Muchas personas se preguntan si Adaba es como el Reiki y la respuesta es no. Eso sí, ambos sistemas tienen similitud al trabajar ambos con la energía de las manos, pero de modos que resultan muy distintos tanto por el procedimiento como por los resultados.

Reiki Adaba
El Sanador es un canal, es decir, actúa pasivamente, canalizando la energía Reiki a través de sus manos. El Sanador es completamente activo en cuanto es capaz de establecer un diagnóstico del paciente, determinando las estructuras dentro de su Aura que es necesario trabajar, explicando al paciente el motivo. Posteriormente, está en capacidad no sólo de canalizar o trasmitir energía sino de retirar o modificar estructuras dentro del campo. En ese sentido, el sanador Adaba –entre otras cosas- sería una especie de “cirujano del campo energético”
La Energía que canaliza es energía Reiki (energía vital universal), un tipo particular de energía que se transmite cuando el practicante ha sido iniciado, a través de un procedimiento específico para ese sistema. La energía Reiki es de cierto tipo de maestros que envían esa energía que son los Maestros de Reiki. El sanador trabaja con muchos tipos de energía distintos tal como si fuera la paleta de un pintor. Cada uno va descubriendo –con la práctica- con cuáles energías se siente más cómodo. Existen muchas líneas de maestros y seres de luz con los cuales se puede trabajar. El Reiki podría ser una más de las herramientas de un sanador Adaba, pero dentro de muchas otras. No se requiere iniciación especial
La formación de un reikista implica tres iniciaciones, quedando el terapeuta capacitad para trabajar en distintos niveles, respectivamente. La formación del sanador Adaba es larga, y requiere mucha práctica para desarrollar la percepción, y criterios diagnósticos y terapéuticos que son imprescindibles. Y el sanador necesita alcanzar experiencia y manejo técnico para operar con distintas herramientas para distintas zonas y estructuras del campo energético.
Con el Reiki, usualmente tanto el sanador como el paciente se sienten bien durante y después de una sesión. En Adaba muchas veces no siempre el paciente se siente mejor durante o inmediatamente después de la sesión pues ésta puede ser muy fuerte e intensa desde el punto de vista emocional.
El Reiki aplica una energía única para diversas dolencias y síntomas a tratar. Ya sea un dolor de cabeza, una pena de amor o un estado de miedo, es siempre la misma energía y el mismo procedimiento el que se utiliza. Adaba es siempre específica, pues busca las causas específicas de un problema, eliminándolas desde la estructura misma que las provoca. Tratar el miedo distinto que la pena, así como existen procedimientos muy diferentes si se trata de una herida energética, que si la causa está -por ejemplo- en un estructura o un parásito.
Produce un efecto benéfico amplio, pero generalmente no apunta a la solución de un problema psicológico particular. Sí permite la solución de problemas psicológicos y emocionales específicos (depresión, inseguridad, angustia, personalidad controladora, narcisismo, dependencia emocional, baja autoestima, etc.), de modo profundo y radical. Adaba –eso sí- se potencia mucho si el paciente además asiste o ha asistido a psicoterapia. Son disciplinas 100% complementarias.

Hay que señalar que muchos sanadores Adaba también usan Reiki dentro de sus herramientas, de modo que es una técnica bien valorada. El Reiki además tiene el mérito de haber abierto el espacio para que mucha gente empezara a experimentar la realidad de la Energía como fuente de bienestar y sanación.

El Dr. Edward Bach fue el creador –o descubridor- de la Terapia Floral durante la primera mitad del siglo XX. Según él, las enfermedades se ocasionan porque nuestra personalidad se desconecta del Alma, la parte profunda y sabia en nosotros. Las esencias florales, que no son otra cosa que remedios que contienen la «vibración» -como él la llama- de las flores, contribuyen reestableciendo esa conexión original. Es la energía de las flores la que sana –señala- y no sus componentes químicos o físicos.

El Dr. Bach no se limitó a hacer notar este hecho general sino que desarrolló esencias específicas para cada dolencia psicológica o emocional, creando un sistema de clasificación plenamente vigente hasta hoy en día. Ya sea para el miedo, la angustia, el cansancio o la incertidumbre, por dar ejemplos de estados psicológicos desarmónicos, existen esencias de flores que actúan equilibrando y sanando.

Millones de personas en el mundo han podido verificar los beneficios de este tipo de terapia, habiéndose desarrollado nuevos sistemas como California, Bush, Saint Germain, entre otros. Miles de libros se han escrito y –pese a la oposición de los escépticos- también muchos estudiosos y científicos actuales se inclinan a aceptar que la Terapia Floral es una herramienta invaluable para obtener mejoría y bienestar personal.

En el contexto de la Sanación Energética Adaba, la Terapia Floral ocupa un lugar preponderante. La gran mayoría de los sanadores la considera una herramienta fundamental. Ya que se trabaja directamente sobre el Campo Energético, las flores –que son vibración- se usan para ocasionar movimientos y cambios precisos, del mismo modo en que un minero usa la dinamita para ir “abriendo el terreno”, en este caso, soltando y visibilizando las estructuras energéticas que es necesario trabajar.

Adaba nos enseña que la conformación del Campo Energético de un paciente denota siempre un tipo de problemática emocional y psicológica específica. Esto puede ser tratado con esencias florales y naturalmente, las estructuras dentro del campo se alteran o modifican, y el sanador completa el trabajo a través del trabajo energético manual.

Supongamos que un paciente trae heridas o fisuras en su aura que se traducen en dolor emocional, depresión y baja autoestima. Para promover el proceso de cicatrización de esas fisuras, en este caso el sanador recurrirá a Estrella de Belén, una flor que usualmente se usa psicológicamente para superar el trauma causado por pérdidas, y que también permite rehacer tejidos, en este caso, el “tejido emocional/energético” del campo.

En otro ejemplo, si el sanador descubriera estructuras de terror –generalmente alojadas en la zona del vientre, lo usual sería administrar Rock Rose, la flor que Bach prescribió para ese tipo de cuadro. O bien Larch, si las estructuras se asocian más bien a baja autoestima.

Podemos ver entonces, que existe una diferencia grande entre un sanador Adaba que prescribe esencias florales para un paciente, y un terapeuta floral típico. Este último –por lo común- receta las flores a través de una entrevista al paciente, y cuando hace el seguimiento se basa también en el reporte de éste: cómo se ha sentido, qué cambios ha notado, etc. Como se trata de un diagnóstico a través de un método indirecto (lo que el paciente declara verbalmente), a menudo existen errores de apreciación o interpretación, pues no todos los pacientes saben exactamente qué les ocurre, o cuál es la causa de su problema psicológico.

