El Dr. Edward Bach fue el creador –o descubridor- de la Terapia Floral durante la primera mitad del siglo XX. Según él, las enfermedades se ocasionan porque nuestra personalidad se desconecta del Alma, la parte profunda y sabia en nosotros. Las esencias florales, que no son otra cosa que remedios que contienen la «vibración» -como él la llama- de las flores, contribuyen reestableciendo esa conexión original. Es la energía de las flores la que sana –señala- y no sus componentes químicos o físicos.

El Dr. Bach no se limitó a hacer notar este hecho general sino que desarrolló esencias específicas para cada dolencia psicológica o emocional, creando un sistema de clasificación plenamente vigente hasta hoy en día. Ya sea para el miedo, la angustia, el cansancio o la incertidumbre, por dar ejemplos de estados psicológicos desarmónicos, existen esencias de flores que actúan equilibrando y sanando.

Millones de personas en el mundo han podido verificar los beneficios de este tipo de terapia, habiéndose desarrollado nuevos sistemas como California, Bush, Saint Germain, entre otros. Miles de libros se han escrito y –pese a la oposición de los escépticos- también muchos estudiosos y científicos actuales se inclinan a aceptar que la Terapia Floral es una herramienta invaluable para obtener mejoría y bienestar personal.

En el contexto de la Sanación Energética Adaba, la Terapia Floral ocupa un lugar preponderante. La gran mayoría de los sanadores la considera una herramienta fundamental. Ya que se trabaja directamente sobre el Campo Energético, las flores –que son vibración- se usan para ocasionar movimientos y cambios precisos, del mismo modo en que un minero usa la dinamita para ir “abriendo el terreno”, en este caso, soltando y visibilizando las estructuras energéticas que es necesario trabajar.

Adaba nos enseña que la conformación del Campo Energético de un paciente denota siempre un tipo de problemática emocional y psicológica específica. Esto puede ser tratado con esencias florales y naturalmente, las estructuras dentro del campo se alteran o modifican, y el sanador completa el trabajo a través del trabajo energético manual.

Supongamos que un paciente trae heridas o fisuras en su aura que se traducen en dolor emocional, depresión y baja autoestima. Para promover el proceso de cicatrización de esas fisuras, en este caso el sanador recurrirá a Estrella de Belén, una flor que usualmente se usa psicológicamente para superar el trauma causado por pérdidas, y que también permite rehacer tejidos, en este caso, el “tejido emocional/energético” del campo.

En otro ejemplo, si el sanador descubriera estructuras de terror –generalmente alojadas en la zona del vientre, lo usual sería administrar Rock Rose, la flor que Bach prescribió para ese tipo de cuadro. O bien Larch, si las estructuras se asocian más bien a baja autoestima.

Podemos ver entonces, que existe una diferencia grande entre un sanador Adaba que prescribe esencias florales para un paciente, y un terapeuta floral típico. Este último –por lo común- receta las flores a través de una entrevista al paciente, y cuando hace el seguimiento se basa también en el reporte de éste: cómo se ha sentido, qué cambios ha notado, etc. Como se trata de un diagnóstico a través de un método indirecto (lo que el paciente declara verbalmente), a menudo existen errores de apreciación o interpretación, pues no todos los pacientes saben exactamente qué les ocurre, o cuál es la causa de su problema psicológico.

El sanador Adaba, como trabaja directamente con el Campo Energético, es capaz de detectar de modo preciso tanto la necesidad como el efecto de una esencia floral cualquiera. Esto lo hace simplemente percibiendo las estructuras energético/emocionales, como en los ejemplos anteriores. Es cierto que no prescinde de una conversación con el paciente, pero como está «viéndole» su aura, puede evaluar por sí mismo la necesidad o atingencia de una flor.

Por último –y ésta es quizás la ventaja mayor- quienes hayan trabajado o trabajen con flores habrán notado también un problema común, que es cuando la terapia parece estancarse o va demasiado lento. Mientras algunas personas parecen mejorar rápida y contundentemente al administrarse una flor o combinado floral particular, otras parecen ser resistentes y reinciden con los síntomas a pesar del moderado efecto inicial que pudiese lograrse. Estos casos a veces no son tomados en cuenta, ya que se asume como normal que no todas las personas respondan tan bien a las esencias.

Sin embargo, frente al problema señalado, Adaba tiene una respuesta clara, y es que cualquier Terapia Floral debiera ser complementada trabajando directa y manualmente sobre el Campo Energético. Esto porque las esencias florales cumplen bien movilizando y haciendo evidentes estructuras energético/emocionales, pero se requiere un trabajo adicional para lograr retirarlas por completo.

Es como si al lavar una prenda muy sucia ocupáramos un detergente que remueve buena parte de la suciedad, pero no alcanza a eliminarla completamente. Algunas manchas están demasiado adheridas a la prenda como para salir sólo gracias al detergente y no lo consigue a menos que se trabaje manualmente, escobillando y enjuagando.

Al proceder combinadamente con Flores y Adaba aumenta la velocidad de cualquier tratamiento, y refuerza la complementariedad de ambas técnicas: lo que se avanza con una es potenciado y completado por la otra. Es a su vez una gran invitación a que muchos Terapeutas Florales se interesen en Adaba, lo que eleva inmensamente su porcentaje de éxito.