Por Mariana Antonissen y Ariadna Martinich, capítulo del libro “ADABA Sanación Estructural del Aura”

¿Qué es un ser de Luz?

Un Ser de Luz es una entidad, encarnada o no, que vibra en una alta frecuencia y es por esta razón que tiende hacia lo luminoso y lo blanco. Otra característica que tienen los Seres de Luz es que han elegido el camino del Amor y se comportan según sus leyes.

En ADABA consideraremos tres tipos de Seres Luminosos: Ángeles, Maestros y Guías. Esta clasificación no necesariamente es la única, ya que otros autores y/o técnicas pueden exponer una terminología distinta, aunque igual de válida.

 

Ángeles.

Un ángel (del latín angêlus, del griego ángelos, “mensajero”), es descrito como un ser inmaterial o espiritual, presente en las principales religiones monoteístas de origen abrahámicas. Dentro de este contexto, los ángeles son considerados seres de gran pureza destinados a la protección de los seres humanos, así como a asistir y servir a Dios.

En ADABA, como en otras maneras de entender el mundo espiritual, debemos tener presente que los ángeles no están solo para proteger a los humanos, sino que se preocupan de la armonía en diferentes planos y de todos los seres. Sus tareas se enmarcan dentro del contexto del amor universal y velan por que éste se manifieste en todo lugar que sea necesario.
Los ángeles, en la tradición oral y escrita, han sido representados como seres antropomorfos con alas; sin embargo, como no tienen corporalidad ni materialidad asociada a este plano, pueden ser percibidos como espíritus invisibles o rayos de luz. Lo que popularmente ha sido descrito como alas, corresponde a flujos energéticos en su espalda que les permiten a ellos trasladarse a través de los planos. Son nuestros esquemas mentales, los que terminan generando una imagen asociada a lo que conocemos como alas.
Los ángeles son seres de luz de alta vibración, y por lo tanto no es usual que se manifiesten en nuestro plano, aunque sí pueden enviar su energía cuando es solicitada. Esto último, resulta mucho más resonante con los humanos, pues los ángeles no expresan emociones de la forma que las conocemos; de hecho sentir directamente su energía de manera directa, puede resultar algo incómodo, en algunas ocasiones. Los ángeles, aman a los humanos porque son parte de la energía universal, pero no es un amor cariñoso como al que estamos acostumbrados, si no que se percibe como un poco más abstracto.
Dentro de una sesión de terapia, los ángeles pueden participar entregando energía de altas frecuencias, que de otra manera sería difícil de alcanzar. Hay ocasiones en las que se les puede convocar y otras en que ellos se manifestarán cuando lo consideren necesario.
En ADABA no se trabaja llamando a los ángeles por su nombre individual, aunque sabemos que otras terapias sí lo hacen de manera explícita.

 

Maestros

Algunos autores hablan de maestros pero en realidad se refieren a os guías, por ejemplo Brian Weiss. Para ADABA, los “maestros” son seres que tuvieron una o más vidas encarnadas como humanos, y que habiendo aprendido e incorporado gran parte de las lecciones que les tocaba, y aun pudiendo trascender hacia otros planos, optaron voluntariamente por permanecer acá, aunque por lo general sin encarnar Ellos acompañan a ciertas personas o causas, con la misión de resguardar alguna línea de acción o pensamiento espiritual, o algún ideal.
Los “maestros” se diferencian de los “fantasmas”, en que estos últimos permanecen en este plano sin ningún tipo de autorización, sino sólo por un deseo personal; en cambio los maestros, tienen una autorización de parte de las jerarquías superiores, para mantenerse en este plano. Otra diferencia es que los fantasmas, al no tener autorización, tienden a desdibujarse gradualmente y a proyectar sensaciones inquietantes y atemorizantes. Los maestros, a en cambio, logran percibirse de manera nítida y mantienen su luminosidad. Por eso se dice que las sensaciones que vienen de ellos son, en general, muy agradables.
La misión principal de los maestros, está vinculada al cuidado y guía de los humanos que siguen encarnando y que de alguna forma se hallan bajo el mismo alero de aquello que los maestros han decidido resguardar. Uno de los ejemplos más comunes tiene relación con las artes marciales, donde maestros desencarnados se han quedado para preservar la pureza o continuidad de un estilo.
En una sesión de ADABA, es posible que nos encontremos con pacientes que vienen acompañados por algún maestro, el que puede necesitar que canalicemos mensajes importantes para el desarrollo del paciente, o que pueda mostrar energías necesarias para su sanación. Ellos se manifestarán y estarán dispuestos a comunicarse, cuando sea necesario y bueno para el paciente.

 

Guías

Los guías corresponden a lo que los cristianos llaman los “ángeles de la guarda”. A diferencia de lo que se mantiene como creencia en esta religión, cada humano posee dos guías que le acompañan y cada uno vibra en diferente frecuencia al otro. Uno de ellos se mantiene siempre al lado de la persona, y se encuentra “más materializado” (el que suele verse en la tradición cristiana como “Ángel de la Guarda”); en cambio el otro, puede alejarse para cumplir ciertas tareas y luego volver al lado de la persona.
No tienen cuerpo ni forma definida, pero al igual que ocurre con los ángeles, existen estructuras mentales culturalmente sostenidas que nos llevan a verlos de una forma determinada (por ejemplo, como de seres con alas, o aureolas en la cabeza, etc.). Para los humanos, los guías son una fuente de amor y protección constante, pero para que ésta pueda ser percibida por nosotros es mejor solicitarlas de manera explícita.
Los guías nos acompañan desde el momento en que decidimos encarnar como humanos, a lo largo de todas nuestras vidas. Nos aman como personas individuales, teniendo ellos también intencionalidad propia. Han elegido el camino de la luz y desean que siempre elijamos actuar según las leyes del amor, sin embargo, si no lo hacemos siguen amándonos y estando con nosotros.
Respetan nuestro libre albedrio y no fuerzan las decisiones, mas sí guían y hacen recomendaciones, aún cuando no estamos obligados a seguirlas. Es importante aprender a comunicarnos con nuestros guías y a sentirlos, ya que ellos son los que más nos conocen. Si bien es posible que seguir los consejos de nuestros guías no nos asegure la felicidad, siempre éstos apuntarán a un sentido mayor y positivo a largo plazo. Ellos van a orientar los aprendizajes significativos para nuestra alma. No es obligatorio hacerles caso todo el tiempo, ya que siendo el libre albedrío una ley suprema, todos tenemos la libertad de hacer con nuestra vida lo que queramos. Sin embargo, siempre es bueno tenerlos en cuenta a la hora de tomar decisiones, ya que tienen una visión más amplia que nosotros.
Debemos siempre tener en cuenta que los guías no lo saben todo y no lo resuelven todo. Sus palabras son orientaciones para la vida. También debemos recordar que un sanador no es un oráculo y no debe usarse la ayuda de los guías como tal. A las personas que vienen sólo a pedir información sobre el futuro o a hacer preguntas a sus guías para tomar decisiones, hay que explicarles que eso no siempre es una ayuda, así como soplar las respuestas de una prueba no hace que el estudiante aprenda. Los guías están para apoyar y orientar sobre cómo resolver nuestros problemas, para seguir aprendiendo y conducirnos por un camino armónico con los aprendizajes que nuestra alma ha establecido para esta vida; pero en última instancia debemos aprender a ser autónomos y tomar nuestras propias decisiones.
En ADABA los guías se constituyen en una especie de herramienta que apoya el trabajo y que entregan mucha información relevante para el proceso de sanación del paciente, dando energías de alta frecuencia y mensajes que necesitan ser canalizados. Al comenzar la sesión pediremos a nuestros guías y a los guías de nuestro paciente que sean parte del tratamiento, y en general ellos decidirán cuándo materializarse y participar de manera activa (pasando energía o moviendo estructuras por ejemplo). Sin embargo, siempre podemos solicitar su ayuda y guía en cualquier momento de la sesión.
Podemos aprender a sentir a los guías propios y de los pacientes. Aunque todos los guías son diferentes, la energía que transmiten es siempre de una frecuencia cálida y amorosa. El trabajo con los guías ofrece amplias oportunidades de crecimiento y aprendizaje.
Cuando contactamos con nuestros guías, podemos pedirles ayuda en nuestra propia sanación, pidiendo que nos pasen la energía que necesitamos, o bien que retiren ciertas estructuras.
Enseñar al paciente a sentir la energía de sus guías también puede ser una muy buena herramienta para que éste practique por su cuenta y consiga mejorar sus estados emocionales, especialmente para sentirse acompañado en momentos de soledad.

Canalización

Una de las posibilidades de trabajo con los guías, que ocuparemos en ADABA, es la canalización de información; a continuación explicaremos de manera más precisa esta habilidad que se entrena y se cultiva con la práctica. Inicialmente uno puede aprender a escuchar y reconocer la voz de sus propios guías, para luego canalizar otros guías o seres.
En ADABA, vamos a entender el concepto de canalización como la interpretación y escucha activa de nuestros guías, guías del paciente y otros seres de luz. Este proceso es relativamente sencillo una vez que se consigue dejar la mente lo suficientemente tranquila para permitir que la información llegue. La tranquilidad mental necesaria puede descubrirse o potenciarse con la práctica de la meditación. Meditar permite que la mente aprenda a distinguir y a tomar una consciencia más profunda de los propios pensamientos y emociones. Los estados meditativos propician un uso distinto de los procesos mentales y, por lo mismo, predisponen para tener la mente disponible y abierta a otro tipo de lenguajes, códigos o procesos. A medida que conocemos mejor nuestra mente, reconocemos nuestro propio lenguaje, nuestras emociones, nuestras imágenes mentales, incluso nuestra voz interior. Esto facilita el reconocimiento de otras voces, otros códigos y otros lenguajes.

Al canalizar, no soy yo el principal conductor de mi mente, sino que permito que “alguien más” ponga en mi mente imágenes, sensaciones o palabras que yo voy a traducir. Se suele decir que al canalizar uno entra en algún tipo de “trance”, pero esta palabra es un poco fuerte. Podemos hablar mejor de un “estado” mental, que luego aprendemos a reconocer en nosotros a través de ciertas señales que pueden ser muy personales en algunos casos. Algunas de las señales más comunes son:

  • SENSACIÓN MENTAL: Sé que no soy yo el que está elaborando esas palabras porque no estoy pensando. El área de mi cerebro que suele elaborar frases antes de decirlas, no está activada.
  • SENSACIÓN CORPORAL: Algunas personas tomamos una postura física específica cuando nuestra mente está siendo “usada” para transmitir un mensaje.
  • CONSCIENCIA: Ocurre muchas veces que al canalizar decimos muchas cosas que luego no recordamos haber dicho, porque no las procesamos activamente.
    Los mensajes pueden ser de tipo auditivo, visual o kinestésico. Y, por otra parte, una canalización puede ser de un solo tipo, o puede ser una combinación de dos o más. Revisemos en qué consiste cada uno:
  1. MENSAJE AUDITIVO: Una posibilidad de la canalización auditiva o “escuchada” puede consistir en repetir palabras que nos llegan a la mente de una manera literal y directa. En este caso los guías (u otros seres de luz) hablan directamente a través de nosotros mientras prestamos nuestras cuerdas vocales. Pueden ser mensajes en lenguaje cotidiano o a veces en lenguaje más elaborado con palabras y/o expresiones que no son propias de nuestro vocabulario normal. Esto suele darse cuando la exactitud de las palabras resulta muy importante para el mensaje, así como cuando la resonancia del mensaje debe llegar profundamente a ciertas partes del alma o del subconsciente de la persona. Otra posibilidad es cuando el ser espiritual nos habla a nosotros para que procesemos el mensaje y lo entreguemos a la persona de manera más comprensible o con más explicaciones, asegurándonos de que la persona entienda. Suele pasar cuando es necesario que la persona comprenda el mensaje “aquí y ahora”, de una manera bien consciente. Lo importante en este último caso es el concepto y no tanto las palabras que se usen.
  2. MENSAJE VISUAL: Los mensajes visuales consisten en imágenes que se nos presentan dentro de nuestra mente, pudiendo ser literales o figuradas. Es decir, en ocasiones se percibirán imágenes del paciente realizando acciones ya sea en el pasado (de esta vida u otras) o movimientos que se sugiere seguir. En otras oportunidades veremos representaciones simbólicas de lo que se quiere transmitir, como metáforas, y que requerirán mayor decodificación. Aun así, puede ser relevante contarle al paciente la imagen, ya que muchas veces la elección de éstas no es azarosa, y posee una carga significativa dentro de sus vivencias y códigos personales.
  3. MENSAJE KINESTÉSICO: En una canalización, de éste tipo, los mensajes suelen estar acompañados de emociones o sensaciones físicas que nos dan pistas sobre lo que se está diciendo o transmitiendo. Nos pueden ayudar también a interpretar mejor la intención del mensaje.

El o los canales que se usen para canalizar dependen de cada persona. Puede ocurrir por ejemplo que si somos muy visuales, nos sea más fácil recibir imágenes. También depende del ser que está enviando el mensaje y qué facilidades tiene para comunicarse con nosotros.

Debemos recordar que los guías y ángeles, usan lenguajes más complejos, es decir, con una riqueza emocional y simbólica mucho más amplia que la nuestra. Por lo mismo, para ellos a veces resulta difícil hacerse entender por un canalizador y a menudo recurren a más de un canal. Ésta es una de las dificultades de la canalización: transmitir el mensaje lo más fiel posible para que cumpla con su objetivo, y no con lo que sólo creemos que están queriendo decir. Tampoco confundir con lo que a nosotros nos gustaría decir al paciente, que es un punto de mucho cuidado en sanación: no terminar proyectando en el paciente los propios contenidos. Hay que tener mucho cuidado para no confundir todas esas sensaciones con un mensaje de los guías.
Siempre debemos intentar ser los más objetivos y autoobservarnos constantemente. Los mensajes de los guías siempre son amables y respetuosos; nunca lapidarios o violentos. Jamás dan ultimátums o amenazas.
Cuando corrigen a una persona, lo hacen de una manera muy amorosa. A veces usan tonos más imperativos, cuando la persona lo necesita, (esto ocurre muy poco) por ejemplo con personas que son muy porfiadas o que se están “haciendo los tontos” con su aprendizaje y no quieren escuchar. Es muy importante distinguir el “tono” con el que escuchamos los mensajes, ya que nos permitirá eventualmente identificar seres impostores que se quieren hacer pasar como guías.
Por otra parte, no es inusual que las personas ignoren o “seleccionen” los mensajes canalizados, haciendo caso omiso de lo que no les conviene y quedándose sólo con lo que les gusta. Esto ya será decisión de cada uno, pero como sanadores podemos hacérselos notar. Para cualquier canalización, es necesario estar sincronizado con el paciente lo más posible, en el sentido de entender cuáles son sus códigos y su lenguaje. Hay que respetar su estado emocional y su momento de vida. Es muy importante, como ya se ha dicho muchas veces, tener la intención puesta en el bienestar de la persona. La revisión de nuestra sensación interna es muy importante en esos momentos. Hay que recordar que ADABA trabaja sobre el paciente, pero también el proceso de sanación es para el sanador o terapeuta; el trabajo personal de este último es muy importante.

Puede ocurrir que no queramos dar ciertos mensajes porque nos parecen muy duros o innecesarios. En esos casos, debemos tomarnos el tiempo para chequear nuestra sensación interna y preguntar de nuevo a los guías si efectivamente debemos transmitir ese mensaje. Debemos intentar también no censurar mensajes que son importantes sólo por no querer que la persona se moleste o se vaya de la consulta con una sensación de decepción.
Hay casos en que el canalizador no entiende el mensaje o no logra decodificarlo, por ejemplo, cuando muestran imágenes que no se sabe cómo interpretar. Entonces se puede hablar al paciente con toda sinceridad de las imágenes recibidas o las sensaciones y decir honestamente “no sé bien qué quieren decir tus guías… me muestran…”
Quizás al paciente le haga sentido lo que están mostrando, o lo entienda tiempo después cuando la imagen o el mensaje se vuelvan algo significativo. De a poco y con entrenamiento, se aprende a escuchar, a revisarse a sí mismo y canalizar cada vez mejor.