El sanador Adaba, como trabaja directamente con el Campo Energético, es capaz de detectar de modo preciso tanto la necesidad como el efecto de una esencia floral cualquiera. Esto lo hace simplemente percibiendo las estructuras energético/emocionales, como en los ejemplos anteriores. Es cierto que no prescinde de una conversación con el paciente, pero como está «viéndole» su aura, puede evaluar por sí mismo la necesidad o atingencia de una flor.

Por último –y ésta es quizás la ventaja mayor- quienes hayan trabajado o trabajen con flores habrán notado también un problema común, que es cuando la terapia parece estancarse o va demasiado lento. Mientras algunas personas parecen mejorar rápida y contundentemente al administrarse una flor o combinado floral particular, otras parecen ser resistentes y reinciden con los síntomas a pesar del moderado efecto inicial que pudiese lograrse. Estos casos a veces no son tomados en cuenta, ya que se asume como normal que no todas las personas respondan tan bien a las esencias.

Sin embargo, frente al problema señalado, Adaba tiene una respuesta clara, y es que cualquier Terapia Floral debiera ser complementada trabajando directa y manualmente sobre el Campo Energético. Esto porque las esencias florales cumplen bien movilizando y haciendo evidentes estructuras energético/emocionales, pero se requiere un trabajo adicional para lograr retirarlas por completo.

Es como si al lavar una prenda muy sucia ocupáramos un detergente que remueve buena parte de la suciedad, pero no alcanza a eliminarla completamente. Algunas manchas están demasiado adheridas a la prenda como para salir sólo gracias al detergente y no lo consigue a menos que se trabaje manualmente, escobillando y enjuagando.

Al proceder combinadamente con Flores y Adaba aumenta la velocidad de cualquier tratamiento, y refuerza la complementariedad de ambas técnicas: lo que se avanza con una es potenciado y completado por la otra. Es a su vez una gran invitación a que muchos Terapeutas Florales se interesen en Adaba, lo que eleva inmensamente su porcentaje de éxito.

Debido a que es un método de tratamiento distinto a los aceptados por la medicina alópata y la psicología «científica», Adaba queda clasificada dentro de las llamadas “terapias alternativas en salud”. Sin embargo, esta denominación resulta a veces demasiado amplia, ya que agrupa disciplinas tan distintas como el Reiki, la acupuntura, la aromaterapia, las hierbas y la sonoterapia, sólo por mencionar unas pocas.

Debido a tal pluralidad, podría decirse que en el mundo de lo «alternativo», hoy en día todo puede ser. En cuanto se pueda observar “algún beneficio” para el bienestar físico o anímico de la persona, cualquier actividad o cosa puede llegar convertirse en terapia. Lejos de ser criticable, esto habla de que existe una diversidad nunca vista de opciones para quien quiera crecer y mejorar.

El problema se presenta cuando se trata de solucionar un problema grave o complejo de salud. Si hablamos de problemas psicológicos, por ejemplo, un trastorno alimenticio, un cuadro angustioso agudo, o una depresión mayor con ideación suicida que tiene a la persona en riesgo vital. ¿Qué hacer en esos casos? ¿Trataríamos a la persona con masajes y hierbas? ¿Le solucionamos su problema con Reiki… acupuntura quizás? ¿Lograríamos solucionar una crisis ansiosodepresiva usando cristales o sonidos?

Por supuesto a algunas personas les irá bien mientras que a otras no. Alguien podría sanar usando métodos como los descritos, pero lo usual es que sean lentos y de efecto acumulativo. Si la urgencia es grande, o el cuadro tiene una complejidad psicológica mayor, las estadísticas de éxito acompañan poco. Por ejemplo, todo el mundo sabe que la meditación hace bien, pero si alguien tiene una angustia que literalmente «se lo está tragando», ¿podrá meditar? O ¿acaso el yoga será una solución frente al problema de alguien que siente menoscabada su autoestima? ¿O que siente pena constante y sin motivo?

Adaba es distinto debido a que trabaja directamente en las causas estructurales (y no funcionales) de los problemas psicológicos, ubicadas en el Campo Energético. Al modificar esas conformaciones, alterando el tejido sutil en el campo, logra resultados rápidos y sustanciales. En una sola sesión, puede disminuir síntomas severos de angustia a menos la mitad, igual que pensamientos obsesivos o incluso delirantes. Pero también a largo plazo consigue resultados extraordinarios, corrigiendo pautas de pensamiento y emoción persistentes y resistentes a tratamientos previos.

Es asombroso cuando los pacientes reportan mejorías en poco tiempo, que no habían logrado con años de asistir a psiquiatras, psicólogos y terapeutas de todo tipo. Adaba, en ese sentido, es radical y –dado que es un método aún poco extendido y relativamente joven- probablemente está en un punto en que recién se comienzan a explorar sus posibilidades.

Lo característico y diferenciador de Adaba como sistema de sanación, radica casi siempre en su grado de efectividad, rapidez, profundidad y alcance. Posee un amplio espectro de aplicación, al abarcar desde un simple dolor de cabeza –por ejemplo- a un trastorno depresivo u obsesivo mayor, e incluso modificar con éxito rasgos de personalidad que los especialistas consideran estructurales (inmodificables). No obstante esa amplitud, no hay merma en la especificidad, ya que en cada caso existe un claro diagnóstico con una explicación precisa tanto de las causas como del plan de acción a seguir.

El halo “místico” que envuelve a muchas de las terapias alternativas –a veces expresado en imágenes de mundos llenos de luz y armonía, con «arco iris, delfines y lotos»- acá aplica muy poco. Cualquier estética orientalista, chamánica o hippie –común en el mundo “alternativo” y “new age”- también resulta ajena. Adaba hace más bien una apuesta austera centrada en lo esencial, y considera muchas de esas imágenes como distracción. Es cierto que se trabaja con energías y fuerzas espirituales, pero por lo mismo se trata de cosas muy concretas y lejanas a cualquier estereotipo.

En la práctica, las sesiones de Adaba suelen ser fuertes emocionalmente, y a menudo sacan fuera toda la «oscuridad» del paciente (en términos energéticos y psicológicos). Si la expectativa es una terapia «suave y relajada», es probable que la desilusión sea grande porque –al igual que en la psicoterapia- se trata más bien de hacer un «trabajo», con todo lo que eso implica. Trabajar puede ser lo más apasionante, entretenido y satisfactorio del mundo, pero muchas veces, y por lo mismo –según la dificultad y complejidad de la tarea-, implica esforzarse y pasar penurias.

