente. Por ejemplo, si una estructura se aloja en la zona pélvica, generalmente hablará de problemas sexuales o de maternidad, o bien inseguridades y miedos existenciales, dificultad para encontrar el propio lugar en la vida y/o temas con el poder. Si la estructura rodea la garganta, probablemente tendrá que ver con dificultad de expresar o decir las cosas, así como temas de auto-imagen, miedos y resistencia al cambio, y ciertas rabias. No hay una regla fija para ejecutar dicha lectura, sino –por el contrario- se trata más bien de un arte que el propio sanador desarrolla en base a su sensibilidad y conocimiento.

Después de ejecutar a este primer mapeo e informar al paciente acerca del mismo, el sanador comienza a trabajar las estructuras, de tal manera que va produciendo cambios en la conformación del Campo. En general, el trabajo más intenso es el de retirar estructuras, las cuales pueden ser de muy diverso tipo (bloques, parásitos, lazos, amarras, púas, heirdas, etc.). Mientras lo hace, va chequeando una y otra vez cuantas veces sea necesario hasta que –de acuerdo a un criterio propio- decide que ya ha trabajado suficiente por la sesión (que suele ser de 45 minutos a 1 hora). La idea es no extenuar el Campo, ya que agitarlo en demasía puede ser contraproducente para el paciente. A menudo éste puede llegar a experimentar algún grado de “síndrome post-operatorio” en el sentido de quedar remecido emocional y hasta físicamente a veces. Por esa razón el sanador también se preocupa de dejar al paciente lo más armonizado posible, para que no se retire con una sensación desagradable.

Sesión tras sesión, los cambios van siendo notorios. Esto –por supuesto- no implica que la persona se sienta bien de inmediato ni que solucione su problema en el corto plazo. No obstante en el 99% de las veces, la sensación después de atenderse será distinta. Aún en el caso de que el dolor continúe, éste ya no será el mismo, de la misma manera en que alguien que va al médico puede seguir sintiendo dolor a pesar de haber sido curado. El dolor puede continuar, pero habrá alivio también.

Trabajar con Adaba es entrar a operar directamente sobre nuestra Psique, ya que el Campo Energético es la expresión corporizada de ésta. En él hallamos formas y estructuras que constituyen los patrones de pensamiento, conducta y emoción que nos hacen pensar, sentir y actuar de la forma que nos es característica. En ese nivel tan profundo (que algunos llegaron a llamarlo “El Inconsciente”), que muchas veces –a través del análisis y la reflexión- logramos vislumbrar pero difícilmente modificar, se consiguen potentes cambios y transformaciones. Y éstos no se limitan sólo al dolor y a los conflictos; Adaba nos conecta también con los niveles más bellos y sutiles de nosotros mismos, ampliando nuestra conciencia espiritual y personal.