Por Francisco Moreno T., psicólogo y sanador ADABA, extracto del libro “ADABA Sanación Estructural del Aura

 


El concepto de Estructura Energética -medular dentro de la técnica ADABA- resulta aun hoy desconocido entre la mayoría que investiga o realiza terapias a través de la energía. Casi todos los libros y sistemas sobre el aura se concentran en describir, diagnosticar y/o trabajar el funcionamiento de los chakras (y/o los distintos niveles y canales de la energía), pero pasan por alto que el campo presenta formas o cristalizaciones.

En efecto, las estructuras son formas de energía ubicadas en el tejido del campo, que se mantienen relativamente estables en el tiempo. Cada una por sí misma representa algún tipo de patrón mental/ psicológico cristalizado, es decir: pensamientos, sentimientos, emociones, comportamientos, que se han rigidizado y han llegado a constituirse como “masas” o “cuerpos” rígidos en el espacio del campo. En otras palabras, si aceptamos el principio de ADABA de que la mente está en el campo, las estructuras vienen siendo formas mentales fijas, mente cristalizada y rigidizada. Representan patrones, esquemas, formas de pensar y sentir, de emocionarse, de reaccionar o conducirse frente a la vida, que –si bien pueden prestar[1] funcionalidad en algún momento- obstaculizan el desarrollo sano del sujeto hacia los niveles más altos de conciencia, bienestar y felicidad.

A decir verdad, la mayoría de las personas tendemos a identificarnos con nuestras estructuras: por ejemplo, a menudo decimos “SOY enojón”… o “SOY rígido”… “SOY poco comunicativo”… “SOY tímido”… “inestable”… “… etc. Esto es un error, ya que debiéramos entender que cualquier conducta, o forma de pensar o sentir, que sea rígida, y termine causando sufrimiento o incomodidad a nosotros o a nuestros semejantes, no puede ser señal de un funcionamiento sano o normal.

Las estructuras, como formas que se mantienen fijas, producen una detención en la energía del campo; ésta deja de ser fluida y comienza a ponerse densa y pesada. No se corresponden con nuestra naturaleza esencial, son más bien algo artificial que hemos construido al rigidizarnos como alma.

 

Origen de las Estructuras

El origen de las estructuras debemos hallarlo en los pensamientos, sentimientos y disposiciones físicas y emocionales que hemos sostenido a lo largo del tiempo, no necesariamente en una sola vida sino -como suele ocurrir con todo lo que atañe al alma y al campo energético- a lo largo de muchas.

Estos pensamientos son como la gota de agua en la caverna, que de tanto caer, sedimenta y termina por crear una estructura en la roca. Por ejemplo, si alguien repite constante e intensamente durante mucho tiempo el pensamiento “debo quedarme callado”, el resultado a lo largo del tiempo será una estructura en la garganta que literalmente hará que la persona se quede sin hablar. Si el pensamiento que la persona se repite –en cambio– fuese “tengo que quererme”, quizás lo que hallaríamos es una estructura en el plexo solar (chakra que tiene que ver con la autoestima). Aparentemente esta última estaría siendo una estructura positiva, sin embargo, si se presenta como una forma rígida, resulta igualmente artificial y a la larga dañino.

De este modo, podemos decir que las estructuras se forman a partir de la repetición de una intención que se ha apartado de la verdad natural y consciente de esa alma. Tal como lo plantean muchas filosofías y maestros espirituales, esa verdad tiene que ver con el desapego y el soltar las expectativas: no forzar… no retener nada. Cuando el individuo se llena de expectativas de cómo deben o deberían ser las cosas, está creando estructuras, tanto a nivel mental como a nivel del campo. Si en cambio, se mantiene abierto a lo nuevo, consciente y desapegado, su campo se conserva dúctil; si bien presenta formas éstas no son ni rígidas ni permanentes.

Supongamos que una joven en una tribu primitiva se hace la expectativa de casarse a los 15 años y tener muchos hijos. Durante mucho tiempo alberga esta idea como un deseo fijo, sin aceptar pensar en ninguna otra posibilidad. Naturalmente con esto termina creando una gran estructura en forma de bloque a nivel del pecho. Si la joven –por cualquier motivo- no consigue casarse, o bien peor, si se casa pero descubre que no puede tener hijos, su sueño se viene abajo y la estructura –dada su rigidez- comienza a causarle dolor: le impide fluir y adaptarse con éxito a su nueva condición. Físicamente incluso, la joven empezará a experimentar dolor y opresión en la zona del pecho, mientras una sensación de desgarro a raíz de la rotura de la estructura, se le instalará de a poco.

Ante la realidad del dolor, es probable que fabrique nuevas estructuras, esta vez como forma de reprimirse o insensibilizarse. Por ejemplo, si se repite a sí misma “no importa”, la joven podría intentar bajarle el perfil a su situación. En ese caso, un nuevo bloque se instalaría en la zona, quizás también reforzado por una estructura tipo casco ubicada en la cabeza que le estaría permitiendo racionalizar su situación. En otras palabras, a través de este casco estaría filtrando o tapando sus sentimientos a través de justificaciones y explicaciones. Lo cierto es que en todos estos casos, está recurriendo a mecanismos rígidos y no a la comprensión que surge de la conexión natural con su propia Mente Profunda. Distinto sería intentar comprender, adaptarse, y permitirse fluir; el dolor desaparecería naturalmente, no a través de “mecanismos”.

De esta forma, las personas hemos ido creando una gran cantidad de estructuras a lo largo de las vidas por las que hemos pasado. Las hemos creado a través de la REPETICIÓN y de la INTENSIDAD de nuestros pensamientos e intenciones. Vida tras vida, las hemos ido reforzando, complejizando y modificando, de tal manera que tenemos que decirlo de este modo: las estructuras son la historia de nuestra alma, o al menos una parte importante de ésta.

Clasificación y tipos de Estructuras

Las estructuras pueden ordenarse en muchos tipos según la manera en que se las clasifique. Por ejemplo, si el criterio es la forma y ubicación, podríamos hablar de: cascos, máscaras, pecheras, yelmos, armaduras, mallas, cinturones, rodilleras, grilletes, guantes, escudos, cadenas, prótesis, ladrillos, torniquetes, brazos, cintillos, collares, cuellos, corsés, calzones, etc.

Si el criterio fuera el origen, podríamos hablar de (1) estructuras que han cristalizado a partir de los propios pensamientos e intenciones de uno; versus (2) estructuras que han sido colocadas por otros (como estructuras de trauma, sellos, púas, ganchos, ataques de magia negra, etc.); versus (3) estructuras que se han adquirido por contagio (parásitos energéticos); versus (4) estructuras adquiridas a través de pactos con energías o entidades externas.

Si el criterio es el grado de complejidad a la hora de trabajarlas, tendremos (1) estructuras simples (aquellas que se pueden remover manualmente sin recurrir a afirmaciones) y (2) estructuras complejas (aquellas han sido creadas conscientemente y pueden ser removidas sólo con afirmaciones u otros procedimientos más elaborados).

Lo común a todas estos tipos de estructuras es que siempre nacen de una intención y que a nivel psicológico o mental representan un patrón. La rigidez de ese patrón dependerá de cuán rígida es la estructura, y viceversa.

Comprendiendo la función de las Estructuras

Cuando se trabajan las estructuras, es necesario partir de la base que todas están ahí porque hacen algo, es decir, cumplen una función particular. A veces esto se puede saber con sólo tocar la estructura; la sensación que trasmite informa al sanador sobre su naturaleza y función (y a veces también origen). En el caso de que esto no se logre sentir, siempre está la opción de deducirlo según la posición de la estructura en el campo, entendiendo con qué chakras o zonas del cuerpo se relaciona. Por ejemplo, si se halla en la cabeza, lo más probable la estructura tendrá que ver con alguna pauta rígida de pensamiento; si está en el cuello, seguro será con comunicación; si está en la pelvis, con sexualidad y/o la manera de plantarse o fluir en la vida; etc. Por último, también la forma señala función: si tiene forma de coraza o escudo, es para protegerse; si tiene forma de máscara, seguramente oculta el rostro; si tiene forma de cuello o bufanda, seguro ayuda a mantenerse callado.

Por supuesto, estas últimas “correspondencias” son sólo generalidades, y probablemente es una visión holística que integre todos los aspectos la que más y mejor información aporte. En definitiva, sólo la práctica es la que permite adquirir soltura en el arte de interpretar o leer una estructura.

Cómo se trabajan las Estructuras

Existen muchas maneras de trabajar las estructuras, ya sea removiéndolas o deshaciéndolas, y ya sea a través de la operación manual, o a través de las afirmaciones, o a través del canto, la psicoterapia o las esencias florales, sólo por señalar los métodos más comunes. Para efectos de este escrito y debido a que es la forma más básica de trabajar estructuralmente, nos ocuparemos de describir el método de la operación manual.

Procedimiento básico para retirar una estructura manualmente:

  1. Acercar las manos suavemente a la zona donde se percibe que hay una estructura.
  2. Conectar con la sensación (cosquilleo) particular que produce la estructura.
  3. En lo posible colocar las manos rodeando la estructura, por los lados, debajo y/o encima de ésta como para tomarla.
  4. Imaginar que las manos se encienden como si fueran dos grandes imanes, e intencionar que la estructura se adhiera a las ellas.
  5. Levantar LENTAMENTE las manos con la intención puesta en llevar consigo la estructura (acá el movimiento puede ser hacia arriba o hacia el lado).
  6. Imaginar e intencionar que los Guías (Seres de Luz) del paciente reciben la estructura y se encargan de ella.
  7. Aplicar energía con las manos en el lugar donde estuvo la estructura a fin de rellenar cualquier hueco que ella haya dejado en el campo.

Cuando la estructura no logra salir, es decir, las manos avanzan pero la estructura no (percibimos que queda donde mismo) lo aconsejable es irradiar energía conectando profundamente con la estructura a fin de lograr que se suelte.

Cuando sentimos que ha soltado, podemos retirarla sin problema, no obstante si no soltara lo más probable es que estamos ante una estructura de naturaleza compleja (véase ADABA Sanación Estructural del Aura, capítulo XVIII) que no puede ser removida de manera sólo manual.

A veces los sanadores optan por un segundo método que consiste en derretir o deshacer la estructura. Para esto lo esencial es colocar las manos en la estructura, irradiándole energía. La clave está en poder sintonizar en la vibración o frecuencia exacta de la estructura. Mientras más energía le irradiamos, vamos intencionando ir deshaciéndola. Si la estructura es de rabia, vamos poniendo una energía que calme esa rabia; si es de pena, colocamos amor que sane esa pena; si es de miedo, colocamos confianza; y así sucesivamente.

 

Algunos ejemplos gráficos de estructuras

 

Estructuras tipo “casco”, que indica que el sujeto utiliza muchísimo el pensamiento para racionalizar y/o idealizar.

 

 

Estructura en la espalda que muestra “tentáculos” de manipulación.

 

 

Estructura en el cuello, de alguien que tiene problemas para comunicarse, al no poder decir lo que realmente siente o piensa.

 

[1] Si bien no son inmutables, suelen cambiar lentamente, a menos que se rompan. Ejemplo de estructuras, en distintas zonas

Por Francisco Moreno T., sanador ADABA y psicólogo, tomado de su libro “ADABA Sanación Estructural del Aura

 

En general, debe reiterarse y reconocerse la crucial importancia, que tiene para la sanación el trabajo de cortar lazos con entidades, ya que es algo que diferencia a ADABA de otros sistemas terapéuticos. En el pasado, muchos de estos procedimientos, eran practicados a través de rituales llamados “exorcismos”, presentes en casi todas las tradiciones religiosas y mágicas del mundo.

Hoy gran parte de este conocimiento se ha olvidado y/o ha sido considerado como tabú, incluso para las iglesias que en el pasado lo ampararon. Incluso el cine ha sacado partido del tema, a través de películas donde los exorcismos son mostrados con grandes efectos especiales y poco respeto por su contexto real (que finamente es la sanación del paciente). Incluso, para muchas personas ligadas al ámbito espiritual, resultan extraños y atemorizantes los exorcismos, y aunque se sepa de ellos, muchas veces no se les comprende ni se les logra dar la importancia que tienen.

Justamente para hablar de esa importancia, se debe tener una perspectiva desde el campo energético. En ese sentido, diremos que, tanto la psicoterapia, como la mayoría de los métodos alternativos de sanación de hoy en día, poseen efectividad en la medida en que trabajan sobre sistemas de conciencia y energía AUTOCONTENIDOS. Esto quiere decir que, como métodos, funcionan bien cuando la persona posee un aura que, energéticamente, depende de sí misma. Si, por el contrario, el aura presenta conexiones (o lazos) con sistemas externos a ella misma, el resultado de estas terapias será limitado, en cuanto la persona “ya no es dueña de su energía”, y es interferida desde fuera. En otras palabras, si alguien presenta lazos con seres que le causan angustia, el psicólogo puede intentar dar consejos y hacer que el paciente tome consciencia de su problema, pero no podrá evitar la angustia.

Entonces terminará enviando al paciente al psiquiatra para que le recete medicamentos, que ayudarán sólo a manejar químicamente esa angustia. Igualmente, si el paciente acude a un terapeuta floral, las esencias equilibrarán en algo al paciente, pero no quitarán los lazos. En un nivel por debajo, la angustia seguirá existiendo. Por mucho que la persona reciba imposición de manos o acupuntura, o meditación, o cristales o flores, la angustia y otros sentimientos continuarán -aunque a veces disminuidos y controlados.

De esta forma, cortar los lazos con entidades significa ir haciendo que el sistema energético de la persona vaya siendo, cada vez, más “autocontenido” y dependiente de sí mismo. Esto lleva a obtener cambios y éxitos terapéuticos a veces catalogados de milagrosos, dado que es posible sanar síntomas que, hasta ahora, habían sido imposibles de cambiar. Por otra parte, trabajar de esta manera, devuelve a la persona su sensación de ser ella misma, junto con el empoderamiento y la responsabilidad sobre su propia vida y estados psicológicos.

En la sesión de ADABA, si el sanador sospecha o determina la presencia de lazos con ENTIDADES que estén activos en ese momento, debe evaluar tanto su naturaleza como la urgencia de retirarlos. Esto debe hacerse, sobre todo cuando el paciente esté presentando síntomas agudos de angustia, ansiedad, desolación, dolor emocional, obsesión, entre otros.

Entidades

En nuestra realidad nos hemos acostumbrado a pensar en la vida biológica como la única forma de vida en el universo. Es posible que por nuestras historias de vida y experiencia, nos inclinemos a reconocer que hay otros seres; pero, generalmente, los imaginamos lejanos y más allá de nuestra realidad. O bien, les aplicamos un sesgo positivo, y los imaginamos siempre “buenos” y “luminosos”, en la línea del Amor y de la Conciencia.

En ADABA, vamos a reconocer la existencia de seres o entidades no físicas, que se encuentran en directa interacción energética con el ser humano. Para quien se adentra en la práctica de ADABA, quizás uno de los descubrimientos más asombrosos sea ver hasta qué punto estas entidades influyen y condicionan nuestra realidad.

Así como existen millones de planetas y galaxias en el universo, también hay una inmensa variedad de seres de carácter “espiritual” o “energético” (es decir, sin un cuerpo “material”). Algunos se desenvuelven en frecuencias y planos de “luz” (correspondientes a vibraciones altas o de amor), mientras otros lo hacen en frecuencias y planos de “oscuridad” (vibraciones densas y lejanas al amor). Entre ambos extremos del espectro encuentra cabida un sinnúmero de seres de carácter más bien neutro que no se podrían considerar ni de “luz” ni de “oscuridad”. La conciencia humana –por su parte- se encuentra también en un punto de neutralidad similar. Aunque su esencia más profunda es luminosa, el hombre y la mujer pueden elegir según su Libre Albedrío adscribirse a realidades de luz o de oscuridad.