El enfoque de Adaba es más bien clínico y más parecido a una «sanación de trinchera» que a cualquier encuadre en donde la precisión, la efectividad y la rapidez son poco valoradas. Es una regla del método usar el criterio de que “si en una semana el paciente no siente aún algún cambio concreto, es que algo mal está ocurriendo con esa terapia, o bien no es la vía adecuada para solucionar su problema específico”.

En general, Adaba no es contraria a ninguna terapia, más bien las considera complementarias. Por ejemplo, una terapia que es la preferida de la mayoría de los sanadores, es la Terapia Floral (véase Adaba y las Esencias Florales). La acupuntura, la TFT, los masajes y el Reiki también destacan entre los practicados por algunos sanadores de Adaba.

Más allá del nivel concreto y práctico de la técnica, Adaba se refiere al despertar de la Mente Profunda y concibe la salud, el bienestar y la felicidad como el estar en contacto con ésta. Otras filosofías y tradiciones hablan en términos del despertar de la conciencia, contacto con el Sí Mismo, despertar del yo profundo, etc. pero sin duda se refieren a lo mismo. La sanación, en ese sentido, es más que sólo eliminar la enfermedad o el sufrimiento; por sobre todo, busca lograr un estado de plenitud o individuación donde llegamos a ser nosotros mismos en la expresión máxima de toda nuestra ilimitada potencialidad.

En los niveles más altos, Adaba deja de ser sólo una técnica para operar sobre el campo energético humano; aparece el arte o la capacidad de conectar con la energía y la Mente Universal, y con eso adentrarse en los territorios más profundos de eso que antiguamente se llamó magia o chamanismo. En efecto, es común que los sanadores tengan vivencias que podrían catalogarse como místicas o mágicas, más que nada referidas a sincronicidades, sueños o percepciones extrasensoriales. Tal y como refiere Barbara Brennan en su libro Manos que Curan, resulta común que el sanador empiece a canalizar mensajes de Guías y Seres de Luz, o que en su mente «reciba» imágenes sobre algún aspecto de la vida del paciente (por ejemplo, alguna vida anterior de éste), o sea capaz de desplazarse «espiritualmente» en otros planos de realidad (a la usanza de los chamanes).

Aunque todo esto pueda causar impresión, no hay que olvidar que fenómenos parecidos ya han sido reportados y documentados por autores como Stanislav Grof («When The Impossible Happens: Adventures In Non-Ordinary Reality», 2006), y se manejan de modo muy austero. Aunque siempre está el peligro de caer en la soberbia, la locura o perderse en los otros -los tres peligros del sanador- se procura que el foco esté puesto siempre en lograr un bienestar en el paciente, así como mejorar como individuo y ser un aporte para la sociedad.

Adaba, como cualquier método, se sustenta sobre ciertas ideas fundamentales. Es difícil poder resumirlas todas, ya que -de alguna manera- configuran un trasfondo no siempre explicitado. No obstante es necesario entender al menos las más importantes, para captar cuál es la “filosofía” detrás de la técnica.

Acá presentamos algunos de esos principios:

Un Orden y un Sentido

En Adaba existe la creencia en un orden y una trascendencia que algunos llaman Dios, otros Amor y otros la Gran Realidad; en general, se le identifica con la luz y con la consciencia. Desde esta mirada espiritual, se trabaja bajo la idea de que somos almas que estamos evolucionando en un tránsito hacia esa consciencia superior. La sanación así es una herramienta que nos permite –a través del despertar de nuestra “Mente Profunda”- poder conectar con dicha Realidad, lo que se expresa a su vez, en alcanzar el bienestar y la felicidad. Adaba propone que todos los seres tienen derecho a esta felicidad y su fin es aliviar y liberar a todos los seres del sufrimiento, no habiendo la idea metafísica de un mal absoluto. Tan solo –y como parte de un orden natural- Adaba concibe la existencia de “la oscuridad”, la cual es inherente a la vida misma. La oscuridad –aquello que a en escala humana se nos presenta como lo que se aleja de la Conciencia y el Amor, presenta un tipo de “frecuencia energética” particular, y está habitada por seres y entidades también particulares. En el lado luminoso –por su parte- hallamos frecuencias energéticas altas, donde Adaba reconoce la existencia de Guías y Ángeles, espíritus de luz con los cuales los sanadores trabajan codo a codo.

Un Universo de Energía

Adaba trabaja sobre la idea de que el Universo es un mar de energía, y está formado por muchos planos de realidad de los cuales percibimos sólo una pequeña parte. Nuestra mente está en conexión con ese universo y podemos influirlo a través de nuestra intención y nuestro pensamiento. Esto es lo que se conoce como Magia, que no es otra cosa que la relación de correspondencia (e interacción) entre el Universo y nuestra mente o psique. Esta correspondencia ha recibido muchos nombres como Sincronicidad, Ley de Atracción, Pensamiento Cuántico, etc. y en pequeña escala es lo que permite al sanador operar sobre el paciente.

Siguiendo con la idea de un Universo de pura energía, Adaba explica que existe un espectro de vibración que va desde las altas frecuencias, de naturaleza más divina y amorosa, a las bajas frecuencias, de naturaleza más oscura y dañina para el ser humano. Aunque pueda parecer metafísica, todo este espectro es muy tangible para el sanador desde el momento en que es parte de su práctica diaria. Las distintas frecuencias que en él configuran planos de realidad y percepción, por entero resultan dotadas de vida: en ellas hallamos seres e “inteligencia” que para el sanador –en especial el avanzado- cobran plena realidad.

Muchas Vidas

En el contexto de Adaba, la existencia de muchísimas vidas a lo largo de las cuales nuestra alma va encarnando y adquiriendo aprendizajes, se asume como una verdad indiscutible. Más que un dogma, resulta algo completamente empírico, ya que el registro y la “memoria” (en cuanto información) de las sucesivas encarnaciones se encuentra en el propio Campo Energético, tal y como un árbol guarda la huella de cada año que ha vivido. Durante las sesiones afloran recuerdos, ya sea como imágenes o –lo más común- como sensaciones que a veces son muy definidas. Es asombroso que sin proponérnoslo conscientemente, la evidencia de vidas anteriores se nos presenta como parte del proceso de sanación. El paciente puede partir de algún problema que le ocurre en la actualidad, pero inmediatamente ese hecho toma perspectiva y conecta con lo que ocurrió en otra(s) vida(s). Porque lo sucede es que el Campo Energético como imagen de nuestra Alma, es siempre eterno, –aún habiendo vivido en épocas y lugares distintos- los patrones psicológicos y conductuales tienden a repetirse. Dentro de lo mismo, las estructuras que hallamos a nivel del Cuerpo Energético a menudo es claro que no guardan directa relación con nada de esta vida. Son restos energéticos (emocionales y de pensamiento) de una vida que alguna vez fue, y que a veces en la actualidad no hacen otra cosa que estorbar.

