Adaba es un completo sistema de sanación que permite curar la enfermedad y el sufrimiento mental, psicológico y hasta físico (en muchos casos) a través de la manipulación y modificación del Campo Energético Humano (o Aura).

La principal premisa sobre la que se funda es que el Campo Energético es la expresión corporizada de eso que llamamos “alma” o “mente”. Por eso, si alguien experimenta sufrimiento mental o emocional, es posible curar ese sufrimiento –del tipo que sea- al operar directamente sobre dicho campo.

Esto es tremendamente revolucionario ya que contradice la idea más aceptada aún hoy: que la mente y la psique se hallan en la cabeza y que son totalmente equiparables al cerebro y sistema nervioso. Invariablemente, si uno dice sentir tristeza o alegría, depresión u obsesiones, miedo o amor, la explicación corriente siempre será: “esto está ocurriendo en mi cerebro”, independiente que lo pueda estar experimentando como algo que ocurre en algún lugar del cuerpo.

La psicología –por su parte- históricamente ha tenido el problema de -en cierta forma- estar “en el aire”, ya que el fenómeno mental resulta siempre invisible o intangible. Para un médico es fácil estudiar un hígado o un riñón porque existe un cuerpo que puede ser observado y examinado directamente, pero para el psicólogo resulta imposible observar directamente los problemas de un paciente y necesita basarse en lo que éste dice o hace.

Esta limitación ha llevado a que los métodos de la psicología dependan demasiado del lenguaje y la interpretación, y que a menudo sean vistos como menos objetivos y concretos que –por ejemplo- los de la medicina. Los pacientes, por lo común deben hablar de lo que le pasa, y no siempre –a pesar de llevar hablando mucho tiempo- obtienen curación o mejoría.

De esta forma, el enfoque desde el Campo Energético –al menos el que propone Adaba- llena el vacío que la psicología siempre ha tenido con respecto al estudio de la mente o psique, referido a la falta de un cuerpo que le permita objetivarla. La sanadora norteamericana Barbara Brennan (que puede considerarse precursora, 30 años antes, de Adaba) lo expresa así:

“El aura es, en realidad, el «eslabón perdido» entre la biología y la medicina física y la psicoterapia. Es el «lugar» donde se localizan todas las pautas sobre emociones, pensamientos, recuerdos y comportamientos que solemos discutir incansablemente en la terapia. Estas pautas no están simplemente suspendidas en algún lugar de nuestra imaginación, sino que se sitúan en el tiempo y en el espacio.” [Brennan, B., Manos que Curan, Cap. 11].

Justamente desde el Campo Energético podemos ubicar espacialmente estas pautas de pensamiento y emoción que en su interior se muestran como “formas” o “estructuras” de energía estables en el tiempo/espacio. Esto permite –con sólo un vistazo al campo- determinar qué le ocurre al paciente desde el punto de vista psicológico o mental, y comenzar a tratarlo a través de esta misma vía: la energética. Incluso si el paciente carece de la suficiente consciencia como para relatar su estado, el sanador se habrá hecho una idea clara y precisa con sólo observar las formas que presenta y su ubicación.

Finalmente, si tuviésemos que definir a qué modelo de mente se está adscribiendo Adaba, habría que decir –por tanto- que se trata de una “mente encarnada” . En otras palabras, la mente (o psique) se halla encarnada –en este caso- en el Campo Energético Humano. Tanto es así que muchas de las metáforas y representaciones mentales que utilizamos a diario, a través de las cuales pensamos y que se expresan en el lenguaje corriente, expresan fenómenos que están realmente ocurriendo en un nivel “energético”. Por ejemplo: “fue una experiencia desgarradora”, “tengo un nudo en la garganta”, “asumo el peso de esta responsabilidad”, “siento un agujero en el alma”, “se le endureció el corazón”, etc., son sensaciones o autopercepciones reales que hablan de un nivel invisible pero real. De hecho, muchas personas constantemente consultan al médico por sensaciones físicas reales que sin embargo son prontamente descartadas porque “ahí donde les duele no hay físicamente nada”. Entonces son derivados al psiquiatra o al psicólogo, porque se asume que se trata de una mala jugada de la imaginación producto del estrés físico o emocional. En un examen del campo energético, por el contrario, todas esas sensaciones y síntomas físicos y emocionales, cobran inmediatamente un significado perfectamente claro. Es posible establecer una relación causal directa entre las estructuras del campo y dichos síntomas, con tal precisión que el sanador, al manipular esas estructuras, provoca inmediato alivio en el paciente.

La Perspectiva Estructural

El trabajo sobre el Campo Energético Humano no es para nada nuevo y, sobre todo en los últimos años, han surgido infinidad de sistemas que trabajan con y a través de él. En ese contexto, ¿qué sería lo particular que propone Adaba y qué la diferencia de estos otros enfoques que operan con “la energía”?