Desde tiempos inmemoriales el ser humano se asoció con entidades espirituales a las que llamó ángeles, dioses, espíritus, demonios, etc. El que hoy vivamos en un mundo que haya dejado de creer en las que considera “supersticiones”, no debe desviarnos del hecho empírico de que, al trabajar sobre el campo energético humano, nos encontramos con evidencias estructurales y tangibles de esta realidad. Que una cosa sea desmentida porque no calza con los paradigmas o formas de pensar de una época, no quiere decir que no exista o que carezca de importancia. El sanador ADABA –al igual que el hombre primitivo- convive con el “mundo suprasensible” donde entidades y presencias espirituales de todo tipo se vuelven perfectamente reales y concretas. Y lo hace por una razón práctica: porque muchas enfermedades y síntomas que aquejan las personas, se modifican rápida y radicalmente al eliminar las interferencias de tipo energético provocadas por algunas de estas entidades.

Por supuesto dependerá del tipo de entidad el tipo de influencia que cause sobre el campo del paciente. Un ángel, a diferencia de un ser de oscuridad, por ejemplo, en tanto Ser de Luz siempre será una influencia de naturaleza benéfica. La luz –ya lo manifestamos- se entiende como vibración de alta frecuencia, y la oscuridad como baja frecuencia. No hablamos de bueno y malo, porque todos somos criaturas de Dios y cada uno cumple su rol en el universo. Para efectos de sanación, nos sirve distinguir luz de oscuridad en términos de que, la luz es favorable a la vida humana, ya que promueve la salud y la vida, y la oscuridad contribuye a destruirla.

 

Lazos con Entidades

A nivel del campo energético es usual encontrar formas energéticas que se aprecian estructuralmente como mangueras o sondas, ancladas en alguna parte del cuerpo, y “saliendo” o proyectándose hacia el exterior. Se los llama “lazos” y pueden presentarse en muchas calidades y grosores, pero la sensación general al tocarlos es de un “flujo” o “corriente” circulando y moviéndose a través de ellos. DESDE UN PUNTO DE VISTA FUNCIONAL, LOS LAZOS SIEMPRE SEÑALAN QUE EL INDIVIDUO SE HALLA VINCULADO CON OTROS SISTEMAS DE ENERGÍA DISTINTOS A ÉL MISMO.

En el ámbito espiritual existe una vasta familiaridad con el tema de los lazos. Se los ha descrito bastante y lo que habitualmente se dice es que se forman a partir de las relaciones que entablamos con otras personas. Mientras más fuerte y significativa la relación, más fuerte y grueso será el lazo. En ese mismo sentido, los lazos pueden ser “sanos” si a través de ellos se transmite energía luminosa, o “enfermos” si transmiten energías oscuras. Encontramos también diferencias según el tipo de vínculo, por ejemplo: si se trata de afectos o amor, es casi seguro que el lazo está situado en la zona del pecho (cuarto chakra), mientras que si la relación es/era en un plano sexual, el lazo se hallará en el segundo chakra. Los lazos –se dice- persisten de vida en vida, y hacen que nos volvamos a encontrar con quienes ya hemos conocido en vidas pasadas.

Pese a que no hay error en estas explicaciones, definir los lazos energéticos sólo como “conexiones entre seres humanos”, deja de lado algo importantísimo: que LOS LAZOS TAMBIÉN PUEDEN ESTABLECERSE CON ENTIDADES DE CONDICIÓN “INCORPÓREA” O “ENERGÉTICA”. A simple vista podría parecer un dato más, pero es tan central este hecho para el sanador y para la técnica ADABA, como lo es para los médicos y la medicina reconocer la existencia de virus y bacterias. A veces resulta asombroso que todavía exista tan poco conocimiento e información sobre esta importante dimensión de lazos y sus consecuencias en el ámbito de la salud emocional/mental/espiritual. Por supuesto, hablar de seres -sobre todo si no son “positivos” o “espirituales”- no es algo que entusiasme demasiado a muchos terapeutas. Hoy hay más interés en lograr una validación ante la ciencia y la psicología, que en indagar cualquier verdad –o presentar cualquier explicación- que pueda ser vista como “una vuelta a las supersticiones del pasado”.

En el origen de la psiquiatría, las observaciones sobre el carácter incontrolable y sintomático de muchas emociones y pensamientos, llevaron a investigadores como S. Freud y C. G. Jung, a formular el concepto del “Inconsciente”. Esta idea, que hoy se halla incorporada al lenguaje común, puede considerarse un nombre más o menos actual –adaptado a una mentalidad más “racional” y “psicológica”- para referirse a fenómenos que antes eran entendidos como “posesiones” o “ataques” de índole espiritual. Pero el cambio de nombre es sólo eso: un cambio de nombre, para algo que ya había sido descrito anteriormente.

“Las condiciones psíquicas que engendran demonios trabajan tan activamente como siempre. Los demonios realmente no han desaparecido sino que meramente han adoptado otra forma: se han convertido en fuerzas psíquicas inconscientes.” (Jung, 1945)

El mismo Jung llegó a decir que lo que él llamó “complejo” (y que hoy es un término común en nuestro vocabulario) era algo así como una segunda personalidad o voluntad actuando al margen de uno mismo. Aceptar que el ser humano sigue aquejado de complejos inconscientes que lo perturban, aún en plena época moderna y racional, permite entender que –aunque así pretendamos- no estamos libres de las obsesiones y enfermedades psíquicas que en el pasado se atribuyeron a la “posesión”.

Nada pertenece al pasado, ni siquiera los pactos de sangre con el diablo. Hacia fuera tal vez se haya olvidado, pero hacia dentro, no […]. Hacia fuera se es una especie de hombre civilizado, y por dentro, primitivo. En el hombre hay una parte que no está dispuesta a desprenderse realmente de los comienzos, y otra que cree haber superado hace tiempo todo eso en todos los aspectos.” (Jung, 2002, p. 253-254)

Para ADABA, que cuenta con una perspectiva desde el campo energético (que, no olvidemos, es la expresión tangible de lo que llamamos “mente” o “psique”), la explicación de una buena parte de estos fenómenos es mucho más sencilla: se deben –en muchos casos- a que el individuo presenta lazos con algún tipo de “entidad incorpórea” que “le está influyendo” o “poseyendo”. Esta afirmación puede dejarnos perplejos, pero es tan cierta como decir que “muchas enfermedades son ocasionadas por bacterias”. En ese ejemplo, imaginemos la reacción de los médicos y la opinión pública de la época, cuando Pasteur y otros estudiosos anunciaron su descubrimiento. Pasteur fue tildado de loco, pero hoy en día, se lo considera un gran descubridor; hoy en día, es de lo más normal y lógico decir que las enfermedades son producidas por bacterias. Algo similar creemos que sucede con el método ADABA.

Desde lo estructural, los seres deben ser entendidos como “sistemas energéticos externos” que se vinculan con el campo energético humano –muchas veces- a través de lazos, pudiendo afectar su funcionamiento en lo emocional, psicológico, espiritual, e incluso físicamente. Cuando esto ocurre, el individuo experimenta la sensación de no ser el dueño de sus propios pensamientos o impulsos. Si bien es cierto, en algunos casos sólo se llega a manifestar como incomodidad o malestar leve, en muchos otros podría estar expresándose como enfermedades y síntomas graves, psiquiátricos o físicos.

De igual forma, muchas veces de una manera casi instantánea, al trabajar y cortar los lazos de este tipo (y desvincular al paciente de estos otros sistemas externos a él), los síntomas se modifican de un modo que sorprende. Por supuesto, los casos graves requieren de un proceso terapéutico mucho más complejo para hablar de mejoría o sanación total.

 

Tipos de Seres

En la visión de ADABA, que es mucho más empírica que teórica, los seres se pueden clasificar en grupos según las semejanzas funcionales y estructurales que presentan en el paciente. Igual que los animales se pueden categorizar –a grandes rasgos- en reinos, clases o especies, las entidades energéticas se pueden agrupar en “líneas” u “órdenes”. Por supuesto, ADABA todavía está muy lejos de pretender hacer una taxonomía acabada al respecto, y sólo busca describir y distinguir lo que para la sanación tiene alguna utilidad concreta. Al igual que un médico necesita saber diferenciar –por razones prácticas- entre virus, bacterias y otros organismos, el sanador ADABA necesita distinguir las distintas entidades que aparecen vinculadas al campo energético de los pacientes, a saber: Seres de Luz (por ejemplo: ángeles, guías), Seres de Oscuridad (también llamados “demonios” por las religiones), Seres de la Naturaleza (por ejemplo: devas y elementales de la naturaleza), Dioses, Fantasmas, entre otros.

Una primera distinción guarda relación con la INTENCIÓN que mueve a estos seres:

LOS SERES DE LUZ: Trabajan de acuerdo al amor y por ende, buscan el crecimiento de todos los seres según el plan de su espíritu y alma profundos. Su intención se rige bajo nociones como la belleza, la armonía y la impecabilidad.

LOS SERES DE OSCURIDAD: No se adscriben al amor y, por el contrario, suelen rechazarlo activamente. Buscan alimentarse de la energía que obtienen de otras almas a las que perjudican. Su intención en muchos casos puede equipararse a eso que a nivel humano llamamos “maldad”.

DIOSES, SERES DE LA NATURALEZA Y OTROS: No se adscriben al amor, pero tampoco están necesariamente en su contra. Su intención suele ser neutra y/o egoísta y/o paternalista, dependiendo del caso. Algunos de ellos pueden ayudar sin condiciones, mientras que otros entregan beneficios a cambio de energía, sin importarles si esto daña estanca o beneficia al alma del otro en su camino.

 

Los Seres de Oscuridad

En el lenguaje de las religiones, los seres de oscuridad fueron o son conocidos como “demonios”, aún cuando el término después se desvirtuó a raíz del abuso del que fue objeto. En sí no está mal hablar de “demonios”, pero para evitar la carga religiosa e histórica asociada, en ADABA se prefiere decir “Seres de Oscuridad”, o a veces sólo “Seres”. Los seres de oscuridad, por consiguiente, son seres de otros planos o dimensiones de la naturaleza, que energéticamente están en una frecuencia baja y lejana al amor. Además, los seres de oscuridad, van a rehuir de la energía luminosa o del amor. Se los puede percibir como, una energía densa alrededor del paciente, emitiendo sensaciones que evocan emociones destructivas. Como por ejemplo, maldad, violencia, terror, tristeza, angustia, etc.

Desde lo sintomático, tenemos casi la certeza de que se trata de seres de oscuridad cuando el paciente refiere tener pensamientos tormentosos, ideas obsesivas, o incluso escucha voces (que no es exclusivo de los locos, ya que mucha gente común lo experimenta). Podemos suponer su presencia en muchos casos de angustia o depresión, especialmente cuando se producen ideaciones suicidas, o autodestructivas. El ser de oscuridad, también puede causar problemas en las relaciones. Muchas veces sucede que cuando los demás perciben a una persona como antipática, negativa o desagradable, es porque algunos seres que andan con esa persona así lo provocan.

A veces los pacientes también presentan emociones repentinas y desbocadas, que muchas veces son violentas; describiendo sus estados de ánimo como, “no me siento como siempre” o “siento que no soy yo”. En otros casos los seres oscuros les hacen cometer “torpezas” que generan daño a sí mismos (cortes, caídas, etc.), estos “accidentes” son muy sospechosos sobre todo si la persona no se identifica como torpe en general.

Para cerciorarnos de que estamos ante la presencia de uno o más seres de oscuridad, en el examen estructural conviene buscar estas masas densas y oscuras de energía o bien, derechamente lazos que –como se dijo- se perciben como flujos o mangueras conectadas a alguna parte del sujeto. Al sintonizar, el sanador sentirá en sus manos una energía densa, a veces un cosquilleo “eléctrico” muy desagradable que “agarrota” un poco la mano. Al ir tocándolo, puede ir viendo que se trata de un lazo al ver que dicha sensación se proyecta (usualmente en diagonal) hacia las afueras del campo.

A continuación, al tomar el lazo y moverlo, el paciente habitualmente sentirá tironcitos en el lugar donde el lazo está conectado. En el examen se recomienda probar los lazos de esta forma para uno poder cerciorarse de que hay un lazo, y también para convencer al paciente, quien se sorprenderá de que “algo” invisible le esté tironeando (sobre todo cuando el sanador está ubicado a varios metros de distancia).

Por supuesto, existen sanadores que –más allá del nivel estructural del campo- logran ver, sentir o escuchar a los seres, lo que implica un nivel de percepción mayor. Los seres oscuros suelen dar al sanador una sensación molesta, como que alguien -o algo- no lo quiere ahí. Pueden tener actitudes desafiantes (“no me voy a ir”) e incluso intentar atacar al sanador. La energía de un ser oscuro es potente y “rechaza” la presencia y energía del sanador.

En otras ocasiones, es el propio paciente quien dice percibirlos, refiriendo –por ejemplo- que alguien le habla en su mente, o que le llegan imágenes de estos seres (algunas muy parecidas a las representaciones que de los demonios se han hecho en las distintas épocas), etc. Un observador externo podría decir que se trata de ideas delirantes, pero se presentan tan a menudo cuando se trabaja con pacientes, que su ocurrencia para el sanador es completamente explicable y predecible al encontrar estructuralmente las masas y flujos energéticos “oscuros” y densos que son señal de “seres”.

Por ejemplo, al estar trabajando se da muchísimo que los pacientes escuchan, en su propia mente, frases como: “te está engañando” (justo cuando el sanador está explicando al paciente lo que él ve), “siempre serás nuestro”, “nadie podrá ayudarte”; u otros tipos de frases parecidas. Todo esto ocurre porque los seres de oscuridad poseen psiquis o intencionalidad, aunque esto no necesariamente implica una mente brillante. Por lo general transmiten ideaciones fijas, o impulsos más o menos básicos (cabe señalar, que hay algunas excepciones donde sí hallamos seres más “elaborados” e inteligentes), provocando emociones o alterando la percepción, o el sentido. En algunos casos graves el juicio de realidad del sujeto, se puede ver alterado de forma grave. Éste siente –por ejemplo- la idea obsesiva de “soy un tonto”, “debo matarme” o “a nadie le importo en verdad”. Por ejemplo, la chica anoréxica se mira al espejo y –a pesar de estar en los límites de la desnutrición- piensa “estoy gorda como una vaca”, el depresivo puede llegar a escuchar una voz que le dice “mátate, no vales nada”, y el paciente tildado de esquizofrénico puede incluso escuchar que alguien le dice “yo soy Jesús, y debes obedecerme”. Al sanador perceptivo los seres también pueden hablarle, e intentar convencerlo o intimidarlo de forma similar.

Pese a lo anterior, no se puede decir que los seres causen TODOS los pensamientos negativos de un sujeto; a menudo lo que hacen solamente es amplificarlos. Los seres “pulsan” pensamientos y estimulan energéticamente para que se produzca una cierta respuesta emocional, negativa o (auto)destructiva; como, por ejemplo: miedo, angustia, desesperación, tristeza u obsesiones. Los seres se alimentan de este tipo de emociones.

Si bien mucha gente aprende, con cierta práctica, a resistir la irrupción de estos estados provocados, el problema grave se da en quienes no tienen una estructura psicológica tan fuerte y saludable como para resistirlos, como los adolescentes, las personas que han sido maltratadas o que están pasando por dificultades, o la gente extremadamente sensible que tiene otros daños psicológicos a cuesta. En cualquiera de estas personas, la influencia de seres de oscuridad puede conducir a un serio deterioro emocional y social, en algunos casos incluso desembocando en suicidio.

En el examen energético, los seres de oscuridad suelen encontrarse de tamaño, forma y poder variables, y pueden estar en éste u otros planos de realidad. Por otra parte, recordemos que muchos de estos seres se perciben alrededor del paciente, como masas de energía densa y oscura, con un núcleo (a veces del tamaño de un melón) que puede estar distante varios metros. Si existe un lazo, éste usualmente llega hasta el núcleo, y ambos –y sobre todo el núcleo producen al tocarlos una sensación vibrante fuerte, a menudo como un cosquilleo “eléctrico” que puede llegar a ser doloroso.