El tema de las múltiples vidas ha sido ampliamente tratado y documentado, y los interesados pueden leer las obras del Dr. Brian Waiss, entre muchos otros autores, para conocer más al respecto. En el contexto de Adaba sólo interesa porque –como parte del proceso de curación emocional y energética de una persona, la huella dejada por las muchas vidas que ha vivido a menudo está cargada de dolor y daño, que es necesario trabajar para hacer que la persona recupere su salud.

La Sanación ADABA no procede de ninguna tradición religiosa o filosófica particular sino del trabajo e investigación llevados a cabo por Sofía Vera Peruzzi, médico, sanadora y canalizadora chilena.

Sofía relata que desde niña siempre observó en su familia, de tradición italiano/croata, la costumbre de imponer las manos a los enfermos como manera de aliviarles el malestar. Siguiendo ese espíritu “sanador”, años después entró a estudiar Medicina en la U. de Chile, donde a poco andar se dio cuenta de que tanto los métodos como el enfoque de la medicina moderna le parecían fríos y “faltos de alma”. Cuenta que ya pensaba en retirarse, cuando afortunadamente conoció al que se convertiría en su guía y maestro: un profesor, médico de la Facultad, con el que inició un camino de autodescubrimiento y sanación personal.

Este mentor le fue mostrando “la otra medicina”, la del alma; de su mano aprendió a meditar y conectarse con las emociones y el dolor humano, a ver y sentir “energías”, y posteriormente a canalizar mensajes de sus propios guías. Una vez titulada y trabajando como médico, comenzó percibir las auras de los pacientes a los que atendía, y a ver que al tocarlas se producían cambios de forma, color y densidad. Una gran ayuda en esa época fue el libro “Manos que Curan” de la autora y sanadora norteamericana Barbara Brennan. Su estudio le proporcionó a Sofía las primeras explicaciones en relación al aura, la sanación y la canalización, sobre los cuales fue construyendo sus propios conceptos.

Tiempo después, en colaboración con un terapeuta llamado Jorge con quien instaló una consulta, se dio cuenta de un hecho fundamental: que mientras más rígido o enfermo era el comportamiento emocional y/o psicológico de una persona, más densas, oscuras y rígidas se mostraban ciertas zonas en su aura. Sofía y Jorge observaron estas formas y les llamaron estructuras, notando que al administrarles energía, a menudo se “soltaban”, pudiendo ser retiradas fuera del campo. Con esto la sensación del aura se tornaba más clara y liviana, y la persona no sólo se sentía inmediatamente mejor, sino que había un cambio duradero en sus patrones emocionales.

Ciertamente el aporte y trascendencia de este hallazgo no estuvo en el hecho en sí de “descubrir” las estructuras, ya que probablemente sanadores de todos los tiempos las han conocido y trabajado (de hecho B. Brennan las menciona como “bloques energéticos”). La mayor contribución, de la cual ella misma en un comienzo no fue consciente, fue la de haber vinculado estrechamente las estructuras a los mecanismos y patrones psicológicos de pensamiento, conducta y emoción de las personas. Por ende el trabajo sanador se centra en gran medida en examinarlas, comprenderlas y modificarlas. En otras palabras, las estructuras nos hablan de la manera de ser (psicológica, mental y emocional) de alguien, de modo que el cambio logrado al trabajarlas es profundo y duradero.

Con el tiempo este trabajo sobre las estructuras se fue depurando más y más, y Sofía se dio cuenta de que lo que estaba haciendo con éste, era ayudar a las personas a recuperar la conexión perdida con su propio interior. Experimentó, canalizó, exploró y desarrolló distintos métodos para ejecutarlo: operación manual, afirmaciones, esencias florales, sonido (canto), psicoterapia, meditación, entre otros. Investigando descubrió también que las estructuras eran entre sí muy diversas en naturaleza y origen, y que era la combinación de todos los métodos la que permitía el mejor resultado. A esas alturas, Sofía no sólo era capaz de ver, captar y operar estructuralmente las auras, sino también de trabajar con seres de luz, conectando y canalizando desde y hacia otros planos de realidad. Muchas de las técnicas y explicaciones que logró desarrollar, le fueron “mostradas” de esta manera. El año 2010 surgió así el nombre “ADABA”, que quiere decir –en lenguaje canalizado- “Movimiento (o Despertar) de la Mente Profunda Incorruptible”.

También el 2010, junto a un grupo de amigos y gente a la que ella instruía, fundó en Santiago de Chile la “Escuela de Sanadores Urbanos HADARA”. HADARA también es una palabra canalizada y quiere decir: “Fuerza que viene de un Espíritu Puro”. Su inspiración inicial fue la de contribuir a crear ciudades más sanas y comenzar a dar cursos para enseñar ADABA y formar sanadores “de ciudad”.

Un capítulo fundamental en la historia de ADABA, se escribió en los años siguientes con la llegada de Francisco Moreno T., psicólogo clínico, quien desarrolló los primeros escritos sobre la técnica y su vinculación con ideas y modelos de la psicología. Francisco llegó como paciente de Sofía el 2012 e impresionado por lo que vivió y observó, le pidió que le enseñara. Desde sus años como estudiante en la Escuela de Psicología de la Universidad Católica, él había venido buscando el “puente” o nexo entre psicología y energía, y sintió que ADABA era ese puente. A su juicio ninguna otra terapia o
conocimiento –que él hubiera conocido hasta entonces- entregaba una visión tan completa, y herramientas tan precisas, para comprender y trabajar la mente desde la energía.

Para explicar las diferencias con otras visiones y terapias del aura, Francisco dividió el ámbito de ADABA en distintos niveles, y desarrolló el concepto de Perspectiva Estructural. Con este último buscó marcar contraste con lo que él llamó perspectivas o terapias funcionales, centradas en equilibrar, desbloquear o limpiar el aura y los chakras, pero sin afectar las estructuras (de hecho a veces sin siquiera reconocer su existencia). Planteó así que ADABA, mucho más que una terapia o sistema de técnicas, era un cambio de paradigma en el modo de entender la mente y la energía. Desde ahí, y tomando todo lo que Sofía había hecho hasta entonces, desarrolló conceptos como “La Psique está encarnada en el Aura”, “Los Principios Funcionales: Fluidez, Autonomía, Conexión y Completitud”, y “Dinámica del Campo”, que hoy son parte fundamental de la teoría o modelo explicativo de ADABA. Finalmente el 2015, encomendado por Hadara y nutriéndose de la colaboración y el apoyo de todos los demás sanadores, lanzó el libro “ADABA Perspectiva Estructural del Aura”, que constituye la primera publicación escrita sobre ADABA.

