Por Francisco Moreno T., sanador ADABA y psicólogo, extracto del libro “ADABA Sanación Estructural del Aura

 

La Mente en el Campo

La principal premisa sobre la que se funda ADABA es que el Campo Energético es la expresión corporizada de eso que llamamos “alma” o “mente”. Por eso, si alguien experimenta sufrimiento mental o emocional, es posible curar ese sufrimiento –del tipo que sea- al operar directamente sobre dicho campo.

Esto contradice la idea ampliamente aceptada hoy: que la mente y la psique se hallan en la cabeza y que son totalmente equiparables al cerebro y sistema nervioso. Invariablemente, si uno dice sentir tristeza o alegría, depresión u obsesiones, miedo o amor, la explicación más corriente será: “esto está ocurriendo en mi cerebro”, independiente que lo pueda estar vivenciando como algo que ocurre en algún lugar del cuerpo.

La psicología históricamente ha tenido el problema de -en cierta forma- estar “en el aire”, ya que el fenómeno mental resulta siempre invisible o intangible. Para un médico es fácil estudiar un hígado o un riñón porque existe un cuerpo que puede ser observado y examinado directamente, pero para el psicólogo resulta imposible observar directamente la mente de un paciente y necesita basarse en lo que éste dice o hace.

Esta limitación ha llevado a que los métodos de la psicología dependan demasiado del lenguaje y la interpretación, y que a menudo sean vistos como menos objetivos y concretos que –por ejemplo– los de la medicina. Los pacientes, por lo común deben hablar de lo que le pasa, y no siempre –a pesar de llevar hablando mucho tiempo- obtienen curación o mejoría.

De esta forma, el enfoque desde el Campo Energético –al menos el que propone ADABA– llena el vacío que la psicología siempre ha tenido con respecto al estudio de la mente o psique, referido a la falta de ese cuerpo que le permite objetivarla. La sanadora norteamericana Barbara Brennan (2003), que puede considerarse precursora 30 años antes, de ADABA, lo expresa así:

El aura es, en realidad, el «eslabón perdido» entre la biología y la medicina física y la psicoterapia. Es el «lugar» donde se localizan todas las pautas sobre emociones, pensamientos, recuerdos y comportamientos que solemos discutir incansablemente en la terapia. Estas pautas no están simplemente suspendidas en algún lugar de nuestra imaginación, sino que se sitúan en el tiempo y en el espacio.” (pág. 66)

Justamente en el campo energético podemos ubicar espacialmente estas pautas de pensamiento y emoción que en su interior se muestran como “formas” o “estructuras” de energía estables en el tiempo/ espacio. Esto permite –con sólo un vistazo al campo- determinar qué le ocurre al paciente desde el punto de vista psicológico o mental, y comenzar a tratarlo a través de esta misma vía: la energética. Incluso si el paciente carece de la suficiente consciencia como para relatar su estado, el sanador de ADABA se hará una idea clara con sólo observar las formas que presenta y su ubicación.

Finalmente, si tuviésemos que definir a qué modelo de mente se está adscribiendo ADABA, habría que decir –por tanto- que se trata de una “mente encarnada”[1] . En otras palabras, la mente (o psique) se halla encarnada en el aura o campo energético. Tanto es así que muchas de las metáforas y representaciones mentales que utilizamos a diario, a través de las cuales pensamos y que se expresan en el lenguaje corriente, muestran fenómenos que están realmente ocurriendo en un nivel “energético”. Por ejemplo: “fue una experiencia DESGARRADORA”, “tengo un NUDO en la garganta”, “asumo el PESO de esta responsabilidad”, “siento un AGUJERO en el alma”, “se le ENDURECIÓ el corazón”, etc., son sensaciones o autopercepciones reales que hablan de un nivel invisible pero extremadamente real. De hecho, numerosas personas constantemente consultan al médico por sensaciones físicas reales que sin embargo son prontamente descartadas porque “ahí donde les duele no hay físicamente nada”.

Entonces son derivados al psiquiatra o al psicólogo, porque se asume que se trata de una mala jugada de la imaginación. En un examen del campo energético, sin embargo, todas esas sensaciones y síntomas, cobran inmediatamente un significado perfectamente claro. Es posible establecer una relación causal directa entre las estructuras del campo y dichos síntomas, con tal precisión que el sanador, al manipular esas estructuras, logra provocar alivio en el paciente.


La Perspectiva Estructural

El trabajo sobre el campo energético no es algo nuevo y, sobre todo en los últimos años, ha surgido infinidad de terapias que trabajan con y a través de él. En ese contexto, ¿qué sería lo particular que propone ADABA y qué la diferencia de estos otros enfoques que operan con “la energía”?