Por otra parte, algunos seres –por lo común de gran envergadura y poder- suelen quedarse en otros planos para actuar desde allá, también a través de lazos que llegan hasta el sujeto a través de un portal “interdimensional” que puede sentirse o verse. Se puede dar que varios seres actúen asociados, por lo cual –al examinar al paciente- se verán varios lazos.

Formas de ejercer influencia

Un ser de oscuridad puede ejercer influencia de diferentes maneras, ya sea sólo por proximidad o contacto, o bien a través de lazos y estructuras específicas. Veamos:

POR CONTACTO: Cuando el ser actúa por simple proximidad, su influencia aunque dañina es manejable con procedimientos donde el sujeto “eleva” su nivel de vibración, por ejemplo rezando, meditando, visualizándose lleno de luz, cantando, practicándose “limpiezas”, llenándose de amor, etc. Como estos seres huyen de las frecuencias altas sostenidas con suficiente intensidad, a través de estos medios se los consigue alejar con éxito. También puede ocurrir que el ser esté ligado a una casa, a una persona o a un objeto y en esos casos a veces el sujeto podría deshacerse de la influencia alejándose de la casa o de la persona, o eliminando el objeto. Por ejemplo, está la anécdota de un turista que trajo una máscara africana de uno de sus viajes, y la máscara había sido usada en rituales mágicos, y sin saberlo estaba ligada a un ser de oscuridad. Al colocar la máscara en la pared, comenzó a sentir una “presencia” negativa en la casa, junto con una serie de hechos de “mala suerte” que –de la noche a la mañana- comenzaron a afectar a sus habitantes. Esta influencia negativa desapareció al deshacerse de la máscara, enterrándola junto a un gran árbol.

POR LAZOS SIN CONSENTIMIENTO: Si los seres están ligados al sujeto a través de lazos, quiere decir que ya han establecido un vínculo y extraen energía de forma regular. A menudo, pueden aprovecharse de una “estructura” del propio paciente, es decir, de alguno de sus patrones recurrentes de pensamiento y emoción. Al igual que muchos parásitos se adosan a un organismo para alimentarse de él, los seres de este tipo –a veces en grupo- colocan espontáneamente sus lazos en la estructura y comienzan a alimentarse a través de ésta. El perjuicio que causan puede impactar la salud del sujeto en varias vías: exacerbar sus propias emociones y patrones de pensamiento, o bien exacerbar esto mismo en los demás que se relacionan con él. Como no existe un consentimiento explícito por parte del sujeto, podríamos decir que se trata de “seres oportunistas” y para retirarlos, la mayor parte del tiempo basta disolver o retirar la estructura a la cual están conectados.

POR CONSENTIMIENTO O PACTO: Por último, probablemente la influencia más compleja, se presenta cuando es el propio sujeto quien se ha vinculado voluntariamente a seres de oscuridad a través de pactos o acuerdos. Esta forma de asociación –que es en extremo frecuente de encontrar- se puede reconocer fácilmente porque los lazos no ceden al intento manual de sacarlos, como si se tratara de estructuras fijas. Si por cualquier motivo se los logra mover o modificar, al poco tiempo vuelven a estar donde mismo, debido a que –desde el punto de vista de las leyes del Universo- existe un “consentimiento” o “permiso contractual” dado por el propio individuo que impide que el lazo sea disuelto. Veamos a continuación más sobre este tipo de lazo e influencia.

 

Lazos a través de “pacto”

Para entender este tipo de influencia (y de lazo), es necesario situarse en una perspectiva muchísimo más amplia que la de una sola vida. En efecto, si para nuestra mentalidad de hoy resulta extrañísimo pensar en la sola posibilidad de hacer pactos con seres, no lo era así para el hombre de otras épocas. Aún en la actualidad, para muchas culturas y sociedades “no occidentales” o “pre-modernas” (por ejemplo, amplias regiones de África, Brasil y el Caribe, e incluso nuestra propia cultura campesina, entre otras), hacer magia para pactar con entidades resulta algo normal y cotidiano.

Es necesario entender que, habiendo vivido muchísimas vidas, es claro que en tiempos remotos también pertenecimos a culturas donde era perfectamente natural vincularse con fuerzas y voluntades “espirituales” o “incorpóreas” como demonios, dioses, espíritus, genios, etc.

El mismo C. G. Jung señalaba que la conciencia individual y la ética del yo, de la cual estamos tan orgullosos como occidentales, es un logro relativamente reciente en nuestra historia. Por el contrario, el hombre primitivo vivía más bien en una conciencia de carácter colectivo (a la que Jung se refería como “participación mística”), la cual hacía que estuviera abierto y en contacto constante con la realidad de la magia y las energías (que Jung llamó “realidad arquetípica”). Para este ser humano “pre-moderno”, la magia, los seres, las energías, etc. son fenómenos cien por ciento reales; aún cuando no siempre podía explicarlos, aprendió a manejarlos a su favor. La magia estaba al acceso de todos, aunque las personas especialistas en su manejo fueron llamados magos y sacerdotes (también chamanes, curanderos, brujos, hechiceros, etc.).

Pensemos en alguien en este contexto que tenía alguna dificultad o necesidad. ¿Qué hacía? ¿Recurría al psicólogo para intentar resolver su problema? ¿Meditaba profundamente hasta hallar las respuestas? ¿Entendía que debía trabajar y aprender por sí mismo para superar su dificultad? La respuesta es no para el casi total de los casos. En el contexto de las culturas primitivas, la respuesta se halla casi siempre en la magia: usar la magia para resolver el problema sin importar demasiado sus consecuencias para el “yo individual”.

Si alguien –por ejemplo, un guerrero- necesitaba obtener coraje y valentía para ir a la batalla, lo usual era que recurriera a la magia y a las entidades que a través de ésta pudiesen proveerle esas capacidades. De igual manera una mujer que deseaba atraer a los hombres, a través de un ritual recurría a la ayuda de algún ser con el objeto de lograrlo. Y así sucesivamente podemos comprender que la magia y la asociación con entidades le permitían al hombre primitivo lograr poderes, capacidades y beneficios que él sentía no poder lograr por sí mismo. Energéticamente, este tipo de vinculación se realiza por el poder de la intención: cuando existe una intención determinada, es posible contactar a los seres que vibran en esa misma intención. Si la intención fuese de amor verdadero y desinteresado, sería posible contactar con seres de amor como los ángeles y guías, pero al ser deseos y emociones bajas, el contacto se verifica más bien con seres de oscuridad.

Por supuesto, al realizar pactos de este tipo –aparte de la ganancia o poder específico- lo que se consigue (aún a veces sin darse cuenta el propio sujeto) es quedar atado a los seres. A partir de ese momento, ellos quedan “autorizados” para influir en la propia realidad energética y psicológicamente hasta que el sujeto alguna vez deshaga el pacto. El negocio para la entidad es quedarse con un “trozo de alma”, es decir, una porción del campo del sujeto que –aunque el sujeto no lo pierde- en la práctica le pertenece al ser, que a cambio suele colocar en el mismo lugar una estructura creada por él. Teniendo este trozo de alma, el ser se alimenta constantemente de la energía del sujeto, pudiendo este último hacer muy poco para evitarlo. Ahora es posible entender mejor el dicho “venderle el alma al diablo”, así como el concepto de “pérdida del alma”, tan común en algunas sociedades tribales.

Si tuviésemos que hacer una analogía para entender mejor lo que son estos pactos o asociaciones con seres de oscuridad, podríamos hacer un paralelo con la adicción a las drogas. En efecto, recurrir a la ayuda de un ser de oscuridad, es similar a buscar un “dealer” para obtener droga, y así sentirse uno menos angustiado o triste. Por supuesto, al igual que en el caso del adicto, quien recurre al ser de oscuridad –pese a que obtiene algún beneficio momentáneo- no consigue bienestar real. El negocio del ser –lo mismo que el del “dealer”- es que el sujeto siempre esté recurriendo a él. Es decir, en el caso de que el sujeto haya contactado al ser para conseguir mayor control emocional, el ser –con un lazo en la zona del pecho- se encargará de pulsarle descontrol y angustia; si el beneficio era ampliar la capacidad de pensamiento, el ser –a través de un lazo en la cabeza- buscará hacer que el sujeto nunca pare de pensar. Todo esto genera –ya lo señalamos- que el ser se alimente una y otra vez.

Y así podemos dar cuenta de muchos trastornos emocionales o mentales que tienen la característica de ser “incontrolables”, como obsesiones, compulsiones, angustias, penas desbordadas, rabia sin control, etc.

Lo que a través del lazo hace el ser de oscuridad, es amplificar algún patrón emocional o de pensamiento que ya existe en el sujeto. Si, por ejemplo, alguien es propenso al miedo, el ser de oscuridad amplificará ese miedo, haciendo que se vuelva descontrolado.

Seguramente el sujeto buscó al ser alguna vez para obtener de él algún poder que le permitiera sortear su miedo. Lo que no sabía, el sujeto, es que al hacerlo, terminaría más esclavo aún de este último. Resumiendo, y lo que finalmente debemos entender sobre los lazos con seres que se han adquirido a través de pacto, es que: (1) Amplifican impulsos, emociones y pensamientos destructivos en el sujeto, a menudo volviéndolos incontrolables, (2) fueron –en general- hechos en vidas antiguas, pero los arrastramos con nosotros hasta hoy, donde se nos manifiestan como problemas (o trastornos) emocionales, mentales y hasta físicos, (3) no salen si se los intenta disolver, arrancar o cortar manualmente, como se hace con una estructura simple, (4) continúan de vida en vida, hasta que sean disueltos, (5) los beneficios y poderes que en su momento nos entregaron no nos dieron la felicidad ni soluciones reales a nuestros problemas, y (6) para cortarlos se requiere un procedimiento especial llamado “renuncio”.

Retirando lazos con Seres de Oscuridad

No es necesario saber cuántos lazos y seres de oscuridad aparecen en el campo de un sujeto para proceder a trabajar sobre éstos. Por supuesto, para los sanadores con mayor percepción y experiencia, esto puede establecerse con mucha claridad y precisión, mas no resulta lo más importante. De hecho, a veces basta sólo la descripción u observación de los síntomas en el sujeto para estar casi en la seguridad de que se trata de seres de oscuridad 185 que están actuando sobre él. También, un examen sencillo pasando la mano a cierta distancia del sujeto puede mostrar zonas donde se perciben flujos muy claros y delimitados, que no son otra cosa que los lazos. Conviene sintonizarse con la energía de estos flujos (lazos) y seguirlos para ver su dirección, determinando si llegan hasta algún núcleo concreto de energía, o si se pierden más allá de los límites de la habitación donde se está.

Una vez que se han localizado estos lazos, se puede intentar identificar la sensación que transmiten. Eso nos puede informar si son lazos con seres de oscuridad o de otro tipo. Hacer esta distinción, a menudo es asunto de experiencia, aunque no es del todo necesaria, ya que ante la duda el sanador igual puede operar por ensayo y error.

Identificado los lazos también es posible intentar moverlos (tironearlos) levemente para ver si ceden (y así descartar que sean estructuras simples). Al jalarlos varias veces, se le puede preguntar Ejemplo de lazos con seres de oscuridad, donde los lazos se aprecian como mangueras diagonales al paciente qué siente. Si siente tirones en alguna parte, se trata con seguridad de algún tipo de lazo (aunque no siempre son con seres de oscuridad; con la práctica se los aprende a distinguir).

Posterior a esto, se le puede explicar a la persona que se trata de entidades que están enlazadas a ella, a fin de que comprenda el procedimiento que se va a hacer. Se recomienda una explicación sencilla señalándole:

“Los lazos son vínculos energéticos que permiten que nos vinculemos con otros sistemas de energía y conciencia. Por ejemplo, son conocidos los lazos con personas, por ejemplo cuando nos encontramos con gente que sentimos que ya hemos conocido en alguna otra vida. Asimismo existen lazos con seres no corpóreos y que los arrastramos desde épocas antiguas, cuando éramos otras personas. En ese entonces, buscando resolver una dificultad, recurrimos a la magia y, a través de ésta, a la ayuda de estos seres que a partir de ese momento quedaron unidos a nosotros”.

Se les recalca que hoy esos seres constituyen una influencia negativa en nuestra vida, causando los síntomas que ellos ya han sentido (angustia, ansiedad, miedos, pensamientos incontrolables, etc.). Se explica, también, que para ser felices, debemos aprender a ser independientes energéticamente (Principio de Autonomía). Es decir, desarrollar las capacidades propias y no recurrir a pactos o intercambios con seres externos. A continuación, de toda ésta explicación, se invita al sujeto a repetir un RENUNCIO que es una declaración que consta básicamente de 4 componentes: (1) Intención expresa de disolver el pacto y renunciar a los beneficios, (2) agradecimiento por la experiencia y el crecimiento que significó, (3) autorización y petición de ayuda a los guías y/o permiso al sanador para retirar los lazos, (4) pedir de vuelta lo que fue entregado.

Renuncio a Seres de Oscuridad

El siguiente texto, muestra renuncios tipo, que representan una guía para el terapeuta o sanador (o que la misma persona puede hacer con él mismo), en voz alta:

Yo_____________, aquí y ahora, RENUNCIO, a todo poder o beneficio, que yo haya obtenido, a partir del pacto o la asociación, con seres de oscuridad, alguna vez. Renuncio a los seres de oscuridad y a todo lo que me dieron

Agradezco el aprendizaje que esto fue para mi alma… ya que yo aprendí y crecí

Pero aquí y ahora YO ME DECLARO LIBRE, ME DECLARO LIBRE, ME DECLARO LIBRE, de estos seres de oscuridad.

Pido la ayuda de los Seres de Luz, a mis Guías, para que retiren los lazos con estos seresde oscuridad, autorizando también a _____________ (nombre del sanador), aquí presente, a participar de esta operación.

-después de unos instantes-

Yo_____________, ahora pido de vuelta, las partes de mí mismo(a), que entregué en estos pactos que he disuelto. Cualquier parte de mi alma, que yo haya entregado, yo la pido de vuelta, la pido de vuelta, la pido de vuelta.

El sanador debe hacer repetir este renuncio al sujeto, quien deberá colocar en sus palabras una intención que lo haga creíble. El principio que está detrás es que la “intención” es capaz de modificar la realidad del campo energético y en este sentido, las declaraciones –al estar cargadas de intención- son fundamentales.

Hay que pensar que si estos lazos con seres fueron establecidos alguna vez a partir de una “intención” de vincularse con ellos (a través de algún ritual o acto mágico), lo natural es que el mismo sujeto, al declarar una intención de “desvincularse” o “anular el pacto”, exista una disolución del lazo; éste, por “ley universal”, debe soltarse y salir. De ésta forma, al hacer el renuncio, los lazos cambian su configuración, pudiendo verse y sentirse un flujo distinto. A menudo ocurre que ya han comenzado a disolverse, produciendo alivio casi inmediato en el sujeto. Si éste venía con angustia, miedo, ideas suicidas, compulsiones, etc. en la mayoría de las veces comienza a sentir cómo desaparecen. Cualquiera que haga estos renuncios podrá comprobar –en la mayoría de los casos- su efecto ansiolítico.

La labor del sanador consiste en primer lugar en contener al sujeto y acompañarlo, y sólo en segundo lugar ayudarlo a retirar los lazos. De hecho, no siempre es necesario que el sanador participe en la remoción, ya que una vez pronunciado el renuncio, los seres de oscuridad DEBEN IRSE y ya están los Seres de Luz haciendo el Ejemplo de otro tipo de lazo con seres trabajo. Si el sanador decide participar, el paciente tiene que haberlo autorizado (como se ve en el renuncio). Entonces él puede coger el lazo y retirarlo manualmente para luego intencionar que se abra un “portal” y arrojarlo por él.