Paralelamente, este impulso permitió organizar la formación ADABA en 3 niveles, que se imparten año a año en la escuela HADARA en Santiago de Chile, y ciudades como Puerto Varas y Valdivia. Desde entonces, el conocimiento de ADABA sigue desarrollándose a través del trabajo constante y las canalizaciones no sólo de Sofía y Francisco, sino de sanadores como Jorge Espinoza, Mariana Antonissen, Ariadna Martinich, Beatriz Guevara, Yenny Marín, Yahel Schatloff y muchos otros. La escuela en ese sentido ha sido fundamental como ámbito de encuentro, intercambio y experiencia clínica. A la fecha son ya varias miles las personas que se han atendido (y sorprendido con los resultados), y cientos los alumnos los que han pasado por sus cursos.

De esta forma, con un cuerpo de procedimientos, principios y conocimientos cada día mayor, ADABA aspira a convertirse en un sistema de sanación de impacto mundial, tanto por su consistencia teórica como por su efectividad en sanar el sufrimiento humano.

Adaba es un método de sanación que actúa sobre el Campo Energético Humano, que permite, de modo directo y sin necesidad de una larga conversación (como -por ejemplo- la psicoterapia), lograr cambios personales profundos y sustanciales.

El principio que está detrás es el de una «mente encarnada». Esto quiere decir que todo eso que llamamos mente o realidad psicológica, existe también a nivel del Campo Energético como si éste fuese un verdadero cuerpo. La enfermedad y el dolor psíquicos, así como las pautas enraizadas de pensamiento, conducta y emoción, poseen allí una forma «energética» clara y definida. Al descubrir esas formas y alterarlas (ayudado por la toma de conciencia del propio sujeto), la psicología del sujeto cambia.

Desde el punto de vista práctico, Adaba consta de un conjunto de técnicas dentro de las cuales la imposición de manos ocupa un rol preponderante. En ese sentido, guarda algún parecido con el Reiki (cuando hablamos de transmitir «energía» para sanar) no obstante en Adaba el uso de las manos es muchísimo más amplio y específico, además como herramientas de diagnóstico y manipulación del campo energético. En efecto, Adaba enseña a usar las manos como si fueran finos sensores, que permiten escanear el campo energético para discriminar las zonas con daño, su naturaleza y envergadura. Posteriormente se transforman en verdaderos instrumentos quirúrgicos, para mover, extraer y/o modificar estructuras y formas energéticas que son las responsables de ese daño particular. Y finalmente, también son canales de transmisión de energía, rellenando, reparando, ablandando o generando pulsos que activan los procesos de autosanación del paciente.

La modalidad más común de trabajo, es con el paciente tendido sobre una camilla y el sanador al costado. El primer paso es hacer el examen del campo energético, para lo que el sanador se vale de la sensibilidad de las manos, la vista y/u otros sentidos de percepción ampliada. El examen permite obtener una imagen muy clara de lo que el paciente trae en términos energéticos y establecer cómo esto se traduce psicológica y conductualmente. Por ejemplo, si una estructura se aloja en la zona pélvica, generalmente hablará de problemas sexuales o de maternidad, o bien inseguridades y miedos existenciales, dificultad para encontrar el propio lugar en la vida y/o temas con el poder. Si la estructura rodea la garganta, probablemente tendrá que ver con dificultad de expresar o decir las cosas, así como temas de auto-imagen, miedos y resistencia al cambio, y ciertas rabias. No hay una regla fija para ejecutar dicha lectura, sino –por el contrario- se trata más bien de un arte que el propio sanador desarrolla en base a su sensibilidad y conocimiento.

Después de ejecutar a este primer mapeo e informar al paciente acerca del mismo, el sanador comienza a trabajar las estructuras, de tal manera que va produciendo cambios en la conformación del Campo. En general, el trabajo más intenso es el de retirar estructuras, las cuales pueden ser de muy diverso tipo (bloques, parásitos, lazos, amarras, púas, heirdas, etc.). Mientras lo hace, va chequeando una y otra vez cuantas veces sea necesario hasta que –de acuerdo a un criterio propio- decide que ya ha trabajado suficiente por la sesión (que suele ser de 45 minutos a 1 hora). La idea es no extenuar el Campo, ya que agitarlo en demasía puede ser contraproducente para el paciente. A menudo éste puede llegar a experimentar algún grado de “síndrome post-operatorio” en el sentido de quedar remecido emocional y hasta físicamente a veces. Por esa razón el sanador también se preocupa de dejar al paciente lo más armonizado posible, para que no se retire con una sensación desagradable.

Sesión tras sesión, los cambios van siendo notorios. Esto –por supuesto- no implica que la persona se sienta bien de inmediato ni que solucione su problema en el corto plazo. No obstante en el 99% de las veces, la sensación después de atenderse será distinta. Aún en el caso de que el dolor continúe, éste ya no será el mismo, de la misma manera en que alguien que va al médico puede seguir sintiendo dolor a pesar de haber sido curado. El dolor puede continuar, pero habrá alivio también.

Trabajar con Adaba es entrar a operar directamente sobre nuestra Psique, ya que el Campo Energético es la expresión corporizada de ésta. En él hallamos formas y estructuras que constituyen los patrones de pensamiento, conducta y emoción que nos hacen pensar, sentir y actuar de la forma que nos es característica. En ese nivel tan profundo (que algunos llegaron a llamarlo “El Inconsciente”), que muchas veces –a través del análisis y la reflexión- logramos vislumbrar pero difícilmente modificar, se consiguen potentes cambios y transformaciones. Y éstos no se limitan sólo al dolor y a los conflictos; Adaba nos conecta también con los niveles más bellos y sutiles de nosotros mismos, ampliando nuestra conciencia espiritual y personal.

¿En qué se diferencia Adaba con otras técnicas que también trabajan sobre el Campo Energético?

