A continuación describiremos algunas de las formas energéticas más comunes con las que se topa un sanador de Adaba al momento de trabajar sobre el Campo Áurico. Se trata de formas que poseen una ubicación espacial dentro de aquél, o sea, se las puede captar como cuerpos tridimensionales más o menos densos, de diversa naturaleza y tamaño. Dado que se hallan en múltiples capas o niveles vibratorios, y por lo tanto suelen coexistir unas con otras, dependerá de la capacidad del sanador el poder percibirlas en la medida en que logra sintonizar con dichos niveles.

Es necesario recalcar además, que estas conformaciones implican siempre un grado de rigidización o discontinuidad dentro del Campo. Esto quiere decir que interrumpen su fluidez natural, acarreando el dolor y el sufrimiento. Que la falta de fluidez es sinónimo de detención y enfermedad ya ha sido señalado por muchas disciplinas espirituales; el punto es que acá lo estamos entendiendo desde la perspectiva del Campo Energético, que resulta muy útil por ser muy concreta y real. Y constituye –a la vez- un enfoque estructural porque de lo que se trata es describir las «estructuras» o –más precisamente- «formas» específicas responsables de la interrupción del flujo.

Aunque existe infinidad de formas, hemos seleccionado aquellas que nos han parecido las más comunes.

1. Estructuras

Se perciben como zonas densas dentro del campo energético y suelen constituirse como cuerpos definidos y estables. Son muy diversas en forma, tamaño y «textura» emocional, pero todas representan –de algún modo- patrones de pensamiento y emoción cristalizados. Si un mismo pensamiento se reitera durante mucho tiempo, esa forma se «cristaliza», es decir, toma forma estable y delimitada en el tiempo y el espacio. Por ejemplo, un pensamiento del tipo “los hombres no lloran”, al repetirse durante mucho tiempo, termina «cristalizándose» como estructura que podría –por ejemplo- estar ubicada en la zona del pecho. Si el sujeto quiere llorar, la estructura opera como un bloqueo, inhibiendo el llanto. Es debido a las estructuras que el cambio psicológico resulta tan difícil, porque aunque el individuo quiera cambiar, las estructuras se lo impiden. Es cierto que a través de la comprensión y nuevos condicionamientos es posible modificarlas, pero resulta muchísimo más rápido trabajarlas a través de Adaba. En efecto, al ir operando las estructuras, el cambio va siendo sistemático.

2. Heridas o fisuras

Constituyen zonas del campo energético en las que éste se halla desgarrado, de tal manera que su aspecto y sensación es el de una verdadera grieta o herida. A través de éstas, la persona literalmente se desangra energética y emocionalmente, experimentando sentimientos de dolor, pena, angustia, y otros por el estilo. Su origen suele corresponder a situaciones traumáticas de esta u otras vidas que –dada su importancia e intensidad- acabaron por desgarrar el tejido del campo. A menudo expresiones como “resulta desgarrador” o “se me parte el alma” registran esa vivencia de que en alguna parte nuestra «algo se nos rompe». En el caso de las depresiones, casi siempre existe una herida a la base, lo mismo que en casos de autoestima baja o cuando la gente siente pena o dolor injustificados.

3. Nubes, Nieblas, Babas y Alquitranes

Son formas energéticas no estructuradas, en el sentido de que no alcanzan a cristalizar como estructuras al no existir un pensamiento que las articule. En el caso de las nubes y nieblas, hablamos de emociones como la pena o la angustia: “anda con la nube negra” se dice en lenguaje común. Los mocos y las babas, por su parte, suelen ser desechos de estructuras y desechos emocionales en general que –al igual que las nubes- también oscurecen y ensucian la energía del campo, generando síntomas emocionales negativos. Los alquitranes, por su parte, hablan de odios muy profundos sostenidos en el tiempo, y/o cuando la persona se ha «envenenado» haciendo magia negra.

4. Púas, Ganchos, Maldiciones y Males

Son un tipo particular de daño, que no proviene de la propia persona, sino que ha sido arrojado desde afuera por el ataque de un tercero. En el caso de las púas y ganchos, se trata de estructuras que otros arrojan cuando están siendo presas de la rabia, la envidia o el despecho, y toman la forma de una espina o de un gancho que se incrusta en el campo de la víctima generando dolor o sentimientos negativos. Este tipo de ataque se caracteriza por que suele ser más bien inconsciente, en cambio en los males y las maldiciones, el mal es intencionado. Muchas veces estas últimas se ven como estructuras en forma de puro que se incrustan en el aura de la persona y desde ahí literalmente la van envenenando progresivamente.

5. Parásitos

Son muy comunes y se trata de organismos energéticos que se adhieren al campo energético en zonas donde éste se halla débil o presa de una emoción negativa. Desde allí, se alimentan de la energía y las emociones negativas del paciente, que ellos mismos estimulan. Los hay de muchas formas: bolas con tentáculos, amebas, medusas, pulpos, babosas, gusanos, larvas, etc. A veces se hallan en tal cantidad, que agotan la energía del paciente, o lo sumen en estados emocionales muy negativos que llegan a expresarse físicamente.

6. Lazos

Se trata de uniones energéticas en forma de manguera que nos conectan energética, kármica y emocionalmente con otros seres. Los lazos entre personas no son los más problemáticos, ya que no representan necesariamente ataduras dañinas. No obstante, también existen lazos con entidades no humanas, algunas de las cuales llegan a ser muy negativas porque se alimentan del menoscabo de la persona. Muchas depresiones y angustias, y trastornos psiquiátricos de todo tipo se originan en este tipo de lazos que el sanador Adaba aprende a retirar, consiguiendo resultados que vistos desde fuera llegan a parecer milagrosos.

7. Huellas de trauma físico

Son estructuras que –como una verdadera huella emocional- se originaron en algún tipo de daño que la persona experimentó en otras vidas. Por ejemplo, si la persona murió producto de una flecha, la huella energética de esa flecha queda, con su forma casi perfecta, como una marca energética en el aura. Eso ocurre porque el objeto queda impregnado de la intensa emoción del sujeto, en este caso de su sufrimiento al momento de morir. Así pasa también –por ejemplo- con los grilletes o las cadenas que pudo haber llevado en una vida de preso o esclavo, o con un cinturón de castidad en la edad media, o con un feto en el caso de haber sido una mujer que murió en el parto o que perdió un hijo. Huellas de este tipo son muy comunes de encontrar en todos los pacientes al comenzar a tratarse con Adaba. Al parecer, una de las primeras cosas que empieza a hacer la persona al comenzar a sanarse, es a arrojar fuera todas estas estructuras «de muerte» -que el sanador retira- que de una u otra forma representan un dolor o sufrimiento.