A continuación de pronunciar el renuncio, en algunos casos el sujeto podría experimentar movimientos emocionales fuertes, además de sentir tirones en los puntos en que están anclados los lazos y estructuras. En una minoría de las veces, esos movimientos pueden derivar en convulsiones, llanto, gemidos, o algún otro tipo de manifestación descontrolada. En esos casos, se sugiere al sanador mantener una actitud contenedora y cuidadora del paciente para evitar a toda costa que se haga daño. La razón de estos movimientos es que no todos los seres están dispuestos a marcharse en paz; a menudo atacan o acosan al paciente, intentando que éste se arrepienta de su decisión. Bajo esas circunstancias –donde el ser ejerce resistencia- el sanador debe conservar la calma y pedir ayuda a los Seres de Luz, así como muchas veces pedir al paciente que reitere el renuncio (o algunas partes de éste). Otra posibilidad es que exista alguna parte inconsciente en el sujeto que esté resistiéndose a renunciar al ser de oscuridad. En ese caso debe indagarse si existe alguna estructura o algún “yo” antiguo del sujeto que esté ejerciendo esta resistencia. También puede ocurrir que el sanador pudiera recibir algún ataque energético de parte de los seres del paciente. Para evitarlo la protección más adecuada es una “actitud serena y amorosa”. Uno no está ahí para matar o luchar contra los seres, sino para sanar a la persona. Si el sanador llega a sentir odio o rabia contra un ser, pierde efectividad y se vuelve vulnerable a un ataque. Por supuesto, también se puede proteger imaginándose o sintiéndose envuelto en luz, y pidiendo a los Seres de Luz su protección. Al permanecer en esa “vibración superior”, ningún ser de oscuridad podrá dañar al sanador.

Con la última parte del renuncio, que es el reintegro de las partes entregadas, muchos pacientes sienten efectivamente que algo se incorpora dentro de ellos, llenado un vacío y generando alivio. Literalmente es como el dicho “siento que me volvió el alma al cuerpo”.

Se les debe decir que ahora deben darse un tiempo para asimilar esa parte que a partir de este momento les permitirá ir sintiéndose más completos y dueños de sí. Este tiempo pueden ser algunos días en que puede que se sientan algo extraños y que puede ocurrir algunas otras estructuras de ellos mismos pueden comenzar a activarse. Podrían –a raíz de eso- experimentar algunos vaivenes emocionales que se expresan como cambios anímicos.

(Obtén la versión completa de estos textos, adquiriendo el libro ADABA Sanación Estructural del Aura de Francisco Moreno, que en este capítulo también incluye: LAZOS CON DIOSES, LAZOS CON SERES DE LA NATURALEZA, LAZOS CON ALMAS HUMANAS, LAZOS CON GRUPOS, LAZOS CON LUGARES.)

 

 

 

 

 

 

 

Por Francisco Moreno T., sanador ADABA y psicólogo, extracto del libro “ADABA Sanación Estructural del Aura

 

La Mente en el Campo

La principal premisa sobre la que se funda ADABA es que el Campo Energético es la expresión corporizada de eso que llamamos “alma” o “mente”. Por eso, si alguien experimenta sufrimiento mental o emocional, es posible curar ese sufrimiento –del tipo que sea- al operar directamente sobre dicho campo.

Esto contradice la idea ampliamente aceptada hoy: que la mente y la psique se hallan en la cabeza y que son totalmente equiparables al cerebro y sistema nervioso. Invariablemente, si uno dice sentir tristeza o alegría, depresión u obsesiones, miedo o amor, la explicación más corriente será: “esto está ocurriendo en mi cerebro”, independiente que lo pueda estar vivenciando como algo que ocurre en algún lugar del cuerpo.

La psicología históricamente ha tenido el problema de -en cierta forma- estar “en el aire”, ya que el fenómeno mental resulta siempre invisible o intangible. Para un médico es fácil estudiar un hígado o un riñón porque existe un cuerpo que puede ser observado y examinado directamente, pero para el psicólogo resulta imposible observar directamente la mente de un paciente y necesita basarse en lo que éste dice o hace.

Esta limitación ha llevado a que los métodos de la psicología dependan demasiado del lenguaje y la interpretación, y que a menudo sean vistos como menos objetivos y concretos que –por ejemplo– los de la medicina. Los pacientes, por lo común deben hablar de lo que le pasa, y no siempre –a pesar de llevar hablando mucho tiempo- obtienen curación o mejoría.

De esta forma, el enfoque desde el Campo Energético –al menos el que propone ADABA– llena el vacío que la psicología siempre ha tenido con respecto al estudio de la mente o psique, referido a la falta de ese cuerpo que le permite objetivarla. La sanadora norteamericana Barbara Brennan (2003), que puede considerarse precursora 30 años antes, de ADABA, lo expresa así:

El aura es, en realidad, el «eslabón perdido» entre la biología y la medicina física y la psicoterapia. Es el «lugar» donde se localizan todas las pautas sobre emociones, pensamientos, recuerdos y comportamientos que solemos discutir incansablemente en la terapia. Estas pautas no están simplemente suspendidas en algún lugar de nuestra imaginación, sino que se sitúan en el tiempo y en el espacio.” (pág. 66)

Justamente en el campo energético podemos ubicar espacialmente estas pautas de pensamiento y emoción que en su interior se muestran como “formas” o “estructuras” de energía estables en el tiempo/ espacio. Esto permite –con sólo un vistazo al campo- determinar qué le ocurre al paciente desde el punto de vista psicológico o mental, y comenzar a tratarlo a través de esta misma vía: la energética. Incluso si el paciente carece de la suficiente consciencia como para relatar su estado, el sanador de ADABA se hará una idea clara con sólo observar las formas que presenta y su ubicación.

Finalmente, si tuviésemos que definir a qué modelo de mente se está adscribiendo ADABA, habría que decir –por tanto- que se trata de una “mente encarnada”[1] . En otras palabras, la mente (o psique) se halla encarnada en el aura o campo energético. Tanto es así que muchas de las metáforas y representaciones mentales que utilizamos a diario, a través de las cuales pensamos y que se expresan en el lenguaje corriente, muestran fenómenos que están realmente ocurriendo en un nivel “energético”. Por ejemplo: “fue una experiencia DESGARRADORA”, “tengo un NUDO en la garganta”, “asumo el PESO de esta responsabilidad”, “siento un AGUJERO en el alma”, “se le ENDURECIÓ el corazón”, etc., son sensaciones o autopercepciones reales que hablan de un nivel invisible pero extremadamente real. De hecho, numerosas personas constantemente consultan al médico por sensaciones físicas reales que sin embargo son prontamente descartadas porque “ahí donde les duele no hay físicamente nada”.

Entonces son derivados al psiquiatra o al psicólogo, porque se asume que se trata de una mala jugada de la imaginación. En un examen del campo energético, sin embargo, todas esas sensaciones y síntomas, cobran inmediatamente un significado perfectamente claro. Es posible establecer una relación causal directa entre las estructuras del campo y dichos síntomas, con tal precisión que el sanador, al manipular esas estructuras, logra provocar alivio en el paciente.


La Perspectiva Estructural

El trabajo sobre el campo energético no es algo nuevo y, sobre todo en los últimos años, ha surgido infinidad de terapias que trabajan con y a través de él. En ese contexto, ¿qué sería lo particular que propone ADABA y qué la diferencia de estos otros enfoques que operan con “la energía”?

En realidad, la mayoría de los sistemas que trabajan con el campo energético, podríamos afirmar que lo hacen desde una perspectiva que llamaremos funcional, centrada en nociones de “flujo” y “movimiento”. Esto quiere decir que se plantean desde el punto de vista del funcionamiento y del estado del campo, y sus métodos apuntan –por un lado- a describir este funcionamiento en el paciente y –por otro- a reestablecerlo si se encuentra alterado o interrumpido. Algunos diagnósticos funcionales típicos son: “tienes un BLOQUEO a nivel del chakra del corazón” o bien “tu chakra raíz está CERRADO… DESALINEADO, DESVIADO…” o “tu canal central se encuentra BLOQUEADO”, etc. La acupuntura es un gran ejemplo de una perspectiva funcional muy bien desarrollada y en general toda la medicina china lo es, ya que en el pensamiento oriental, la noción de flujo resulta primordial en su forma de comprender el universo.

Sin embargo, el problema de las perspectivas funcionales es que si bien describen correctamente el funcionamiento de la energía en el campo, no son capaces de determinar QUÉ está causando este funcionamiento. Es decir, si estamos trabajando con el campo energético, debemos ser capaces de determinar también cuáles son las estructuras dentro de este mismo que están a la base de sus funcionamientos anormales. Si no lo hacemos, y decimos por ejemplo “tu bloqueo ocurre porque estás triste”, finalmente estamos volviendo a la explicación meramente “psicológica” y el campo toma bien poca relevancia final. Si la explicación es psicológica, entonces el aura sólo sirve para diagnosticar y merece sólo tratamientos “de superficie” que no producen cambios permanentes en la forma de ser del individuo[2].

Por ejemplo, si alguien dice “está bloqueada la calle”, está describiendo correctamente el estado funcional de la calle. No obstante no aporta nada sobre las causas del bloqueo, ya que podría ser que se halle cerrada porque ha habido un choque, o porque cayó un árbol, o porque están haciendo reparaciones, o porque hay una competencia deportiva, etc.

Cuando un terapeuta “de la energía”, que se maneja sólo funcionalmente, dice “este paciente tiene el chakra X bloqueado”, normalmente no sabe describir la naturaleza de las estructuras que se hallan a la base de este bloqueo. Por lo común intentará devolver el flujo y restablecerlo mediante una “limpieza” o cualquier otro tratamiento de mantención o “alineamiento” (con visualizaciones, alimentación, Reiki, mantras, etc.) pero con poca precisión, ya que se trata de procedimientos generales que en algunos casos darán frutos y en otros no.

Por otra parte, si no se atiende la causa estructural del bloqueo, es mucho más probable que la solución sea momentánea, es decir, el paciente se logra sentir bien inmediatamente después de la terapia pero después vuelve a sentirse bloqueado.

Es aquí donde ADABA propone una nueva perspectiva, que llamaremos “Perspectiva Estructural del Campo Energético”. Se basa en la premisa fundamental de que “la intención crea formas en el campo”. En otras palabras, en el campo energético encontramos infinidad de formas y estructuras que corresponden a patrones de pensamiento, conducta y emoción, de tal manera que TODA la realidad psíquica, mental y espiritual de un individuo se halla energéticamente representada en dichas formas.

Allí donde el terapeuta común describe flujos, bloqueos y desequilibrios, el sanador ADABA determina qué estructuras particulares se hallan asociadas a qué comportamiento o síntoma en cuestión, su naturaleza y origen. Porque indudablemente las estructuras son formaciones energéticas diversas, que varían enormemente en tamaño y localización.

La mayoría son originadas por el propio individuo (a través de la intensidad y repetición de sus pensamientos y emociones), mientras otras son adquiridas, lanzadas o colocadas por otros.

Hay que aclarar que el sanador ADABA que maneja la Perspectiva Estructural, no prescinde ni del nivel funcional, ni tampoco del nivel que llamaremos “de la experiencia”; veamos el siguiente cuadro:

 

En primer lugar, el Nivel de la Experiencia tiene que ver con todo lo que el sujeto relata como sensación o síntoma en base a lo que él mismo experimenta. Cuando los pacientes acuden a tratarse, lo hacen casi siempre porque sienten algún dolor o malestar. Es éste nivel que se trabaja en la psicoterapia, cuando el terapeuta pide a al sujeto que relate lo que siente y piensa, y en definitiva es el también nivel donde los cambios de cualquier tratamiento finalmente deben notarse. En el ejemplo, la experiencia del sujeto es sentirse triste.

El Nivel Funcional es ya un nivel energético y –lo habíamos dicho- nos muestra cómo se encuentra el campo en términos de funcionamiento y flujo. En el cuadro el diagnóstico funcional indica que el chakra cardiaco posee un funcionamiento deficiente, lo cual se observa como un bloqueo u obstrucción de su flujo.

Por último, el Nivel Estructural resulta el más específico, al mostrar formas que son las responsables del bloqueo funcional. Estas formas que llamamos estructuras tienen dimensiones, densidad y volumen, de tal manera que pueden ser “operadas” o “manipuladas”. Es un nivel tan concreto que permite establecer con precisión relaciones de causalidad hacia los otros niveles. Si se modifican las estructuras, el funcionamiento del campo y, finalmente también la experiencia del individuo, cambiarán radicalmente.

En el sentido inverso del cuadro, cuando el sanador ADABA observa -utilizando su percepción ampliada- las estructuras del paciente (nivel estructural), es capaz de determinar qué funcionamiento energético provocan (nivel funcional) para finalmente decir qué patrón emocional y/o de pensamiento generan en el individuo (nivel de la experiencia). Esto significa que el campo energético se puede leer tal como un detective lee la escena del crimen para reconstruir los hechos que allí acaecieron. El sanador asimismo logra reconstruir de qué manera fueron creándose esas estructuras y a qué intención en términos psicológicos corresponden.

Por último, el cuadro pone de relieve que cualquier sentir del paciente puede tener más de una causa funcional, y que a su vez cada una de éstas puede tener múltiples causas estructurales. Esto significa que el nivel estructural es donde se realiza el trabajo más minucioso y concreto. Por supuesto, lo que más conviene siempre es trabajar con los tres niveles integrados, ya que cada uno aporta una perspectiva de la cual no es bueno jamás prescindir.

En lo que respecta a la Perspectiva Estructural, ésta nos permite hablar de ADABA como una especie de “cirugía de la energía”. Aunque en cierto sentido estamos pecando de reduccionistas (quizás ADABA debiese ser más bien comparada con la medicina en su totalidad), de todas formas la comparación con la cirugía es válida para entender su alto nivel de concreción y precisión. Los sanadores se entrenan en percibir y operar formas en el campo, no obstante -sin dejar de lado los otros niveles- también en percibir y comprender flujos y funcionalismos, y en sintonizar en profundidad con el sentir del paciente.

La Perspectiva Estructural ha sido la gran ausente en las terapias de la energía. Sólo basta ver cuánta pobreza de información sobre las estructuras existe aún hoy en las decenas de libros y manuales que se han escrito sobre el aura, por no decir lo poco que sabe un terapeuta promedio sobre el tema. Aún así, existen importantes antecedentes como el ya señalado de Barbara Brennan (2003), que habla de “bloques energéticos” como manera de referirse a las estructuras. No obstante, la sanadora no establece un sistema basado en esta mirada, sino más bien se termina reenfocando en el diagnóstico y tratamiento de los chakras (es decir, una perspectiva funcional). Otros autores como la vidente mexicana Olga Menéndez (2008), se refieren a “ataduras” en vez de estructuras, mas igualmente sus apreciaciones –al carecer de perspectiva teórica– acaban quedándose en lo anecdótico.

Hace sólo unos cuantos siglos atrás, en la Edad Media, analizar la estructura del cuerpo físico estaba casi por completo ausente de la medicina. Casi todas las enfermedades se atribuían a la voluntad divina, y los médicos de esa época efectuaban un sinnúmero de procedimientos inspirados más en nociones filosóficas que en conocimientos empíricos. No obstante, las observaciones de algunos llevaron a pensar que debía haber causas naturales y comenzó la exploración del cuerpo físico y sus órganos. En otras palabras, se fue imponiendo la verdad: que para entender y curar las enfermedades del cuerpo era necesario estudiar su “estructura”. Hoy en día, sin ir más lejos, nos hallamos en un punto similar en lo que a las terapias de la energía se refiere. ADABA nos plantea que para entender la psique y los patrones mentales y emocionales, es necesario estudiar las estructuras (y no sólo el funcionamiento) del campo energético. Esto abre un ámbito de exploración y posibilidades tremendamente nuevas, donde la enfermedad mental o psíquica puede curarse directamente desde el campo, con procedimientos que en el pasado fueron llamados mágicos o milagrosos.

Brennan, B. (2003), Manos que Curan, Buenos Aires: Martinez Roca

Menéndez, O. (2008), Rompiendo Lazos, Barcelona: Obelisco

 

[1] El concepto de “mente encarnada” o “embodiment” se encuentra bajo ese nombre en los trabajos de Lakoff & Johnson (1999). Esta idea establece que el cuerpo estaría actuando sobre la organización y estructuración de los procesos mentales, de tal manera que las representaciones con las cuales pensamos –incluso ideas y conceptos abstractos– surgen a partir de la experiencia corporal.