La mayoría de las técnicas de sanación energética que trabajan el Campo Energético, lo hacen desde una perspectiva funcional. Eso quiere decir que son capaces de señalar lo que está ocurriendo, pero no logran identificar los elementos (estructurales) que están a la base. Esto es similar a alguien que revisa una máquina y describe sus problemas, qué funciona y qué no, pero no sabe decir cuáles piezas son las que están fallando. Estas terapias pueden decir “existe un bloqueo en el chakra del corazón” o “el chakra base está cerrado”, o “el aura tiene una zona oscura”, etc., pero no saben decir QUÉ es lo que bloquea, QUÉ es lo que mantiene el chakra cerrado o QUÉ produce la oscuridad en la zona. Todo esto hace que las perspectivas funcionales sean terapias de «mantención», que no transforman radicalmente a la persona en cuanto a sus pautas o patrones profundos de pensamiento, conducta o emoción. Aunque útiles, se tienden a quedar en un nivel más bien «de superficie», sin entrar a trabajar sobre las estructuras.

Esto último es lo que aporta Adaba: la perspectiva estructural. El sanador de Adaba puede determinar cuáles son las estructuras energéticas que están detrás de cualquier problema: de qué tamaño son, qué forma tienen, de qué materia emocional están hechas y qué efecto emocional o psicológico producen. Si –dentro de lo mismo- es algún tipo de parásito energético, o alguna entidad con la cual se mantiene un lazo, o si es una herida, etc. Esto es la perspectiva estructural que permite, una vez identificada la estructura, trabajarla tal como si fuera una operación quirúrgica: extirpando, cohesionando, alterando, disolviendo, etc.

Véanse

¿En qué se diferencia Adaba del Reiki?

Existen múltiples diferencias.En el Reiki la labor del sanador se limita a la de ser un canal para la energía Reiki que es un tipo específico de energía, que para transmitirla existen iniciaciones especiales. En Adaba el sanador ocupa un rol activo, porque no sólo administra energía al paciente sino que también debe saber hacer un diagnóstico preciso en términos energéticos y emocionales, y operar las estructuras que estén a la base. Su labor es muy parecida a la de un cirujano, retirando elementos que son la causa del daño, modificando otros, y aplicando no uno solo, sino diversos tipos de energía cuando es necesario.

Para más información véase

Reiki y Adaba

¿Qué opina Adaba de la terapia floral?

Que es un complemento maravilloso. Ambas técnicas se potencian mutuamente.

Véase

Adaba y las Esencias Florales.

¿En Adaba se hacen regresiones a vidas pasadas?

No directamente, ya que para eso existen terapeutas especialistas en Terapia Regresiva. Lo que sí ocurre es que al trabajar el campo energético se están trabajando inevitablemente los temas de otras vidas, porque ahí están las huellas de todo lo que hemos vivido. De hecho, más del 90% del daño que existe en el campo energético viene de otras vidas: estructuras, heridas, lazos con entidades, daño por magia, etc. Es usual que algunos pacientes experimenten regresiones instantáneas mientras están siendo tratados, de tipo visual (imágenes) o kinestésicas (sensaciones). La perspectiva de muchas vidas también permite tener la mirada comprensiva completa frente al problema del paciente, que con esto descubre que lo que hoy le ocurre es la causa de algo que viene arrastrando de antes.

¿Adaba reemplaza la psicoterapia?

Con Adaba muchos pacientes logran superar problemas que a través años de psicoterapia nunca pudieron superar. No obstante, la psicoterapia debe ser considerada como un tremendo complemento por su utilidad en ir produciendo comprensión y toma de conciencia sin la cual el tratamiento sobre el Campo Energético tiende a volverse lento e infructuoso.

Si hablamos de la efectividad de la psicoterapia como herramienta para lograr el cambio psicológico, vemos que posee tremendas falencias en la medida en que los problemas son más de índole emocional. Hablar ayuda a entender los problemas y eso ya es un gran avance, pero todos los que hemos asistido a psicoterapia alguna vez sabemos que a veces el sólo hecho de entender un problema -aún si se lo comprende bien- no ayuda a evitar que siga ocurriendo. Podemos entender la inutilidad de una conducta o lo nocivo de un patrón emocional pero eso no basta para hacer que dejemos de sufrirlo.

Con Adaba logramos ir más a fondo, a las estructuras que están a la base de esos patrones, que son formas dentro del Campo Energético (recordemos que la perspectiva de Adaba nos dice que todo lo que «está» en la mente, existe «energéticamente» y se lo puede encontrar en el Campo). Si el sanador encuentra esas estructuras las puede modificar y si las modifica la persona invariablemente cambia. Y esto ocurre sin que sea necesario hablar y poner todo en palabras, como ocurre en la psicoterapia, que es una terapia hablada».

Lo anterior puede dar la falsa impresión de que el sujeto es un ente pasivo que es «operado» sin que tenga que hacer nada. Esto no es así, ya que la toma de conciencia está íntimamente ligada a la sanación. Si no hay alguna toma de conciencia por parte del paciente, el sanador es poco lo que puede hacer, porque las estructuras energéticas se muestran (y son «operables») sólo en la medida en que ha habido un «movimiento de conciencia», entendiendo que cualquier comprensión desde la conciencia «reordena el campo», moviendo sus estructuras.

Las sucesivas tomas de conciencia por parte del paciente, van haciendo que el Campo vaya cambiando y las estructuras, al igual que la fruta madura, estén listas para ser «sacadas» por el sanador. Es por esta razón que la psicoterapia es tan complementaria, y aun en ausencia de ésta, el sanador se preocupa siempre de conversar e ir generando comprensiones en la persona, valiéndose de sus habilidades de escucha y conversación.

Mientras mayor es la raíz emocional de un problema, mejor resultará tratarlo con Adaba. Si -por el contrario- se trata de un problema de «sentido» o de índole racional o meramente conductual, la psicoterapia es lo más indicado, porque son problemas que se solucionan con coaching, y/o al comprender y desarrollar nuevas herramientas y modelos mentales.

La psicoterapia -en general- se mantiene en un nivel lingüístico: a través del lenguaje se accede al mundo interno, mientras Adaba a menudo se salta ese nivel y trabaja de modo directo.

¿Adaba reemplaza el tratamiento farmacológico?

No lo reemplaza, aún cuando muchos pacientes descubren que con Adaba logran prescindir de los medicamentos. Esto es especialmente común en los casos de pacientes con depresión, estrés o angustia. No obstante esto resulta una decisión del propio paciente que ve y evalúa los resultados responsablemente; en todos los casos el sanador recomienda al paciente precaución antes de tomar cualquier decisión de ese tipo.

¿Es efectiva Adaba para tratar la depresión?