En realidad, la mayoría de los sistemas que trabajan con el campo energético, lo hacen desde una perspectiva que llamaremos FUNCIONAL, centrada en nociones de “flujo” y “movimiento”. Esto quiere decir que se plantean desde el punto de vista del funcionamiento y del estado del campo, y sus métodos apuntan –por un lado- a describir este funcionamiento en el paciente y –por otro- a reestablecerlo si se encuentra alterado o interrumpido. Algunos diagnósticos funcionales típicos son: “tienes un bloqueo a nivel del chakra del corazón” o bien “tu chakra raíz está cerrado… desalineado, desviado…” o “tu canal central se encuentra bloqueado”, etc. La acupuntura es un gran ejemplo de perspectiva funcional muy bien desarrollada y en general toda la medicina china, ya que en el pensamiento oriental, la noción de flujo resulta primordial en su forma de comprender el universo.

Sin embargo, el problema de las perspectivas funcionales es que si bien describen correctamente el funcionamiento de la energía en el campo, no son capaces de determinar QUÉ está causando este funcionamiento anormal. Es decir, si estamos trabajando con el Campo Energético, debemos ser capaces de determinar también cuáles son las estructuras dentro de este mismo que están a la base de esos funcionamientos anormales. Si no lo hacemos así, y decimos por ejemplo “tu bloqueo ocurre porque estás triste”, finalmente estamos volviendo a la explicación meramente “psicológica” y el Campo Energético toma bien poca relevancia final. Si la explicación es psicológica, entonces el aura sólo sirve para diagnosticar y merece sólo tratamientos “de superficie” que no producen cambios reales ni permanentes en la forma de ser del individuo.

Por ejemplo, si alguien dice “está bloqueada la calle”, está describiendo correctamente el estado “funcional” de la calle. No obstante no dice nada sobre las causas del bloqueo, ya que es muy distinto que se halle cerrada porque ha habido un choque, o porque cayó un árbol, o porque están haciendo reparaciones, o porque hay una competencia deportiva.

Cuando un terapeuta “de la energía”, que se maneja sólo funcionalmente, dice “este paciente tiene el chakra X bloqueado”, normalmente no sabe describir la naturaleza de las estructuras energéticas que son la causa de este bloqueo. Por lo común intentará devolver el flujo y restablecerlo mediante una “limpieza” o cualquier otro tratamiento de mantención o “alineamiento” (con visualizaciones, alimentación, Reiki, mantrams, etc.) pero con poca precisión, ya que se trata de procedimientos generales que en algunos casos darán frutos y en otros no. Por otra parte, si no se atiende la causa estructural del bloqueo, es probable que la solución sea momentánea, es decir, el paciente sintiéndose bien inmediatamente después de la terapia pero después volviendo a sentirse bloqueado.

Es aquí donde Adaba propone una nueva perspectiva, que llamaremos PERSPECTIVA ESTRUCTURAL del Campo Energético. Se basa en la premisa fundamental de que “la intención crea formas en el campo”. En otras palabras, en el campo energético encontramos infinidad de formas y estructuras que corresponden a los patrones de pensamiento, conducta y emoción del individuo, de tal manera que TODA su realidad psíquica, mental y espiritual se halla energéticamente representada en dichas formas.

Allí donde el terapeuta común se fija en flujos o en chakras abiertos o bloqueados, el sanador Adaba determina qué estructuras particulares se hallan asociadas a qué comportamiento o síntoma en cuestión, su naturaleza y origen. Porque indudablemente las estructuras son formaciones energéticas diversas, que varían enormemente en tamaño y localización. La mayoría son originadas por el propio individuo (a través de la intensidad de sus pensamientos y emociones), mientras otras corresponden a parásitos energéticos, estructuras “lanzadas” o colocadas por otros, lazos con entidades, heridas, lazos con personas, vacíos, etc.

Hay que aclarar que el sanador Adaba que maneja la Perspectiva Estructural, no prescinde ni del nivel funcional, ni tampoco del nivel de la persona; más bien integra los tres. Para ejemplificarlo veamos el siguiente ejemplo:

Nivel de la Experiencia Nivel Funcional Nivel Estructural
“Tengo tristeza y dolor. Ando como con un peso encima”. “El chakra del corazón está bloqueado y se siente roto”. “Se observa una desconexión de esta persona con sus propios sentimientos”. “Hay una herida o fisura de 30 cm que parte en la garganta y llega hasta la boca del estómago, que está muy activa y tiene que ver con sentimientos de soledad y abandono. En conjunto con esta herida se observa un bloque que tiene que ver con control y represión de los sentimientos, del tamaño de una almohada que se agarra a ambos costados bajo las axilas y abajo cubre parte del vientre”.

En primer lugar, el Nivel de la Experiencia tiene que ver con todo aquello que el sujeto relata como sensación o síntoma en base a lo que él mismo experimenta. Cuando los pacientes acuden a tratarse, lo hacen casi siempre porque sienten dolor o algún tipo de malestar o incomodidad. Es éste nivel el que se trabaja en la psicoterapia, cuando el terapeuta pide a al sujeto que relate lo que siente y piensa, y en definitiva es el nivel donde los cambios finalmente deben notarse. En el ejemplo, la experiencia del sujeto es sentirse triste.