[2] En psicología se utiliza el término “epifenómeno” para llamar a todo fenómeno que emerge como una manifestación secundaria de la actividad del individuo, pero sin estar implicado realmente en ésta. Si los problemas de funcionamiento del campo energético se terminan explicando en términos meramente psicológicos, éste en sí quedaría como un mero “epifenómeno” de la actividad mental.

Por Francisco Moreno T., sanador ADABA y psicólogo, autor del libro “ADABA Sanación Estructural del Aura


“Si las puertas de la percepción se abriesen, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito”

(W. Blake)

 

ADABA sustenta su método en el examen acucioso del aura, con lo que se aleja de las técnicas de sanación que operan bajo el paradigma del “sanador ciego”. Que el sanador sea “ciego” quiere decir que, aún cuando su técnica trabaje sobre “lo energético”, no realiza un examen directo en este aspecto; a lo más, recurre a una entrevista, a instrumentos, pero no a su percepción sensorial de la energía. ADABA no está en contra de los métodos indirectos, que bien administrados pueden entregar valiosa información. No obstante, el examen del campo energético realizado por los propios sentidos de percepción sutil es lejos, la forma más directa de descubrir lo que al paciente le ocurre en la intimidad de su Alma. Nos entrega información fresca y directa de lo que está ocurriendo con él en ese instante, de sus conflictos, su dolor, sus mecanismos de defensa/adaptación, sus patrones emocionales, e incluso sus recursos y fortalezas. También es posible –entre otras cosas- acceder a información sobre vidas anteriores del paciente, o conectar con Guías y seres de luz que participan y prestan asistencia en el proceso sanador (tal como ya ha sido documentado por reconocidos sanadores como Barbara Brennan).

El punto esencial es –por tanto- el desarrollo de la sensibilidad, lo cual a algunas personas les resulta muy difícil mientras a otras se les da de manera innata. Y hay quienes creen que les será muy difícil porque asumen que nunca han captado nada, pero que luego se sorprenden al constatar que sí tienen la habilidad.
La habilidad de ver auras (percepción visual) y la habilidad de sentirlas (percepción kinestésica a través de las manos) suelen ser las formas más comunes con las que cuenta el sanador de ADABA a la hora de evaluar la realidad energética de un paciente. Muchas personas incluso descubren que sentir auras con las manos (y con el resto del cuerpo) –que podría entenderse como un “ver” a través de las manos- les es mucho más fácil que percibirlas con los ojos. Y de lo que se trata no es sólo percibirlas globalmente, sino de además –lo más importante- poder determinar las formas y estructuras particulares que presenta. Ya sean estructuras creadas por el propio sujeto, ya sean roturas o vacíos, parásitos o lazos con “entidades”, ya sea toda una variedad de formas ubicadas en frecuencias distintas del campo, estas formas poseen dimensiones y características únicas cada una. El trabajo de discriminarlas es fundamental, y le exige al sanador ADABA un grado de experticia y desarrollo que no se ve en otras técnicas.

 

En cierta forma todos tenemos la capacidad de aprender a percibir campos energéticos y la limitación más grande es quizás el que nuestro cerebro no ha sido debidamente entrenado para hacerlo. Es como el oído musical, que si no se lo entrena ex profeso, es normal que las personas sean incapaces de saber si un sonido está afinado o desafinado, o si es más grave o más agudo. Nuestra cultura –en ese sentido- no ha hecho un gran esfuerzo por fomentar la sensibilidad frente a las percepciones sutiles. Hasta hace poco, ni siquiera existía consciencia de la importancia de percibir nuestras propias emociones (cosa que pone de relieve Daniel Goleman en su obra “La Inteligencia Emocional”). De esta manera, si nuestro cerebro no establece redes neuronales capaces de integrar la información que recibe, ésta no se procesa y el fenómeno perceptivo pasa inadvertido. Por si fuera poco, cuando no hay palabras y/o no es posible comunicar lo que se está sintiendo (con el respectivo feedback), tampoco es posible llegar a definir una percepción. Recordemos que la realidad se construye socialmente: cuando vemos que el otro percibe o siente parecido, decimos “ok, eso es real”.

Dadas estas dificultades, cuando se trata de examinar auras, resulta de gran ayuda para el aprendiz, tener un guía o profesor (o por último, un manual) que lo vaya conduciendo, y ordenando y conceptualizando sus percepciones. En el caso del oído musical, si alguien –con un buen profesor- se entrena en diferenciar los sonidos, paulatinamente va creando redes neuronales en su cerebro, y comienza a escuchar diferencias que ahora le parecen inconfundibles. Entrenar la percepción del campo áurico se desarrolla de la misma forma. El que hace de profesor le dice al alumno: “mira, esto es una herida; esto otro, una estructura…” y va preguntando “¿tú qué ves acá? ¿qué textura percibes?”. Entonces la percepción se torna tan definida que el aprendiz sabe que no puede tratarse de autosugestión; que el objeto que aparece ante él es plenamente real.

El siguiente es el relato de un alumno de Sanación ADABA que relata su primera experiencia percibiendo estructuras siendo guiado por Sofía Vera (sanadora que desarrolló la técnica):

“Recuerdo la primera lección con Sofía, cuando me puso frente a una chica (que estaba sobre la camilla), y me indicó que estirara ambas manos hacia delante con las palmas hacia abajo, a 80 cm sobre la joven. Me dijo: “ahora anda bajando las manos lentamente, muy suave y fíjate cómo va cambiando la sensación en la medida en que se acercan a la paciente”. “Se pone cada vez más denso” –le indiqué- “…es como si hubiera una resistencia”. “Exacto,” –acotó- “estás percibiendo las distintas capas del campo energético, y ahora anda probando en distintas partes: sobre el pecho, después sobre el cuello, el vientre…, a ver qué notas”. Así lo hice y comencé a distinguir leves diferencias en la sensación de mis manos; justo en la zona sobre el abdomen estaba más compacto, como si hubiese “algo”. Mientras más me concentraba y “entraba en sintonía” con el campo áurico de la chica, más podía sentir que lo que había bajo mis manos era un bulto “sólido”, que ejercía una leve resistencia al avance de mis manos. Entonces Sofía me indicó: “Eso que sientes allí, es una estructura, y se la vamos a sacar, porque es una estructura que le bloquea el tercer chakra, el de la voluntad. Así ella va a andar más liviana, y va a poder llevar a cabo sus proyectos, porque esta estructura hace que se sienta estancada”. Acto seguido, la tomó entre sus manos y la sacó, como quien toma un ladrillo y lo levanta suavemente, para alejarlo del cuerpo de la paciente.”

 

Por lo general, al principio las sensaciones suelen ser más bien vagas, pero la práctica hace que de a poco empiezan a ser más y más detalladas, hasta volverse inconfundibles. El aprendiz a menudo pide el invaluable feedback de los propios pacientes, que le van señalando lo que sienten cada vez que examina y manipula sus auras. Eso es en sí una prueba del nivel de objetividad del método; de hecho, la conversación entre varios sanadores observando un mismo paciente es similar a la que pudiera darse entre varios médicos que dan su opinión frente a alguien que yace en la camilla de operaciones. Por supuesto, no todos captan las cosas de modo idéntico; a menudo sus percepciones tienen matices distintos y lo interesante es ver cómo esa mirada múltiple enriquece cualquier diagnóstico.

La percepción fina del aura es un arte y una capacidad que puede tardar años en desarrollarse adecuadamente, y tiene que ver tanto con la práctica, como con el propio proceso de sanación. Se ha hablado mucho en la literatura, de que el desarrollo de ciertos chakras activa la percepción sutil, y aunque la afirmación es verdadera, si el chakra está bloqueado por algún tipo de energía o estructura negativa, ¿cómo podría percibir adecuadamente? Antes de abrir la percepción es usual que haya que trabajar sobre los propios bloqueos, las propias estructuras y los propios miedos que nos condicionan y relegan a este nivel donde lo material nos parece ser lo único real.

Al respecto es importante señalar que en ADABA, el fenómeno perceptivo global se enmarca en un proceso más amplio que llamamos “sintonizar”. Lo que hace nuestro cerebro al disponerse para la percepción del aura se asemeja mucho a un músico que afina su propio instrumento para estar perfectamente acorde con el resto de la orquesta. Al poner atención a estímulos apenas perceptibles, se da un proceso de calibración donde los sentidos se agudizan y todo el ser individual adopta una actitud sensitiva y receptiva. Sintonizar es “entrar en la frecuencia” y es como buscar el punto exacto en el dial, donde un aparato de radio es capaz de traducir la señal en sonidos definidos. Todos tenemos ese dial interno con el que somos capaces de “sintonizarnos” hasta llegar a la frecuencia adecuada.

Desde una perspectiva energética, lo anterior implica que los campos áuricos del paciente y del sanador se conectan entre sí, en un fenómeno de “empatía”. A menudo, al aproximarse a un paciente y sintonizar con “su frecuencia”, el sanador logra saber qué experimenta el paciente y dónde, sintiéndolo el mismo en su propio cuerpo. Si –por ejemplo- siente una pesantez en su cabeza, puede llegar a suponer que el paciente tiene también “algo” en la cabeza. Como herramienta diagnóstica resulta maravillosa, pues permite saber perfectamente por dónde comenzar a examinar.

Igual que un ciego de nacimiento que consigue desarrollar la vista, el desarrollo de la percepción abre las puertas de un universo nuevo. Donde antes no había nada, ahora aparecen objetos, cuerpos y realidades que configuran un mundo ahora muy poco explorado. Esto recuerda el Renacimiento, donde hombres de la talla de un Leonardo, de un Vesalio o de un Paré, desafiaron las creencias hasta entonces y –considerando el cuerpo humano como un territorio virgen a estudiar- desarrollaron los primeros tratados científicos (y prácticos) de anatomía y medicina. En base a mucha observación, describieron los órganos del cuerpo humano, estudiaron su funcionamiento y llegaron a desarrollar métodos que enriquecieron el conocimiento médico hasta entonces.

Hoy muchas corrientes de la salud “alternativa” nos enseñan que la enfermedad, el sufrimiento y el malestar, físico y psicológico, poseen un correlato a nivel energético. Pese a lo correcto de la afirmación, el problema radica en que dicho nivel permanece poco explorado y –con esto del “sanador ciego”- existe muy poca literatura que enseñe de modo concreto cuáles son los aspectos esenciales que lo componen. Por lo común, los libros sobre el aura (salvo algunos como los de Barbara Brennan) se quedan en un nivel más bien general, abstracto, “espiritual”, y si bien entregan información útil, no entran a describir de manera acabada, estructural y práctica la anatomía del aura enferma. ADABA hace la diferencia.

 

Por Francisco Moreno T., sanador ADABA y psicólogo, extracto del libro “ADABA Sanación Estructural del Aura

Se conoce como “Campo Energético” al campo de energía que envuelve a nuestro cuerpo físico, y que alguna gente llama también “Aura” o “Campo Áurico” porque se suele percibir como una luminosidad alrededor, formando una especie de esfera que nos rodea como si estuviésemos dentro de una burbuja.

Más que un único cuerpo de energía, el aura es un sistema de muchos niveles, con densidades y frecuencias distintas. De alguna manera, constituye una especie de holograma de nuestra Alma, hallando en él todos nuestros ámbitos: psicológico, mental, espiritual, etc. El estudioso norteamericano Joe Slate (1999) señala:

Mucho más que cualquier otra característica humana, el aura manifiesta la suma y la sustancia de nuestra existencia como una fuerza vital infinita en el universo. Como fenómeno de desarrollo ofrece un continuo visible de nuestra evolución desde nuestros más remotos orígenes. Es una extensión de nuestro ser superior y una manifestación de la naturaleza cósmica de nuestro ser. Es la antena de la consciencia, el tesoro hallado del conocimiento y un depósito de ilimitadas posibilidades de crecimiento.

El aura contiene toda nuestra realidad psicológica y por tanto en ella toman forma nuestros pensamientos, sentimientos, deseos y emociones, tal como si se tratara de la pantalla de un gran televisor. Podemos ver distintos canales dependiendo de la frecuencia donde sintonicemos, pero a diferencia de un televisor donde las personas no están realmente allí, en el aura las emociones y pensamientos son estructuras con las que se puede interactuar si sabemos cómo.

Por supuesto, estamos acostumbrados a pensar que la psique, la mente, lo espiritual, etc., ocurren sólo en el cerebro, y eso se debe a que éste en sí mismo opera como un gran procesador. Sentimos una pena que nos aprieta el corazón y no obstante decimos: “esta pena está ocurriendo en el cerebro”, ya que así nos lo han dicho la psicología y las ideas científicas más aceptadas. En efecto, los investigadores abren el pecho con bisturí y no encuentran la pena pero sí registran actividad en el hipotálamo y otras áreas del cerebro. Entonces su conclusión es que “la pena está en el cerebro”. Sin embargo, si pudieran observar el campo energético, verían que esa pena tiene forma y se ubica –en este caso- objetivamente a la altura del pecho, y está realmente produciendo un tipo de opresión.

Así, los sentimientos y las emociones están íntimamente relacionados al campo energético. Son inseparables, y ésa es la razón de por qué los llamados “remedios vibracionales” (como las Flores de Bach), al actuar sobre la energía del aura, producen cambios emocionales y de percepción tan notorios como lo reportan miles de casos clínicamente descritos.

Nuestro pensar y nuestro sentir son la experiencia subjetiva de eso que está ocurriendo en algún nivel energético, y lo revolucionario de entenderlo de ese modo es que si aprendemos a manipular esos niveles podemos obtener cambios psicológicos (e incluso físicos) muy precisos.

El aura está compuesta de un tipo de tejido que llamamos energético al no poder clasificarlo dentro de las categorías materiales de sólido, líquido o gas. Generalmente es invisible a la percepción ordinaria, sin embargo, con un poco de práctica, su realidad se vuelve inconfundible. Mientras algunas personas lo logran ver, la mayoría aprende a “sentirlo” como si fuera una especie de “gel energético”, con textura, diferencias de densidad y otras características sensoriales.

Sobre este tejido, hay que destacar su naturaleza dinámica, y que mientras más sano, más fluido y brillante se aprecia. Es un tejido muy plástico, que se modela según la calidad de nuestros pensamientos y emociones.

Así, los pensamientos y emociones positivos generan un aura fluida y brillante, lo que se traduce en felicidad y bienestar. Por el contrario, pensamientos y emociones destructivos (tanto propios como de otras personas a nuestro alrededor) generan energías tóxicas que comienzan a acumularse en formas más o menos estables estructuradas en el tiempo. Entonces nos sentimos bloqueados, desgarrados, tristes, infelices… porque estos elementos han ido oscureciendo y cortando el flujo natural y sano de la energía dentro del campo.

Ni la psiquiatría ni la psicología han podido aliviar verdaderamente el sufrimiento humano porque les falta esta comprensión desde lo energético. Se han centrado demasiado en el estudio del cerebro y del lenguaje pensando que son las únicas maneras de aproximarse a los problemas de la Psique. El hecho es que muchas veces no hay éxito terapéutico, porque aunque el paciente hable y tome consciencia de su dolor, no consigue dejar de sentirse mal. Los fármacos pueden ayudar, pero un abordaje desde el campo energético es siempre más certero y ofrece soluciones de fondo.

En definitiva, existen al menos 2 consecuencias muy prácticas de adquirir la perspectiva del Campo Energético como expresión de nuestra Psique:

Consecuencia 1: Aprendiendo a percibir el Aura, podemos diagnosticar con precisión la naturaleza del sufrimiento que aqueja a una persona. Podemos “ver” sus dramas, su problema emocional de fondo y los patrones emocionales que lo sostienen sin que tenga necesariamente que hablar de aquello. Por supuesto, es un examen a cabalidad, y no se trata sólo de ver colores y apreciaciones generales como “su energía está desarmonizada”. Como vemos, eso es bastante básico. La técnica ADABA nos permite distinguir qué estructuras dentro del campo están generando qué efecto específico en términos psicológicos. Si cualquiera abriera un cuerpo con un bisturí para 20 ver sus órganos, no sabría decir mucho sobre el problema de salud de esa persona. Distinto sería un médico, quien podría observar distintos fenómenos característicos de un cuadro para él conocido. Asimismo ocurre con el diagnóstico del aura para ver formaciones y estructuras características de un patrón emocional.