Adaba es probablemente una de las técnicas más efectivas para tratar la depresión en todas sus modalidades. La perspectiva estructural del campo energético -de hecho- permite modificar las bases estructurales que producen la depresión en cada paciente. Normalmente se trata de heridas o fisuras de carácter energético, y estructuras que corresponden a pautas de pensamiento y emoción cristalizados que implican angustia y sentimientos de desesperanza y dolor. En pocas sesiones es posible tener cambios sustanciales, al modificar esa configuración basal. Hay que considerar que los síntomas depresivos suelen tratarse sólo con fármacos, los cuales recién a las 3 semanas de empezar a tomarlos empiezan a tener algún efecto. Adaba –por el contrario- comienza a generar alivio desde la primera sesión, y una mejoría mayor en poco tiempo.

¿Cuántas sesiones necesito para tratarme con Adaba?

Dependerá del problema particular de la persona y de cuánto quiera profundizar. A algunos pacientes les basta con unas dos o tres sesiones y ya sienten una mejoría sustancial. Otros necesitan más tiempo, no sólo porque a veces vienen con un daño mayor, sino porque sus objetivos son mayores. Al darse cuanta que con Adaba logran mejorar aspectos que consideraban imposibles de cambiar (por ejemplo, dejar de sentir depresión, ser más tolerantes, ser menos obsesivos, etc.), desean seguir adelante para mejorar aún más.

¿Cuantos sanadores Adaba hay trabajando ya?

Siendo una técnica relativamente joven, no es mucha la gente que ha sido formada en la misma. Aparte de Sofía, su creadora, existen no más de 10 personas que la ejercen regularmente, y la mayoría de ellos trabaja en Hadara. Existe mucha gente en formación y gente que habiendo tomado los cursos, no ha proseguido o no se dedica.

¿Con qué otras terapias lo puedo combinar?

Adaba es combinable con la gran mayoría de las terapias alternativas, ya que la gran mayoría de éstas trabaja algún nivel energético. Dentro de las terapias más usadas están la Psicoterapia, la Terapia Floral, la medicina china (que incluye la acupuntura), la Terapia Regresiva, la Programación Neurolingüística (PNL), el Reiki, TFT, EMDR, y muchas otras.

Véanse también

Adaba y las Terapias Alternativas.

¿Cuánto tiempo demoro en aprender la técnica y en empezar a usarla?

Con la formación básica (niveles 1 y 2) y si ha habido práctica regular supervisada (al menos 1 vez por semana), una persona estaría en condiciones de empezar a usar la técnica (un sanador experto requiere mucho más tiempo: al menos 4 años). No obstante, esto es muy relativo, y siempre depende de muchos factores, por ejemplo:

  1. Nivel de percepción que hubiere desarrollado, donde algunas personas que tienen condiciones naturales o previamente cultivadas van más rápido, y otras van más lento.
  2. Cantidad de experiencia (obtenida por la práctica)
  3. Experiencia en el trato con pacientes: gente que ya ha sido terapeuta (psicólogos, terapeutas florales, médicos, etc.), suele estar en mejores condiciones para atender.
  4. Haberse tratado también con Adaba.
  5. Madurez personal (emocional, mental y psicológica)
  6. Madurez espiritual.

¿Se pueden sanar enfermedades físicas?

Sí, en especial aquellas que poseen una base emocional y que no están en una fase terminal o demasiado avanzada.

¿Se pueden tratar enfermedades graves como cáncer?

Sí, se puede y es positivo. Aunque en las fases avanzadas el tratamiento debe complementarse con todos los medios al alcance: medicina alópata, terapias alternativas, terapia psicológica, cambio de hábitos, etc. Si el cáncer es terminal hay que entender que es como intentar apagar una casa que se está incendiando. Siempre será positivo tratar con Adaba a alguien con cáncer, pero deben manejarse con cuidado las expectativas.

¿Se puede usar con niños? ¿con personas inconcientes?

Sí, se puede. En el caso de los niños –ya que estos aún no tienen desarrollado el libre albedrío- se debe contar con la autorización de los padres (o tutores).

¿Se puede hacer a distancia?

Adaba es una técnica que puede practicarse a distancia, y en nuestros cursos se entregan las bases teóricas para llevarlas a cabo.
Sin embargo, hay muchas diferencias entre un proceso terapéutico con Adaba presencial y a distancia, y existen procedimientos que no pueden realizarse con los mismos resultados que una terapia presencial.

¿Cómo es la formación de un sanador Adaba?

La formación de un sanador Adaba implica al menos 3 niveles en los cuales se combinan
CONOCIMIENTO, HABILIDAD y EXPERIENCIA.

Nivel 1 de Adaba

El nivel 1 es introductorio a la técnica. En él el alumno se entera de qué se trata Adaba, su historia, alcance, características y aplicaciones. Aprende información básica sobre el campo energético desde la perspectiva estructural y funcional: qué lo compone, cómo opera, y cómo se organiza.

En el nivel 1 el alumno es capaz de entender la dinámica del Campo Energético en relación a la mente y las emociones. Es decir, la conexión existente entre el nivel emocional/psicológico y el nivel energético, comprendiendo que todo lo que somos y estamos siendo en algún momento se ve –de una u otra manera- representado estructural y funcionalmente en el campo.

El alumno debe comenzar a percibir que vivimos inmersos en la realidad energética y a incorporar esa realidad a su vivir cotidiano lo que más pueda, ejercitando sus habilidades de percepción ampliada (visual, kinestésica y/o auditiva). Al mismo tiempo, comenzar a explorar su propia conexión con la Mente Profunda, a través de meditación y trabajo personal.

Desde el punto de vista de la habilidad, un sanador de Nivel 1 debiera ser capaz de identificar la información básica de una persona contenida en su campo energético, sabiendo reconocer sus chakras y decir qué tan bien o mal están funcionando. Debiera poder establecer un patrón general aproximado de por dónde va el flujo sano de esa persona, identificar dónde está interrumpido y determinar a grandes rasgos la naturaleza de esa interrupción (por ej.:si se debe a que está siendo víctima de un parásito energético o si más bien es una estructura propia personal. Como respuesta a eso, debiese resolver al menos irradiando con una frecuencia energética alta que elimina el parásito o la estructura, si es un alumno con la habilidad más desarrollada, retirándolos y tratándolos manualmente. Al mismo tiempo es capaz de empezar a percibir grietas y heridas, y a tratarlas irradiando energía.

(El nivel 1 de Adaba, al menos en cuanto a conocimientos, se adquiere a través del Curso “Formación de Sanadores en Adaba Nivel 1”. En cuanto a habilidades dependerá en gran medida de la práctica supervisada, lo mismo que de la experiencia).