El nivel funcional del Campo –ya lo hemos dicho- nos muestra cómo está funcionando éste en términos de flujo y movimiento de las energías. En este caso se observa que el chakra cardiaco posee un funcionamiento deficiente, lo cual se observa como un bloqueo u obstrucción del flujo.

Por último, el nivel estructural resulta el más específico, al mostrar formas específicas en la zona del chakra cardiaco que son las responsables del bloqueo funcional. Estas formas tienen dimensiones, densidad y volumen, de tal manera que pueden ser “operadas” o “manipuladas” tal como un cirujano opera o manipula los órganos del cuerpo físico. Es un nivel tremendamente concreto que permite establecer con precisión relaciones de causalidad hacia los otros niveles. Si se modifican las estructuras, el funcionamiento y –finalmente también- la experiencia del individuo cambian radicalmente.

En el sentido inverso del cuadro, cuando el sanador Adaba observa -utilizando su percepción ampliada- las estructuras presentes en el Campo Energético del un paciente (nivel estructural), es capaz de determinar qué funcionamiento energético provocan (nivel funcional) para finalmente decir qué patrón emocional y/o de pensamiento generan en el individuo (nivel de la experiencia). Esto significa que el Campo Energético se puede leer igual que como un detective lee la escena del crimen para reconstruir los hechos que allí acaecieron. El sanador –en este caso- logra reconstruir de qué manera fueron creándose esas formas y estructuras en el individuo, y a qué “intención” en términos psicológicos corresponden.

Por otra parte el cuadro nos muestra que cualquier sentir del paciente puede tener más de una causa funcional, pero cada una de éstas a su vez tener múltiples causas estructurales. Esto significa que el nivel estructural es donde se realiza el trabajo más minucioso y de carácter más concreto. Por supuesto, lo que más conviene siempre es trabajar con los tres niveles perfectamente unificados, ya que cada uno aporta una perspectiva de la cual no es bueno jamás prescindir.

En lo que respecta a la Perspectiva Estructural, ésta nos permite hablar de Adaba (al menos una parte de ésta) como una especie de “cirugía de la energía”. Por supuesto, resulta muchísimo más (en realidad Adaba es todo un sistema integrado de medicina y crecimiento personal), pero la comparación con la cirugía es válido para entender el nivel de concreción y precisión con el que trabaja. Los sanadores se entrenan en percibir y “operar” formas en el campo, no obstante -sin dejar de lado los otros niveles- también en percibir y comprender flujos y funcionalismos, y en sintonizar en profundidad con el sentir del paciente.

La Perspectiva Estructural ha sido la gran ausente en las terapias de la energía. Sólo basta ver cuánta pobreza de información sobre las estructuras existe aún hoy en las decenas de libros y manuales que se han escrito sobre el aura, y lo poco que sabe un terapeuta promedio sobre las mismas. Aún así, existen importantes antecedentes como el de Barbara Brennan, que en su libro “Manos que Curan” habla de “bloques” energéticos como una forma de referirse a las estructuras. No obstante, la sanadora no establece un sistema basado en esta mirada, sino más bien se termina reenfocando en el diagnóstico y tratamiento de los chakras (es decir, un nivel funcional). Otros autores como la vidente mexicana Olga Menéndez, se refieren a “ataduras” en vez de estructuras, mas igualmente sus apreciaciones –al carecer de perspectiva teórica- acaban quedándose en lo anecdótico.

En la Edad Media, analizar la estructura del cuerpo físico estaba casi por completo ausente en la medicina occidental. Casi todas las enfermedades se atribuían a la voluntad divina, y los médicos de esa época efectuaban un sinnúmero de procedimientos inspirados más en nociones filosóficas que en conocimientos empíricos . No obstante, las observaciones de algunos llevaron a pensar que debía haber causas naturales y comenzó la exploración del cuerpo físico y sus órganos. En otras palabras, se fue imponiendo la verdad: que para entender y curar las enfermedades del cuerpo era necesario estudiar su “estructura”. Hoy en día, sin ir más lejos, nos hallamos en un punto similar en lo que a las terapias de la energía se refiere. Recién hoy nos estamos dando cuenta de que para entender la psique y los patrones mentales y emocionales, es necesario estudiar las estructuras (y no sólo el funcionamiento) del campo energético. Esto abre un ámbito de exploración, y posibilidades, tremendamente nuevas, donde la enfermedad mental o psíquica puede curarse directamente desde el Campo, con procedimientos que en el pasado fueron llamados mágicos o milagrosos.

Sólo Adaba, hasta ahora, ofrece un punto de vista integrado y un abordaje sistematizado para trabajar en el Nivel de las Estructuras. El grado de claridad y concreción teórico-práctico que maneja suele asombrar tanto a alumnos como a pacientes, ya que en general estamos acostumbrados a entender lo energético de un modo más bien vago, subjetivo y teñido de subjetividad espiritual.