Consecuencia 2: Podemos “operar” esos problemas psicológicos, y esto lo hace normalmente el sanador con la intención que él proyecta a través de las manos, afirmaciones o a veces simplemente, su propia mente. ADABA es una técnica desarrollada para hacer este tipo de intervenciones, con plena precisión y cuidado. Modificando el Campo Energético, retirando la energía tóxica, sanado las grietas dentro del tejido, etc., inmediatamente la persona va experimentando transformaciones. De todas formas, para avanzar es imprescindible ir tomando conciencia. Como veremos al ir profundizando en el estudio de la técnica, lo que es demasiado inconsciente para la propia persona, no puede tratarse. ADABA se construye –por tanto- en la colaboración mutua del paciente con el sanador.

A continuación describiremos algunas de las formas energéticas más comunes con las que se topa un sanador de Adaba al momento de trabajar sobre el Campo Áurico. Se trata de formas que poseen una ubicación espacial dentro de aquél, o sea, se las puede captar como cuerpos tridimensionales más o menos densos, de diversa naturaleza y tamaño. Dado que se hallan en múltiples capas o niveles vibratorios, y por lo tanto suelen coexistir unas con otras, dependerá de la capacidad del sanador el poder percibirlas en la medida en que logra sintonizar con dichos niveles.

Es necesario recalcar además, que estas conformaciones implican siempre un grado de rigidización o discontinuidad dentro del Campo. Esto quiere decir que interrumpen su fluidez natural, acarreando el dolor y el sufrimiento. Que la falta de fluidez es sinónimo de detención y enfermedad ya ha sido señalado por muchas disciplinas espirituales; el punto es que acá lo estamos entendiendo desde la perspectiva del Campo Energético, que resulta muy útil por ser muy concreta y real. Y constituye –a la vez- un enfoque estructural porque de lo que se trata es describir las «estructuras» o –más precisamente- «formas» específicas responsables de la interrupción del flujo.

Aunque existe infinidad de formas, hemos seleccionado aquellas que nos han parecido las más comunes.

1. Estructuras

Se perciben como zonas densas dentro del campo energético y suelen constituirse como cuerpos definidos y estables. Son muy diversas en forma, tamaño y «textura» emocional, pero todas representan –de algún modo- patrones de pensamiento y emoción cristalizados. Si un mismo pensamiento se reitera durante mucho tiempo, esa forma se «cristaliza», es decir, toma forma estable y delimitada en el tiempo y el espacio. Por ejemplo, un pensamiento del tipo “los hombres no lloran”, al repetirse durante mucho tiempo, termina «cristalizándose» como estructura que podría –por ejemplo- estar ubicada en la zona del pecho. Si el sujeto quiere llorar, la estructura opera como un bloqueo, inhibiendo el llanto. Es debido a las estructuras que el cambio psicológico resulta tan difícil, porque aunque el individuo quiera cambiar, las estructuras se lo impiden. Es cierto que a través de la comprensión y nuevos condicionamientos es posible modificarlas, pero resulta muchísimo más rápido trabajarlas a través de Adaba. En efecto, al ir operando las estructuras, el cambio va siendo sistemático.

2. Heridas o fisuras

Constituyen zonas del campo energético en las que éste se halla desgarrado, de tal manera que su aspecto y sensación es el de una verdadera grieta o herida. A través de éstas, la persona literalmente se desangra energética y emocionalmente, experimentando sentimientos de dolor, pena, angustia, y otros por el estilo. Su origen suele corresponder a situaciones traumáticas de esta u otras vidas que –dada su importancia e intensidad- acabaron por desgarrar el tejido del campo. A menudo expresiones como “resulta desgarrador” o “se me parte el alma” registran esa vivencia de que en alguna parte nuestra «algo se nos rompe». En el caso de las depresiones, casi siempre existe una herida a la base, lo mismo que en casos de autoestima baja o cuando la gente siente pena o dolor injustificados.

3. Nubes, Nieblas, Babas y Alquitranes

Son formas energéticas no estructuradas, en el sentido de que no alcanzan a cristalizar como estructuras al no existir un pensamiento que las articule. En el caso de las nubes y nieblas, hablamos de emociones como la pena o la angustia: “anda con la nube negra” se dice en lenguaje común. Los mocos y las babas, por su parte, suelen ser desechos de estructuras y desechos emocionales en general que –al igual que las nubes- también oscurecen y ensucian la energía del campo, generando síntomas emocionales negativos. Los alquitranes, por su parte, hablan de odios muy profundos sostenidos en el tiempo, y/o cuando la persona se ha «envenenado» haciendo magia negra.

4. Púas, Ganchos, Maldiciones y Males

Son un tipo particular de daño, que no proviene de la propia persona, sino que ha sido arrojado desde afuera por el ataque de un tercero. En el caso de las púas y ganchos, se trata de estructuras que otros arrojan cuando están siendo presas de la rabia, la envidia o el despecho, y toman la forma de una espina o de un gancho que se incrusta en el campo de la víctima generando dolor o sentimientos negativos. Este tipo de ataque se caracteriza por que suele ser más bien inconsciente, en cambio en los males y las maldiciones, el mal es intencionado. Muchas veces estas últimas se ven como estructuras en forma de puro que se incrustan en el aura de la persona y desde ahí literalmente la van envenenando progresivamente.

5. Parásitos

Son muy comunes y se trata de organismos energéticos que se adhieren al campo energético en zonas donde éste se halla débil o presa de una emoción negativa. Desde allí, se alimentan de la energía y las emociones negativas del paciente, que ellos mismos estimulan. Los hay de muchas formas: bolas con tentáculos, amebas, medusas, pulpos, babosas, gusanos, larvas, etc. A veces se hallan en tal cantidad, que agotan la energía del paciente, o lo sumen en estados emocionales muy negativos que llegan a expresarse físicamente.

6. Lazos

Se trata de uniones energéticas en forma de manguera que nos conectan energética, kármica y emocionalmente con otros seres. Los lazos entre personas no son los más problemáticos, ya que no representan necesariamente ataduras dañinas. No obstante, también existen lazos con entidades no humanas, algunas de las cuales llegan a ser muy negativas porque se alimentan del menoscabo de la persona. Muchas depresiones y angustias, y trastornos psiquiátricos de todo tipo se originan en este tipo de lazos que el sanador Adaba aprende a retirar, consiguiendo resultados que vistos desde fuera llegan a parecer milagrosos.

7. Huellas de trauma físico

Son estructuras que –como una verdadera huella emocional- se originaron en algún tipo de daño que la persona experimentó en otras vidas. Por ejemplo, si la persona murió producto de una flecha, la huella energética de esa flecha queda, con su forma casi perfecta, como una marca energética en el aura. Eso ocurre porque el objeto queda impregnado de la intensa emoción del sujeto, en este caso de su sufrimiento al momento de morir. Así pasa también –por ejemplo- con los grilletes o las cadenas que pudo haber llevado en una vida de preso o esclavo, o con un cinturón de castidad en la edad media, o con un feto en el caso de haber sido una mujer que murió en el parto o que perdió un hijo. Huellas de este tipo son muy comunes de encontrar en todos los pacientes al comenzar a tratarse con Adaba. Al parecer, una de las primeras cosas que empieza a hacer la persona al comenzar a sanarse, es a arrojar fuera todas estas estructuras «de muerte» -que el sanador retira- que de una u otra forma representan un dolor o sufrimiento.

Adaba es un completo sistema de sanación que permite curar la enfermedad y el sufrimiento mental, psicológico y hasta físico (en muchos casos) a través de la manipulación y modificación del Campo Energético Humano (o Aura).

La principal premisa sobre la que se funda es que el Campo Energético es la expresión corporizada de eso que llamamos “alma” o “mente”. Por eso, si alguien experimenta sufrimiento mental o emocional, es posible curar ese sufrimiento –del tipo que sea- al operar directamente sobre dicho campo.

Esto es tremendamente revolucionario ya que contradice la idea más aceptada aún hoy: que la mente y la psique se hallan en la cabeza y que son totalmente equiparables al cerebro y sistema nervioso. Invariablemente, si uno dice sentir tristeza o alegría, depresión u obsesiones, miedo o amor, la explicación corriente siempre será: “esto está ocurriendo en mi cerebro”, independiente que lo pueda estar experimentando como algo que ocurre en algún lugar del cuerpo.

La psicología –por su parte- históricamente ha tenido el problema de -en cierta forma- estar “en el aire”, ya que el fenómeno mental resulta siempre invisible o intangible. Para un médico es fácil estudiar un hígado o un riñón porque existe un cuerpo que puede ser observado y examinado directamente, pero para el psicólogo resulta imposible observar directamente los problemas de un paciente y necesita basarse en lo que éste dice o hace.

Esta limitación ha llevado a que los métodos de la psicología dependan demasiado del lenguaje y la interpretación, y que a menudo sean vistos como menos objetivos y concretos que –por ejemplo- los de la medicina. Los pacientes, por lo común deben hablar de lo que le pasa, y no siempre –a pesar de llevar hablando mucho tiempo- obtienen curación o mejoría.

De esta forma, el enfoque desde el Campo Energético –al menos el que propone Adaba- llena el vacío que la psicología siempre ha tenido con respecto al estudio de la mente o psique, referido a la falta de un cuerpo que le permita objetivarla. La sanadora norteamericana Barbara Brennan (que puede considerarse precursora, 30 años antes, de Adaba) lo expresa así:

“El aura es, en realidad, el «eslabón perdido» entre la biología y la medicina física y la psicoterapia. Es el «lugar» donde se localizan todas las pautas sobre emociones, pensamientos, recuerdos y comportamientos que solemos discutir incansablemente en la terapia. Estas pautas no están simplemente suspendidas en algún lugar de nuestra imaginación, sino que se sitúan en el tiempo y en el espacio.” [Brennan, B., Manos que Curan, Cap. 11].

Justamente desde el Campo Energético podemos ubicar espacialmente estas pautas de pensamiento y emoción que en su interior se muestran como “formas” o “estructuras” de energía estables en el tiempo/espacio. Esto permite –con sólo un vistazo al campo- determinar qué le ocurre al paciente desde el punto de vista psicológico o mental, y comenzar a tratarlo a través de esta misma vía: la energética. Incluso si el paciente carece de la suficiente consciencia como para relatar su estado, el sanador se habrá hecho una idea clara y precisa con sólo observar las formas que presenta y su ubicación.

Finalmente, si tuviésemos que definir a qué modelo de mente se está adscribiendo Adaba, habría que decir –por tanto- que se trata de una “mente encarnada” . En otras palabras, la mente (o psique) se halla encarnada –en este caso- en el Campo Energético Humano. Tanto es así que muchas de las metáforas y representaciones mentales que utilizamos a diario, a través de las cuales pensamos y que se expresan en el lenguaje corriente, expresan fenómenos que están realmente ocurriendo en un nivel “energético”. Por ejemplo: “fue una experiencia desgarradora”, “tengo un nudo en la garganta”, “asumo el peso de esta responsabilidad”, “siento un agujero en el alma”, “se le endureció el corazón”, etc., son sensaciones o autopercepciones reales que hablan de un nivel invisible pero real. De hecho, muchas personas constantemente consultan al médico por sensaciones físicas reales que sin embargo son prontamente descartadas porque “ahí donde les duele no hay físicamente nada”. Entonces son derivados al psiquiatra o al psicólogo, porque se asume que se trata de una mala jugada de la imaginación producto del estrés físico o emocional. En un examen del campo energético, por el contrario, todas esas sensaciones y síntomas físicos y emocionales, cobran inmediatamente un significado perfectamente claro. Es posible establecer una relación causal directa entre las estructuras del campo y dichos síntomas, con tal precisión que el sanador, al manipular esas estructuras, provoca inmediato alivio en el paciente.

La Perspectiva Estructural

El trabajo sobre el Campo Energético Humano no es para nada nuevo y, sobre todo en los últimos años, han surgido infinidad de sistemas que trabajan con y a través de él. En ese contexto, ¿qué sería lo particular que propone Adaba y qué la diferencia de estos otros enfoques que operan con “la energía”?

En realidad, la mayoría de los sistemas que trabajan con el campo energético, lo hacen desde una perspectiva que llamaremos FUNCIONAL, centrada en nociones de “flujo” y “movimiento”. Esto quiere decir que se plantean desde el punto de vista del funcionamiento y del estado del campo, y sus métodos apuntan –por un lado- a describir este funcionamiento en el paciente y –por otro- a reestablecerlo si se encuentra alterado o interrumpido. Algunos diagnósticos funcionales típicos son: “tienes un bloqueo a nivel del chakra del corazón” o bien “tu chakra raíz está cerrado… desalineado, desviado…” o “tu canal central se encuentra bloqueado”, etc. La acupuntura es un gran ejemplo de perspectiva funcional muy bien desarrollada y en general toda la medicina china, ya que en el pensamiento oriental, la noción de flujo resulta primordial en su forma de comprender el universo.

Sin embargo, el problema de las perspectivas funcionales es que si bien describen correctamente el funcionamiento de la energía en el campo, no son capaces de determinar QUÉ está causando este funcionamiento anormal. Es decir, si estamos trabajando con el Campo Energético, debemos ser capaces de determinar también cuáles son las estructuras dentro de este mismo que están a la base de esos funcionamientos anormales. Si no lo hacemos así, y decimos por ejemplo “tu bloqueo ocurre porque estás triste”, finalmente estamos volviendo a la explicación meramente “psicológica” y el Campo Energético toma bien poca relevancia final. Si la explicación es psicológica, entonces el aura sólo sirve para diagnosticar y merece sólo tratamientos “de superficie” que no producen cambios reales ni permanentes en la forma de ser del individuo.

Por ejemplo, si alguien dice “está bloqueada la calle”, está describiendo correctamente el estado “funcional” de la calle. No obstante no dice nada sobre las causas del bloqueo, ya que es muy distinto que se halle cerrada porque ha habido un choque, o porque cayó un árbol, o porque están haciendo reparaciones, o porque hay una competencia deportiva.

Cuando un terapeuta “de la energía”, que se maneja sólo funcionalmente, dice “este paciente tiene el chakra X bloqueado”, normalmente no sabe describir la naturaleza de las estructuras energéticas que son la causa de este bloqueo. Por lo común intentará devolver el flujo y restablecerlo mediante una “limpieza” o cualquier otro tratamiento de mantención o “alineamiento” (con visualizaciones, alimentación, Reiki, mantrams, etc.) pero con poca precisión, ya que se trata de procedimientos generales que en algunos casos darán frutos y en otros no. Por otra parte, si no se atiende la causa estructural del bloqueo, es probable que la solución sea momentánea, es decir, el paciente sintiéndose bien inmediatamente después de la terapia pero después volviendo a sentirse bloqueado.

Es aquí donde Adaba propone una nueva perspectiva, que llamaremos PERSPECTIVA ESTRUCTURAL del Campo Energético. Se basa en la premisa fundamental de que “la intención crea formas en el campo”. En otras palabras, en el campo energético encontramos infinidad de formas y estructuras que corresponden a los patrones de pensamiento, conducta y emoción del individuo, de tal manera que TODA su realidad psíquica, mental y espiritual se halla energéticamente representada en dichas formas.

Allí donde el terapeuta común se fija en flujos o en chakras abiertos o bloqueados, el sanador Adaba determina qué estructuras particulares se hallan asociadas a qué comportamiento o síntoma en cuestión, su naturaleza y origen. Porque indudablemente las estructuras son formaciones energéticas diversas, que varían enormemente en tamaño y localización. La mayoría son originadas por el propio individuo (a través de la intensidad de sus pensamientos y emociones), mientras otras corresponden a parásitos energéticos, estructuras “lanzadas” o colocadas por otros, lazos con entidades, heridas, lazos con personas, vacíos, etc.