En realidad, la mayoría de los sistemas que trabajan con el campo energético, podríamos afirmar que lo hacen desde una perspectiva que llamaremos funcional, centrada en nociones de “flujo” y “movimiento”. Esto quiere decir que se plantean desde el punto de vista del funcionamiento y del estado del campo, y sus métodos apuntan –por un lado- a describir este funcionamiento en el paciente y –por otro- a reestablecerlo si se encuentra alterado o interrumpido. Algunos diagnósticos funcionales típicos son: “tienes un BLOQUEO a nivel del chakra del corazón” o bien “tu chakra raíz está CERRADO… DESALINEADO, DESVIADO…” o “tu canal central se encuentra BLOQUEADO”, etc. La acupuntura es un gran ejemplo de una perspectiva funcional muy bien desarrollada y en general toda la medicina china lo es, ya que en el pensamiento oriental, la noción de flujo resulta primordial en su forma de comprender el universo.

Sin embargo, el problema de las perspectivas funcionales es que si bien describen correctamente el funcionamiento de la energía en el campo, no son capaces de determinar QUÉ está causando este funcionamiento. Es decir, si estamos trabajando con el campo energético, debemos ser capaces de determinar también cuáles son las estructuras dentro de este mismo que están a la base de sus funcionamientos anormales. Si no lo hacemos, y decimos por ejemplo “tu bloqueo ocurre porque estás triste”, finalmente estamos volviendo a la explicación meramente “psicológica” y el campo toma bien poca relevancia final. Si la explicación es psicológica, entonces el aura sólo sirve para diagnosticar y merece sólo tratamientos “de superficie” que no producen cambios permanentes en la forma de ser del individuo[2].

Por ejemplo, si alguien dice “está bloqueada la calle”, está describiendo correctamente el estado funcional de la calle. No obstante no aporta nada sobre las causas del bloqueo, ya que podría ser que se halle cerrada porque ha habido un choque, o porque cayó un árbol, o porque están haciendo reparaciones, o porque hay una competencia deportiva, etc.

Cuando un terapeuta “de la energía”, que se maneja sólo funcionalmente, dice “este paciente tiene el chakra X bloqueado”, normalmente no sabe describir la naturaleza de las estructuras que se hallan a la base de este bloqueo. Por lo común intentará devolver el flujo y restablecerlo mediante una “limpieza” o cualquier otro tratamiento de mantención o “alineamiento” (con visualizaciones, alimentación, Reiki, mantras, etc.) pero con poca precisión, ya que se trata de procedimientos generales que en algunos casos darán frutos y en otros no.

Por otra parte, si no se atiende la causa estructural del bloqueo, es mucho más probable que la solución sea momentánea, es decir, el paciente se logra sentir bien inmediatamente después de la terapia pero después vuelve a sentirse bloqueado.

Es aquí donde ADABA propone una nueva perspectiva, que llamaremos “Perspectiva Estructural del Campo Energético”. Se basa en la premisa fundamental de que “la intención crea formas en el campo”. En otras palabras, en el campo energético encontramos infinidad de formas y estructuras que corresponden a patrones de pensamiento, conducta y emoción, de tal manera que TODA la realidad psíquica, mental y espiritual de un individuo se halla energéticamente representada en dichas formas.

Allí donde el terapeuta común describe flujos, bloqueos y desequilibrios, el sanador ADABA determina qué estructuras particulares se hallan asociadas a qué comportamiento o síntoma en cuestión, su naturaleza y origen. Porque indudablemente las estructuras son formaciones energéticas diversas, que varían enormemente en tamaño y localización.

La mayoría son originadas por el propio individuo (a través de la intensidad y repetición de sus pensamientos y emociones), mientras otras son adquiridas, lanzadas o colocadas por otros.

Hay que aclarar que el sanador ADABA que maneja la Perspectiva Estructural, no prescinde ni del nivel funcional, ni tampoco del nivel que llamaremos “de la experiencia”; veamos el siguiente cuadro:

 

En primer lugar, el Nivel de la Experiencia tiene que ver con todo lo que el sujeto relata como sensación o síntoma en base a lo que él mismo experimenta. Cuando los pacientes acuden a tratarse, lo hacen casi siempre porque sienten algún dolor o malestar. Es éste nivel que se trabaja en la psicoterapia, cuando el terapeuta pide a al sujeto que relate lo que siente y piensa, y en definitiva es el también nivel donde los cambios de cualquier tratamiento finalmente deben notarse. En el ejemplo, la experiencia del sujeto es sentirse triste.

El Nivel Funcional es ya un nivel energético y –lo habíamos dicho- nos muestra cómo se encuentra el campo en términos de funcionamiento y flujo. En el cuadro el diagnóstico funcional indica que el chakra cardiaco posee un funcionamiento deficiente, lo cual se observa como un bloqueo u obstrucción de su flujo.

