Por Francisco Moreno T., sanador ADABA y psicólogo, extracto del libro “ADABA Sanación Estructural del Aura

Se conoce como “Campo Energético” al campo de energía que envuelve a nuestro cuerpo físico, y que alguna gente llama también “Aura” o “Campo Áurico” porque se suele percibir como una luminosidad alrededor, formando una especie de esfera que nos rodea como si estuviésemos dentro de una burbuja.

Más que un único cuerpo de energía, el aura es un sistema de muchos niveles, con densidades y frecuencias distintas. De alguna manera, constituye una especie de holograma de nuestra Alma, hallando en él todos nuestros ámbitos: psicológico, mental, espiritual, etc. El estudioso norteamericano Joe Slate (1999) señala:

Mucho más que cualquier otra característica humana, el aura manifiesta la suma y la sustancia de nuestra existencia como una fuerza vital infinita en el universo. Como fenómeno de desarrollo ofrece un continuo visible de nuestra evolución desde nuestros más remotos orígenes. Es una extensión de nuestro ser superior y una manifestación de la naturaleza cósmica de nuestro ser. Es la antena de la consciencia, el tesoro hallado del conocimiento y un depósito de ilimitadas posibilidades de crecimiento.

El aura contiene toda nuestra realidad psicológica y por tanto en ella toman forma nuestros pensamientos, sentimientos, deseos y emociones, tal como si se tratara de la pantalla de un gran televisor. Podemos ver distintos canales dependiendo de la frecuencia donde sintonicemos, pero a diferencia de un televisor donde las personas no están realmente allí, en el aura las emociones y pensamientos son estructuras con las que se puede interactuar si sabemos cómo.

Por supuesto, estamos acostumbrados a pensar que la psique, la mente, lo espiritual, etc., ocurren sólo en el cerebro, y eso se debe a que éste en sí mismo opera como un gran procesador. Sentimos una pena que nos aprieta el corazón y no obstante decimos: “esta pena está ocurriendo en el cerebro”, ya que así nos lo han dicho la psicología y las ideas científicas más aceptadas. En efecto, los investigadores abren el pecho con bisturí y no encuentran la pena pero sí registran actividad en el hipotálamo y otras áreas del cerebro. Entonces su conclusión es que “la pena está en el cerebro”. Sin embargo, si pudieran observar el campo energético, verían que esa pena tiene forma y se ubica –en este caso- objetivamente a la altura del pecho, y está realmente produciendo un tipo de opresión.

Así, los sentimientos y las emociones están íntimamente relacionados al campo energético. Son inseparables, y ésa es la razón de por qué los llamados “remedios vibracionales” (como las Flores de Bach), al actuar sobre la energía del aura, producen cambios emocionales y de percepción tan notorios como lo reportan miles de casos clínicamente descritos.

Nuestro pensar y nuestro sentir son la experiencia subjetiva de eso que está ocurriendo en algún nivel energético, y lo revolucionario de entenderlo de ese modo es que si aprendemos a manipular esos niveles podemos obtener cambios psicológicos (e incluso físicos) muy precisos.

El aura está compuesta de un tipo de tejido que llamamos energético al no poder clasificarlo dentro de las categorías materiales de sólido, líquido o gas. Generalmente es invisible a la percepción ordinaria, sin embargo, con un poco de práctica, su realidad se vuelve inconfundible. Mientras algunas personas lo logran ver, la mayoría aprende a “sentirlo” como si fuera una especie de “gel energético”, con textura, diferencias de densidad y otras características sensoriales.

Sobre este tejido, hay que destacar su naturaleza dinámica, y que mientras más sano, más fluido y brillante se aprecia. Es un tejido muy plástico, que se modela según la calidad de nuestros pensamientos y emociones.

Así, los pensamientos y emociones positivos generan un aura fluida y brillante, lo que se traduce en felicidad y bienestar. Por el contrario, pensamientos y emociones destructivos (tanto propios como de otras personas a nuestro alrededor) generan energías tóxicas que comienzan a acumularse en formas más o menos estables estructuradas en el tiempo. Entonces nos sentimos bloqueados, desgarrados, tristes, infelices… porque estos elementos han ido oscureciendo y cortando el flujo natural y sano de la energía dentro del campo.

Ni la psiquiatría ni la psicología han podido aliviar verdaderamente el sufrimiento humano porque les falta esta comprensión desde lo energético. Se han centrado demasiado en el estudio del cerebro y del lenguaje pensando que son las únicas maneras de aproximarse a los problemas de la Psique. El hecho es que muchas veces no hay éxito terapéutico, porque aunque el paciente hable y tome consciencia de su dolor, no consigue dejar de sentirse mal. Los fármacos pueden ayudar, pero un abordaje desde el campo energético es siempre más certero y ofrece soluciones de fondo.

En definitiva, existen al menos 2 consecuencias muy prácticas de adquirir la perspectiva del Campo Energético como expresión de nuestra Psique:

Consecuencia 1: Aprendiendo a percibir el Aura, podemos diagnosticar con precisión la naturaleza del sufrimiento que aqueja a una persona. Podemos “ver” sus dramas, su problema emocional de fondo y los patrones emocionales que lo sostienen sin que tenga necesariamente que hablar de aquello. Por supuesto, es un examen a cabalidad, y no se trata sólo de ver colores y apreciaciones generales como “su energía está desarmonizada”. Como vemos, eso es bastante básico. La técnica ADABA nos permite distinguir qué estructuras dentro del campo están generando qué efecto específico en términos psicológicos. Si cualquiera abriera un cuerpo con un bisturí para 20 ver sus órganos, no sabría decir mucho sobre el problema de salud de esa persona. Distinto sería un médico, quien podría observar distintos fenómenos característicos de un cuadro para él conocido. Asimismo ocurre con el diagnóstico del aura para ver formaciones y estructuras características de un patrón emocional.

Consecuencia 2: Podemos “operar” esos problemas psicológicos, y esto lo hace normalmente el sanador con la intención que él proyecta a través de las manos, afirmaciones o a veces simplemente, su propia mente. ADABA es una técnica desarrollada para hacer este tipo de intervenciones, con plena precisión y cuidado. Modificando el Campo Energético, retirando la energía tóxica, sanado las grietas dentro del tejido, etc., inmediatamente la persona va experimentando transformaciones. De todas formas, para avanzar es imprescindible ir tomando conciencia. Como veremos al ir profundizando en el estudio de la técnica, lo que es demasiado inconsciente para la propia persona, no puede tratarse. ADABA se construye –por tanto- en la colaboración mutua del paciente con el sanador.