Hay que aclarar que el sanador Adaba que maneja la Perspectiva Estructural, no prescinde ni del nivel funcional, ni tampoco del nivel de la persona; más bien integra los tres. Para ejemplificarlo veamos el siguiente ejemplo:

Nivel de la Experiencia Nivel Funcional Nivel Estructural
“Tengo tristeza y dolor. Ando como con un peso encima”. “El chakra del corazón está bloqueado y se siente roto”. “Se observa una desconexión de esta persona con sus propios sentimientos”. “Hay una herida o fisura de 30 cm que parte en la garganta y llega hasta la boca del estómago, que está muy activa y tiene que ver con sentimientos de soledad y abandono. En conjunto con esta herida se observa un bloque que tiene que ver con control y represión de los sentimientos, del tamaño de una almohada que se agarra a ambos costados bajo las axilas y abajo cubre parte del vientre”.

En primer lugar, el Nivel de la Experiencia tiene que ver con todo aquello que el sujeto relata como sensación o síntoma en base a lo que él mismo experimenta. Cuando los pacientes acuden a tratarse, lo hacen casi siempre porque sienten dolor o algún tipo de malestar o incomodidad. Es éste nivel el que se trabaja en la psicoterapia, cuando el terapeuta pide a al sujeto que relate lo que siente y piensa, y en definitiva es el nivel donde los cambios finalmente deben notarse. En el ejemplo, la experiencia del sujeto es sentirse triste.

El nivel funcional del Campo –ya lo hemos dicho- nos muestra cómo está funcionando éste en términos de flujo y movimiento de las energías. En este caso se observa que el chakra cardiaco posee un funcionamiento deficiente, lo cual se observa como un bloqueo u obstrucción del flujo.

Por último, el nivel estructural resulta el más específico, al mostrar formas específicas en la zona del chakra cardiaco que son las responsables del bloqueo funcional. Estas formas tienen dimensiones, densidad y volumen, de tal manera que pueden ser “operadas” o “manipuladas” tal como un cirujano opera o manipula los órganos del cuerpo físico. Es un nivel tremendamente concreto que permite establecer con precisión relaciones de causalidad hacia los otros niveles. Si se modifican las estructuras, el funcionamiento y –finalmente también- la experiencia del individuo cambian radicalmente.

En el sentido inverso del cuadro, cuando el sanador Adaba observa -utilizando su percepción ampliada- las estructuras presentes en el Campo Energético del un paciente (nivel estructural), es capaz de determinar qué funcionamiento energético provocan (nivel funcional) para finalmente decir qué patrón emocional y/o de pensamiento generan en el individuo (nivel de la experiencia). Esto significa que el Campo Energético se puede leer igual que como un detective lee la escena del crimen para reconstruir los hechos que allí acaecieron. El sanador –en este caso- logra reconstruir de qué manera fueron creándose esas formas y estructuras en el individuo, y a qué “intención” en términos psicológicos corresponden.

Por otra parte el cuadro nos muestra que cualquier sentir del paciente puede tener más de una causa funcional, pero cada una de éstas a su vez tener múltiples causas estructurales. Esto significa que el nivel estructural es donde se realiza el trabajo más minucioso y de carácter más concreto. Por supuesto, lo que más conviene siempre es trabajar con los tres niveles perfectamente unificados, ya que cada uno aporta una perspectiva de la cual no es bueno jamás prescindir.

En lo que respecta a la Perspectiva Estructural, ésta nos permite hablar de Adaba (al menos una parte de ésta) como una especie de “cirugía de la energía”. Por supuesto, resulta muchísimo más (en realidad Adaba es todo un sistema integrado de medicina y crecimiento personal), pero la comparación con la cirugía es válido para entender el nivel de concreción y precisión con el que trabaja. Los sanadores se entrenan en percibir y “operar” formas en el campo, no obstante -sin dejar de lado los otros niveles- también en percibir y comprender flujos y funcionalismos, y en sintonizar en profundidad con el sentir del paciente.

La Perspectiva Estructural ha sido la gran ausente en las terapias de la energía. Sólo basta ver cuánta pobreza de información sobre las estructuras existe aún hoy en las decenas de libros y manuales que se han escrito sobre el aura, y lo poco que sabe un terapeuta promedio sobre las mismas. Aún así, existen importantes antecedentes como el de Barbara Brennan, que en su libro “Manos que Curan” habla de “bloques” energéticos como una forma de referirse a las estructuras. No obstante, la sanadora no establece un sistema basado en esta mirada, sino más bien se termina reenfocando en el diagnóstico y tratamiento de los chakras (es decir, un nivel funcional). Otros autores como la vidente mexicana Olga Menéndez, se refieren a “ataduras” en vez de estructuras, mas igualmente sus apreciaciones –al carecer de perspectiva teórica- acaban quedándose en lo anecdótico.

En la Edad Media, analizar la estructura del cuerpo físico estaba casi por completo ausente en la medicina occidental. Casi todas las enfermedades se atribuían a la voluntad divina, y los médicos de esa época efectuaban un sinnúmero de procedimientos inspirados más en nociones filosóficas que en conocimientos empíricos . No obstante, las observaciones de algunos llevaron a pensar que debía haber causas naturales y comenzó la exploración del cuerpo físico y sus órganos. En otras palabras, se fue imponiendo la verdad: que para entender y curar las enfermedades del cuerpo era necesario estudiar su “estructura”. Hoy en día, sin ir más lejos, nos hallamos en un punto similar en lo que a las terapias de la energía se refiere. Recién hoy nos estamos dando cuenta de que para entender la psique y los patrones mentales y emocionales, es necesario estudiar las estructuras (y no sólo el funcionamiento) del campo energético. Esto abre un ámbito de exploración, y posibilidades, tremendamente nuevas, donde la enfermedad mental o psíquica puede curarse directamente desde el Campo, con procedimientos que en el pasado fueron llamados mágicos o milagrosos.

Sólo Adaba, hasta ahora, ofrece un punto de vista integrado y un abordaje sistematizado para trabajar en el Nivel de las Estructuras. El grado de claridad y concreción teórico-práctico que maneja suele asombrar tanto a alumnos como a pacientes, ya que en general estamos acostumbrados a entender lo energético de un modo más bien vago, subjetivo y teñido de subjetividad espiritual.

«Si las puertas de la percepción se abriesen, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito»
(W. Blake)

Adaba sustenta su método en el examen acucioso del aura, con lo que se aleja de las técnicas de sanación que operan bajo el paradigma del “sanador ciego”. Que el sanador sea “ciego” quiere decir que, aún cuando su técnica trabaje sobre “lo energético”, no realiza un examen directo en este aspecto; a lo más, recurre a una entrevista, a instrumentos, pero no a su percepción sensorial de la energía. Adaba no está en contra de los métodos indirectos, que bien administrados pueden entregar valiosa información. No obstante, el examen del campo energético realizado por los propios sentidos de percepción sutil es lejos, la forma más directa de descubrir lo que al paciente le ocurre en la intimidad de su Alma. Nos entrega información fresca y directa de lo que está ocurriendo con él en ese instante, de sus conflictos, su dolor, sus mecanismos de defensa/adaptación, sus patrones emocionales, e incluso sus recursos y fortalezas. También es posible –entre otras cosas- acceder a información sobre vidas anteriores del paciente, o conectar con Guías y seres de luz que participan y prestan asistencia en el proceso sanador (tal como ya ha sido documentado por reconocidos sanadores como Barbara Brennan).

El punto esencial es –por tanto- el desarrollo de la sensibilidad, lo cual a algunas personas les resulta muy difícil mientras a otras se les da de manera innata. Y hay quienes creen que les será muy difícil porque asumen que nunca han captado nada, pero que luego se sorprenden al constatar que sí tienen la habilidad.
La habilidad de ver auras (percepción visual) y la habilidad de sentirlas (percepción kinestésica a través de las manos) suelen ser las formas más comunes con las que cuenta el sanador de Adaba a la hora de evaluar la realidad energética de un paciente. Muchas personas incluso descubren que sentir auras con las manos (y con el resto del cuerpo) –que podría entenderse como un “ver” a través de las manos- les es mucho más fácil que percibirlas con los ojos. Y de lo que se trata no es sólo percibirlas globalmente, sino de además –lo más importante- poder determinar las formas y estructuras particulares que presenta. Ya sean estructuras creadas por el propio sujeto, ya sean roturas o vacíos, parásitos o lazos con “entidades”, ya sea toda una variedad de formas ubicadas en frecuencias distintas del campo, estas formas poseen dimensiones y características únicas cada una. El trabajo de discriminarlas es fundamental, y le exige al sanador Adaba un grado de experticia y desarrollo que no se ve en otras técnicas.

En cierta forma todos tenemos la capacidad de aprender a percibir campos energéticos y la limitación más grande es quizás el que nuestro cerebro no ha sido debidamente entrenado para hacerlo. Es como el oído musical, que si no se lo entrena ex profeso, es normal que las personas sean incapaces de saber si un sonido está afinado o desafinado, o si es más grave o más agudo. Nuestra cultura –en ese sentido- no ha hecho un gran esfuerzo por fomentar la sensibilidad frente a las percepciones sutiles. Hasta hace poco, ni siquiera existía consciencia de la importancia de percibir nuestras propias emociones (cosa que pone de relieve Daniel Goleman en su obra “La Inteligencia Emocional”). De esta manera, si nuestro cerebro no establece redes neuronales capaces de integrar la información que recibe, ésta no se procesa y el fenómeno perceptivo pasa inadvertido. Por si fuera poco, cuando no hay palabras y/o no es posible comunicar lo que se está sintiendo (con el respectivo feedback), tampoco es posible llegar a definir una percepción. Recordemos que la realidad se construye socialmente: cuando vemos que el otro percibe o siente parecido, decimos “ok, eso es real”.

Dadas estas dificultades, cuando se trata de examinar auras, resulta de gran ayuda para el aprendiz, tener un guía o profesor (o por último, un manual) que lo vaya conduciendo, y ordenando y conceptualizando sus percepciones. En el caso del oído musical, si alguien –con un buen profesor- se entrena en diferenciar los sonidos, paulatinamente va creando redes neuronales en su cerebro, y comienza a escuchar diferencias que ahora le parecen inconfundibles. Entrenar la percepción del campo áurico se desarrolla de la misma forma. El que hace de profesor le dice al alumno: “mira, esto es una herida; esto otro, una estructura…” y va preguntando “¿tú qué ves acá? ¿qué textura percibes?”. Entonces la percepción se torna tan definida que el aprendiz sabe que no puede tratarse de autosugestión; que el objeto que aparece ante él es plenamente real.

El siguiente es el relato de un alumno de Sanación Adaba que relata su primera experiencia percibiendo estructuras siendo guiado por Sofía Vera (sanadora que desarrolló la técnica):

«Recuerdo la primera lección con Sofía, cuando me puso frente a una chica (que estaba sobre la camilla), y me indicó que estirara ambas manos hacia delante con las palmas hacia abajo, a 80 cm sobre la joven. Me dijo: “ahora anda bajando las manos lentamente, muy suave y fíjate cómo va cambiando la sensación en la medida en que se acercan a la paciente”. “Se pone cada vez más denso” –le indiqué- “…es como si hubiera una resistencia”. “Exacto,” –acotó- “estás percibiendo las distintas capas del campo energético, y ahora anda probando en distintas partes: sobre el pecho, después sobre el cuello, el vientre…, a ver qué notas”. Así lo hice y comencé a distinguir leves diferencias en la sensación de mis manos; justo en la zona sobre el abdomen estaba más compacto, como si hubiese “algo”. Mientras más me concentraba y “entraba en sintonía” con el campo áurico de la chica, más podía sentir que lo que había bajo mis manos era un bulto “sólido”, que ejercía una leve resistencia al avance de mis manos. Entonces Sofía me indicó: “Eso que sientes allí, es una estructura, y se la vamos a sacar, porque es una estructura que le bloquea el tercer chakra, el de la voluntad. Así ella va a andar más liviana, y va a poder llevar a cabo sus proyectos, porque esta estructura hace que se sienta estancada”. Acto seguido, la tomó entre sus manos y la sacó, como quien toma un ladrillo y lo levanta suavemente, para alejarlo del cuerpo de la paciente.»

Por lo general, al principio las sensaciones suelen ser más bien vagas, pero la práctica hace que de a poco empiezan a ser más y más detalladas, hasta volverse inconfundibles. El aprendiz a menudo pide el invaluable feedback de los propios pacientes, que le van señalando lo que sienten cada vez que examina y manipula sus auras. Eso es en sí una prueba del nivel de objetividad del método; de hecho, la conversación entre varios sanadores observando un mismo paciente es similar a la que pudiera darse entre varios médicos que dan su opinión frente a alguien que yace en la camilla de operaciones. Por supuesto, no todos captan las cosas de modo idéntico; a menudo sus percepciones tienen matices distintos y lo interesante es ver cómo esa mirada múltiple enriquece cualquier diagnóstico.

La percepción fina del aura es un arte y una capacidad que puede tardar años en desarrollarse adecuadamente, y tiene que ver tanto con la práctica, como con el propio proceso de sanación. Se ha hablado mucho en la literatura, de que el desarrollo de ciertos chakras activa la percepción sutil, y aunque la afirmación es verdadera, si el chakra está bloqueado por algún tipo de energía o estructura negativa, ¿cómo podría percibir adecuadamente? Antes de abrir la percepción es usual que haya que trabajar sobre los propios bloqueos, las propias estructuras y los propios miedos que nos condicionan y relegan a este nivel donde lo material nos parece ser lo único real.

Al respecto es importante señalar que en Adaba, el fenómeno perceptivo global se enmarca en un proceso más amplio que llamamos “sintonizar”. Lo que hace nuestro cerebro al disponerse para la percepción del aura se asemeja mucho a un músico que afina su propio instrumento para estar perfectamente acorde con el resto de la orquesta. Al poner atención a estímulos apenas perceptibles, se da un proceso de calibración donde los sentidos se agudizan y todo el ser individual adopta una actitud sensitiva y receptiva. Sintonizar es “entrar en la frecuencia” y es como buscar el punto exacto en el dial, donde un aparato de radio es capaz de traducir la señal en sonidos definidos. Todos tenemos ese dial interno con el que somos capaces de “sintonizarnos” hasta llegar a la frecuencia adecuada.

Desde una perspectiva energética, lo anterior implica que los campos áuricos del paciente y del sanador se conectan entre sí, en un fenómeno de “empatía”. A menudo, al aproximarse a un paciente y sintonizar con “su frecuencia”, el sanador logra saber qué experimenta el paciente y dónde, sintiéndolo el mismo en su propio cuerpo. Si –por ejemplo- siente una pesantez en su cabeza, puede llegar a suponer que el paciente tiene también “algo” en la cabeza. Como herramienta diagnóstica resulta maravillosa, pues permite saber perfectamente por dónde comenzar a examinar.

Igual que un ciego de nacimiento que consigue desarrollar la vista, el desarrollo de la percepción abre las puertas de un universo nuevo. Donde antes no había nada, ahora aparecen objetos, cuerpos y realidades que configuran un mundo ahora muy poco explorado. Esto recuerda el Renacimiento, donde hombres de la talla de un Leonardo, de un Vesalio o de un Paré, desafiaron las creencias hasta entonces y –considerando el cuerpo humano como un territorio virgen a estudiar- desarrollaron los primeros tratados científicos (y prácticos) de anatomía y medicina. En base a mucha observación, describieron los órganos del cuerpo humano, estudiaron su funcionamiento y llegaron a desarrollar métodos que enriquecieron el conocimiento médico hasta entonces.

Hoy muchas corrientes de la salud “alternativa” nos enseñan que la enfermedad, el sufrimiento y el malestar, físico y psicológico, poseen un correlato a nivel energético. Pese a lo correcto de la afirmación, el problema radica en que dicho nivel permanece poco explorado y –con esto del “sanador ciego”- existe muy poca literatura que enseñe de modo concreto cuáles son los aspectos esenciales que lo componen. Por lo común, los libros sobre el aura (salvo algunos como los de Barbara Brennan) se quedan en un nivel más bien general, abstracto, “espiritual”, y si bien entregan información útil, no entran a describir de manera acabada, estructural y práctica la anatomía del aura enferma. Adaba hace la diferencia.