Por último, el Nivel Estructural resulta el más específico, al mostrar formas que son las responsables del bloqueo funcional. Estas formas que llamamos estructuras tienen dimensiones, densidad y volumen, de tal manera que pueden ser “operadas” o “manipuladas”. Es un nivel tan concreto que permite establecer con precisión relaciones de causalidad hacia los otros niveles. Si se modifican las estructuras, el funcionamiento del campo y, finalmente también la experiencia del individuo, cambiarán radicalmente.

En el sentido inverso del cuadro, cuando el sanador ADABA observa -utilizando su percepción ampliada- las estructuras del paciente (nivel estructural), es capaz de determinar qué funcionamiento energético provocan (nivel funcional) para finalmente decir qué patrón emocional y/o de pensamiento generan en el individuo (nivel de la experiencia). Esto significa que el campo energético se puede leer tal como un detective lee la escena del crimen para reconstruir los hechos que allí acaecieron. El sanador asimismo logra reconstruir de qué manera fueron creándose esas estructuras y a qué intención en términos psicológicos corresponden.

Por último, el cuadro pone de relieve que cualquier sentir del paciente puede tener más de una causa funcional, y que a su vez cada una de éstas puede tener múltiples causas estructurales. Esto significa que el nivel estructural es donde se realiza el trabajo más minucioso y concreto. Por supuesto, lo que más conviene siempre es trabajar con los tres niveles integrados, ya que cada uno aporta una perspectiva de la cual no es bueno jamás prescindir.

En lo que respecta a la Perspectiva Estructural, ésta nos permite hablar de ADABA como una especie de “cirugía de la energía”. Aunque en cierto sentido estamos pecando de reduccionistas (quizás ADABA debiese ser más bien comparada con la medicina en su totalidad), de todas formas la comparación con la cirugía es válida para entender su alto nivel de concreción y precisión. Los sanadores se entrenan en percibir y operar formas en el campo, no obstante -sin dejar de lado los otros niveles- también en percibir y comprender flujos y funcionalismos, y en sintonizar en profundidad con el sentir del paciente.

La Perspectiva Estructural ha sido la gran ausente en las terapias de la energía. Sólo basta ver cuánta pobreza de información sobre las estructuras existe aún hoy en las decenas de libros y manuales que se han escrito sobre el aura, por no decir lo poco que sabe un terapeuta promedio sobre el tema. Aún así, existen importantes antecedentes como el ya señalado de Barbara Brennan (2003), que habla de “bloques energéticos” como manera de referirse a las estructuras. No obstante, la sanadora no establece un sistema basado en esta mirada, sino más bien se termina reenfocando en el diagnóstico y tratamiento de los chakras (es decir, una perspectiva funcional). Otros autores como la vidente mexicana Olga Menéndez (2008), se refieren a “ataduras” en vez de estructuras, mas igualmente sus apreciaciones –al carecer de perspectiva teórica– acaban quedándose en lo anecdótico.

Hace sólo unos cuantos siglos atrás, en la Edad Media, analizar la estructura del cuerpo físico estaba casi por completo ausente de la medicina. Casi todas las enfermedades se atribuían a la voluntad divina, y los médicos de esa época efectuaban un sinnúmero de procedimientos inspirados más en nociones filosóficas que en conocimientos empíricos. No obstante, las observaciones de algunos llevaron a pensar que debía haber causas naturales y comenzó la exploración del cuerpo físico y sus órganos. En otras palabras, se fue imponiendo la verdad: que para entender y curar las enfermedades del cuerpo era necesario estudiar su “estructura”. Hoy en día, sin ir más lejos, nos hallamos en un punto similar en lo que a las terapias de la energía se refiere. ADABA nos plantea que para entender la psique y los patrones mentales y emocionales, es necesario estudiar las estructuras (y no sólo el funcionamiento) del campo energético. Esto abre un ámbito de exploración y posibilidades tremendamente nuevas, donde la enfermedad mental o psíquica puede curarse directamente desde el campo, con procedimientos que en el pasado fueron llamados mágicos o milagrosos.

Brennan, B. (2003), Manos que Curan, Buenos Aires: Martinez Roca

Menéndez, O. (2008), Rompiendo Lazos, Barcelona: Obelisco

 

[1] El concepto de “mente encarnada” o “embodiment” se encuentra bajo ese nombre en los trabajos de Lakoff & Johnson (1999). Esta idea establece que el cuerpo estaría actuando sobre la organización y estructuración de los procesos mentales, de tal manera que las representaciones con las cuales pensamos –incluso ideas y conceptos abstractos– surgen a partir de la experiencia corporal.

[2] En psicología se utiliza el término “epifenómeno” para llamar a todo fenómeno que emerge como una manifestación secundaria de la actividad del individuo, pero sin estar implicado realmente en ésta. Si los problemas de funcionamiento del campo energético se terminan explicando en términos meramente psicológicos, éste en sí quedaría como un mero “epifenómeno” de la actividad mental.