Nivel 2 de Adaba

En el nivel 2 –por un lado- se profundiza en la práctica y –por otro- se adquieren mayores conocimientos técnicos y estructurales.

El alumno consolida su conocimiento de distintas técnicas para tratar estructuras y parásitos energéticos, sabiendo retirarlos del campo.

En el nivel 2 el objetivo es que el alumno depure su técnica para percibir y operar el campo energético, profundizando en identificar y tratar grietas y heridas. Asimismo, aprende a percibir e identificar seres y entidades y –dentro de lo mismo- gradualmente a conectar con Guías y Seres de Luz para recibir su ayuda.

Adicionalmente, se aprende el canto como una técnica para movilizar el campo y las energías.

(El nivel 2 de Adaba, al menos en cuanto a conocimientos, se adquiere a través del Curso “Formación de Sanadores en Adaba Nivel 2”. En cuanto a habilidades dependerá en gran medida de la práctica supervisada, lo mismo que la experiencia.)

Nivel 3 de Adaba

Se trata de un nivel eminentemente práctico, son sesiones de práctica supervisada. Aún así, el sanador en formación recibe conocimientos para tratar entidades y seres de luz y de oscuridad presentes en el campo del paciente. Si tiene la facilidad, aprende a trabajar con Guías y a realizar canalizaciones.

En este nivel comienza a importar mucho la capacidad de abordar pacientes y las habilidades terapéuticas transversales que permiten brindar una atención de calidad, más allá de la técnica. Este tipo de formación se adquiere a través de clases y práctica supervisada.

Evaluación y reconocimiento como Sanador

Para que los alumnos se puedan “graduar” y ser reconocidos como Sanadores de Adaba, han de pasar por una evaluación. Esta evaluación es realizada por una comisión formada por los Sanadores de Adaba que trabajan en Hadara Escuela de Sanadores Urbanos.

La evaluación considera 5 puntos

  1. Conocimientos técnicos de Adaba, adquiridos a través de los cursos y las prácticas supervisadas. Se evalúa el grado de experticia tanto en diagnosticar como en saber tratar el daño energético que trae un paciente.
  2. Valores y madurez ética del Sanador: Considera conocer los principios éticos que enmarcan el trabajo de la sanación, y la madurez del alumno para llevarlos a la práctica. Se evalúan las conductas del sanador, tanto en su práctica con pacientes como en su vida privada. Si bien la madurez emocional y psicológica es algo que pertenece al mundo personal del alumno, si se traduce en conductas inapropiadas desde el punto de vista de la ética del sanador, se transforma en un punto a considerar.
  3. Experiencia práctica en Adaba: Considera la cantidad de horas y frecuencia con que el alumno ha asistido a prácticas supervisadas.
  4. Manejo de pacientes: Considera la habilidad, madurez y criterio con que el alumno aborda la relación terapéutica con su paciente, independiente de cuán experto pueda ser en la técnica Adaba. Evalúa poseer habilidades para tratar al paciente “con psicología”. Todos aquellos que poseen formación o experiencia previa en atención de gente en contextos 1 a 1 (psicólogos, médicos, trabajadores sociales, coachers, terapeutas alternativos, etc), podrían tener acá alguna ventaja relativa.
  5. Terapia personal: Se considera imprescindible haber seguido o estar siguiendo algún tratamiento en Adaba de modo regular. Es muy importante, ya que una gran parte del aprendizaje de la técnica se adquiere habiendo vivido la experiencia de ser paciente. Por otro lado –si bien no es imprescindible estar 100% sano para ejercer como sanador- es sumamente importante estar en un proceso constante de crecimiento y maduración de los propios temas vitales.

¿El curso involucra técnicas de trato con pacientes ¿Debiera complementar el curso con técnicas de este tipo?

Siempre es bueno complementar con este tipo de cursos. Por ejemplo, quienes han estudiado psicología o han ejercido la psicoterapia, o alguna profesión que involucre atender personas en un contexto terapéutico o personal (consultores, consejeros, coachers, asistentes sociales, médicos, psiquiatras, terapeutas alternativos, etc.) tienen alguna ventaja en este sentido. Técnicas de coaching o PNL siempre son útiles.

¿Cuán importante es la ética?

Toda profesión posee una ética que marca los límites de lo que se puede hacer y lo que no. Adaba no es la excepción, y su ética está dada por valores como el respeto por la persona y la no discriminación por raza, sexo, religión, condición social y/o política. Se reconoce el libre albedrío y el consentimiento informado respecto de los pacientes. El juramento hipocrático que rige la práctica médica, también rige –en este caso- al los sanadores Adaba.

¿Cuales son los valores de Hadara Escuela de Sanadores Urbanos?

Respeto por la persona, Probidad, Honestidad

¿Que principios valóricos básicos acompañan la practica de la técnica?

Respeto por la persona, consentimiento informado, derecho a la privacidad, transparencia en la información.

¿Cómo deciden quién esta capacitado para atender personas con Adaba?

A través de pruebas realizadas en los distintos niveles de la formación y la observación directa, se evalúan:

  1. Nivel de percepción que hubiere desarrollado, donde algunas personas que tienen condiciones naturales o previamente cultivadas van más rápido, y otras van más lento.
  2. Cantidad de experiencia (obtenida por la práctica)
  3. Experiencia en el trato con pacientes: gente que ya ha sido terapeuta (psicólogos, terapeutas florales, médicos, etc.), suele estar en mejores condiciones para atender.
  4. Haberse tratado también con Adaba.
  5. Madurez personal (emocional, mental y psicológica)
  6. Madurez espiritual.

¿Hay un diploma o certificación al final de un curso de formación en Adaba?

Sí, al finalizar cada nivel se entrega un diploma que certifica la asistencia al curso, además de señalar el nivel de aprendizaje en el que se encuentra cada alumno.

Uno de los grandes logros del 2015 fue la publicación del libro «ADABA, Sanación Estructural del Aura», por el psicólogo y sanador Adaba, Francisco Moreno Téllez.

En el libro está la información sobre cómo opera la técnica y las bases teóricas de la misma. Es un completo manual que logra transmitir la esencia de Adaba y el trabajo que realizan con ella los sanadores.

El libro tiene un valor de $15.000.- y está disponible para la venta en nuestras oficinas: Andrés Bello 1135, oficina 21, Providencia (Metro Manuel Montt), donde puedes pagar en efectivo o cheque. También puedes depositar y te lo enviamos a la oficina Starken de tu preferencia.

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